En el saludo navideño Stanovnik destacó el valor de la cruz, la diversidad y las raíces
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En el saludo navideño Stanovnik destacó el valor de la cruz, la diversidad y las raíces

Como ya es tradición los grupos de laicos se acercaron hasta el arzobispado para brindar un agradecimiento especial al arzobispo, Andrés Stanovnik y a la iglesia.
 

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En las diferentes parroquias de la ciudad la familia de la iglesia católica celebró ayer la Navidad, y en este marco los grupos de laicos (de diferentes movimientos) a media mañana se acercaron hasta la sede del arzobispado para brindar el clásico saludo navideño al arzobispo de la provincia, monseñor Andrés Stanovnik. 
Tras los saludos de la feligresía, el arzobispo agradeció la participación con un discurso centrado en tres ejes fundamentales: la cruz, el reconocimiento de la diversidad y las raíces locales.
“Es maravillosa la riqueza que tiene nuestra iglesia. Gracias a Dios y en ustedes a todas las instituciones, grupos, movimientos que ayudan a animar esta vida, que nace en nosotros gracias a este misterio que culmina en la cruz”, expresó monseñor Stanovnik, señalando el pesebre que se encontraba en el centro de la sala.
Luego, haciendo referencia al festejo del nacimiento de Jesús, el obispo anunció: “La tarea que Dios fue haciendo a lo largo de la historia, la realizó con mucha paciencia hasta que llegó un momento muy importante en este misterio que es el de la encarnación. Es decir, cuando se comprometió definitivamente con nuestra condición humana, pero sin pecado. Ese misterio -de amor, de entrega, de ternura, de pequeñez, fragilidad, y tantas cosas que podríamos decir de este acontecimiento- culminó en la cruz, pasando por la oración y abriéndose en la resurrección. No hay otro camino para que tengamos una Navidad santa y feliz”.

Diversidad y raíces
El saludo de los fieles fue muy variado ya que pasaron por el micrófono creyentes convertidos hace poco que dieron su testimonio de fe, fieles que destacaron el recorrido en las marchas por las dos vidas, una mujer que brindó su mensaje en guaraní/español, y un grupo de hermanas de México y Venezuela que compartieron una canción.
Tras esa diversidad de relatos, monseñor Stanovnik destacó: “Gracias a ustedes descubrí algo que me parece extraordinario: gracias a la cruz, esa imagen que se plantó en el comienzo de la evangelización, gracias a ella nosotros existimos con diferencias maravillosas. Es decir somos muy diferentes. Tanto que no tenemos problemas en aceptar a los mexicanos, colombianos, a los africanos que caminan por calle Junín”.
“Nos están haciendo creer que somos discriminadores extremos, pero no es verdad eso”, indicó monseñor y para dar fuerza a la premisa acudió a los hechos históricos diciendo: “Cuando llegó el conquistador vino a estas tierras con violencia y espada; pero también vinieron con ellos los predicadores con la cruz. A lo largo de los siglos, la cruz venció a la espada, sino no existiríamos y acá hubiese habido sólo españoles. Esa es la verdad de la historia, no la lectura ideológica de que la cruz justificó la espada, y hoy por fin nos sacamos de encima la cruz. ¿Para qué? ¿Para quedarnos con la espada?”.
Luego de la pregunta retórica, monseñor indicó: “Todavía nos falta mucho pero tenemos que agradecer las raíces cristianas, gracias a las cuales podemos convivir con judíos, musulmanes. Esta maravillosa representación se expresa en el misterio de Dios encarnado que asumió nuestra naturaleza humana en toda su diversidad, menos en el pecado”.
Para cerrar, el arzobispo señaló: “Ese es el mensaje cristiano: la diferencia nos enriquece. Tenemos la capacidad para armonizarla, gracias a las raíces cristianas que se manifestaron en la Navidad. El amor es el que establece armonía, sólo el amor no nos hace uniformes. El poder, en cambio, desplaza y por consiguiente derrota”.
Al finalizar su mensaje, los presentes compartieron un brindis para celebrar el nacimiento de Jesús.

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En el saludo navideño Stanovnik destacó el valor de la cruz, la diversidad y las raíces

Como ya es tradición los grupos de laicos se acercaron hasta el arzobispado para brindar un agradecimiento especial al arzobispo, Andrés Stanovnik y a la iglesia.
 

En las diferentes parroquias de la ciudad la familia de la iglesia católica celebró ayer la Navidad, y en este marco los grupos de laicos (de diferentes movimientos) a media mañana se acercaron hasta la sede del arzobispado para brindar el clásico saludo navideño al arzobispo de la provincia, monseñor Andrés Stanovnik. 
Tras los saludos de la feligresía, el arzobispo agradeció la participación con un discurso centrado en tres ejes fundamentales: la cruz, el reconocimiento de la diversidad y las raíces locales.
“Es maravillosa la riqueza que tiene nuestra iglesia. Gracias a Dios y en ustedes a todas las instituciones, grupos, movimientos que ayudan a animar esta vida, que nace en nosotros gracias a este misterio que culmina en la cruz”, expresó monseñor Stanovnik, señalando el pesebre que se encontraba en el centro de la sala.
Luego, haciendo referencia al festejo del nacimiento de Jesús, el obispo anunció: “La tarea que Dios fue haciendo a lo largo de la historia, la realizó con mucha paciencia hasta que llegó un momento muy importante en este misterio que es el de la encarnación. Es decir, cuando se comprometió definitivamente con nuestra condición humana, pero sin pecado. Ese misterio -de amor, de entrega, de ternura, de pequeñez, fragilidad, y tantas cosas que podríamos decir de este acontecimiento- culminó en la cruz, pasando por la oración y abriéndose en la resurrección. No hay otro camino para que tengamos una Navidad santa y feliz”.

Diversidad y raíces
El saludo de los fieles fue muy variado ya que pasaron por el micrófono creyentes convertidos hace poco que dieron su testimonio de fe, fieles que destacaron el recorrido en las marchas por las dos vidas, una mujer que brindó su mensaje en guaraní/español, y un grupo de hermanas de México y Venezuela que compartieron una canción.
Tras esa diversidad de relatos, monseñor Stanovnik destacó: “Gracias a ustedes descubrí algo que me parece extraordinario: gracias a la cruz, esa imagen que se plantó en el comienzo de la evangelización, gracias a ella nosotros existimos con diferencias maravillosas. Es decir somos muy diferentes. Tanto que no tenemos problemas en aceptar a los mexicanos, colombianos, a los africanos que caminan por calle Junín”.
“Nos están haciendo creer que somos discriminadores extremos, pero no es verdad eso”, indicó monseñor y para dar fuerza a la premisa acudió a los hechos históricos diciendo: “Cuando llegó el conquistador vino a estas tierras con violencia y espada; pero también vinieron con ellos los predicadores con la cruz. A lo largo de los siglos, la cruz venció a la espada, sino no existiríamos y acá hubiese habido sólo españoles. Esa es la verdad de la historia, no la lectura ideológica de que la cruz justificó la espada, y hoy por fin nos sacamos de encima la cruz. ¿Para qué? ¿Para quedarnos con la espada?”.
Luego de la pregunta retórica, monseñor indicó: “Todavía nos falta mucho pero tenemos que agradecer las raíces cristianas, gracias a las cuales podemos convivir con judíos, musulmanes. Esta maravillosa representación se expresa en el misterio de Dios encarnado que asumió nuestra naturaleza humana en toda su diversidad, menos en el pecado”.
Para cerrar, el arzobispo señaló: “Ese es el mensaje cristiano: la diferencia nos enriquece. Tenemos la capacidad para armonizarla, gracias a las raíces cristianas que se manifestaron en la Navidad. El amor es el que establece armonía, sólo el amor no nos hace uniformes. El poder, en cambio, desplaza y por consiguiente derrota”.
Al finalizar su mensaje, los presentes compartieron un brindis para celebrar el nacimiento de Jesús.