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Textil Mandiyú y una pesadilla interminable

Por El Litoral

Sabado, 16 de febrero de 2008 a las 22:00
Una imagen del presente “albo” (foto de archivo).
GUALEGUAYCHU (Enviado especial).- Juventud Unida de Gualeguaychú derrotó como local por uno a cero al equipo de Diego Cruciani por la décimo octava fecha del Argentino B.
Perdido, náufrago, rozando el caos en el abismo total, Textil Mandiyú está atrapado en un mal sueño que resulta eterno. El duro momento que atraviesa uno de los equipos más populares del NEA solo tiene como respuesta un simple encogimiento de hombros, sin más palabras.
El “albo” agoniza y no muestra signos vitales. Ante la exasperante situación alguno de sus actores no esconde ningún tipo de vergüenza y exhibe lágrimas de impotencia.
La derrota con Juventud Unida encuentra explicaciones técnicas como atenuantes extra futbolísticos que aportan a la causa.
Tan cierta la resonante frase del técnico al término del primer partido del año con Patronato (“mis jugadores no entienden conceptos básicos”) como que el mismo plantel deba padecer un viaje de 700 km (11 hs) en un micro no apto para jugadores profesionales, incidiendo directamente en el aspecto físico.
Cabe recordar que no es la primera vez. Le tocó a Roldán en el bochornoso 1-5 ante Crucero, la rueda pasada. Difícilmente un equipo pueda enfocarse en un buenos resultados si deba lidiar entre condiciones tan defectuosas.
No obstante, en el análisis íntegramente deportivo, el conjunto Textil presentó las falencias de siempre en ambas facetas: defensiva y ofensiva.
Textil Mandiyú ofreció facilidades a Juventud por ambos costados en su última línea y Fabián Bonzi se dio un deleite nocturno por sobre la izquierda, a espaldas de Matías Aspítia.
Los de Fullana asfixiaron durante los primeros minutos a Textil Mandiyú, que cayó siempre en el enredo, regalando su salida.
Desde la previa, todas las miradas en el albo estarían en el debutante extracomunitario Matías Rodríguez. Sus primeros contactos con el balón fueron bastante interesantes. Es un jugador que asume el rol protagónico pero desnuda su falta de ritmo.
Y llegó el gol de Bonzi que borró la sonrisa a los correntinos. Emparejó el partido pero no logró gravitar a la hora de definir.
En la segunda parte, parte del “fuego sagrado” o acaso vergüenza deportiva esbozó Mandiyú a lo largo del complemento. Lo encerró a Juventud Unida en su campo y en muchas ocasiones, aunque no muy claras, estuvo cerca del empate.
A partir de alli, Juventud se fue replegando cada vez más y Textil Mandiyú inevitablemente caía en un embudo. Cambios tardíos y el pitazo final, dejaron con las manos vacías a los correntinos.
Asi transcurrió una fecha más y la herida sigue abierta. Las cosas no se ordenan y las responsabilidades no son asumidas por quienes debieran. Como es habitual el hilo podría cortarse por lo más delgado: el futuro de Cruciani en juego.

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