Habita bosques, palmares, praderas arboladas. Registrado en el norte del país, preponderantemente en los departamentos del litoral del Río Uruguay y en Tacuarembó.
Su nombre deriva de una corrupción castellana por transcripción fonética de vocablos guaraníes: guyra, ave, pájaro, y táu, fantasma, duende.
Durante el día reposa en ramas o en tocones secos de árboles (nunca en el suelo), erecto, manteniéndose inmóvil, confiado en el mimetismo de su plumaje con la corteza de los árboles, lo que le lleva a pasar desapercibido. Prefiere árboles muertos o carentes de follaje, donde posa erecto, como haciendo continuación al propio tronco donde asienta. Reposa con ojos cerrados, lo que no significa que no vea! Sucede que su párpado superior posee una hendidura rasgada que le permite atisbar el entorno. Sus ojos son grandes y amarillos, muy llamativos como para mantenerlos abiertos durante el día, lo que contrastaría con su plumaje. De hecho, el urutaú puede parecer más raro de lo que realmente es, y a ello contribuyen su camuflaje perfecto y sus hábitos nocturnos.
Es insectívoro, prefiriendo las presas de mayor tamaño. Pone un único huevo, directamente sobre una depresión de un tronco o rama, sin que construya un nido.
La dificultad para verlo y, particularmente voz, le han valido la etiqueta cultural de ave misteriosa y es motivo de leyendas, cuentos y poesías en buena parte de Latinoamérica. Aún así, puede decirse que es popularmente desconocido, una rareza que debe más su conocimiento a su fama que a una experiencia directa. En algunas partes de Brasil se le conoce como “mãe-da-lua”, Madre de la Luna.
Su voz es potente y penetrante, de tono melancólico o como queja de dolor, aguda y prologada, asemejable a un alarido. Puede generar cierto parecido con una voz humana aguda y dar la impresión de ser emitida por un ave de mayor tamaño y a más distancia de la real.