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Enfermeras

Por José Ceschi

 ¡Buen día! Saludo especialmente a las enfermeras, esta mañana. Muchas de ellas han pasado la noche velando el sueño o el dolor de sus enfermos. A todos les entrego esta Oración de la Enfermera que pertenece a Teresita Romero de Burgos:
“Señor, tú que me llamaste a seguir el ejemplo del Buen Samaritano, ayúdame a encontrarte a ti en cada uno de mis hermanos que sufren y necesitan de mis cuidados. Pon en mis frágiles manos la fuerza maravillosa del amor que cura todas las heridas y suaviza todos los dolores.
Haz que yo sienta el dolor ajeno en mi propia carne para que pueda curar y consolar con la misma solicitud a mi hermano pobre como a mi hermano rico, a mi hermano niño o joven como mi hermano anciano. Haz, Señor, que no me detenga a examinar formas o colores de rostros, que no me preocupe por conocer el grado de cultura o la posición social de mis enfermos, y solamente sienta esa tremenda necesidad de ser útil que embellece el alma y ennoblece el corazón. Haz que yo sea la misma en un lujoso sanatorio como en la más pobre sala de primeros auxilios o en el más modesto hospital de pueblo o de campaña. Que mis manos curen las heridas del cuerpo y mis palabras sean el bálsamo que suaviza las heridas del alma. Que yo trate con dulzura a mis enfermos, que no me lastimen sus quejas o sus impaciencias y que en mi sonrisa de todos los días puedan hallar ese relámpago de fe y esperanza que tanto necesitan. Y si me llamaras a servir en el campo de batalla, recuérdame a cada instante que tú estás en cada uno de mis compatriotas como en cada uno de mis enemigos, para que sea el ángel blanco de la paz y de la vida en medio de las tinieblas de la guerra y de la muerte. Muchas veces me sentiré sola, débil o triste, pero tú estarás allí, mostrándome desde tu cruz esas llagas y esas heridas que reclaman alivio en la carne de mis hermanos. No dejes de recordarme, Señor, que caeré muchas veces y me levantaré otras tantas con tu ayuda, como tú caíste y te levantaste tres veces por amor a la humanidad en la senda dolorosa del calvario”.
¡Hasta mañana!

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Enfermeras

Por José Ceschi

 ¡Buen día! Saludo especialmente a las enfermeras, esta mañana. Muchas de ellas han pasado la noche velando el sueño o el dolor de sus enfermos. A todos les entrego esta Oración de la Enfermera que pertenece a Teresita Romero de Burgos:
“Señor, tú que me llamaste a seguir el ejemplo del Buen Samaritano, ayúdame a encontrarte a ti en cada uno de mis hermanos que sufren y necesitan de mis cuidados. Pon en mis frágiles manos la fuerza maravillosa del amor que cura todas las heridas y suaviza todos los dolores.
Haz que yo sienta el dolor ajeno en mi propia carne para que pueda curar y consolar con la misma solicitud a mi hermano pobre como a mi hermano rico, a mi hermano niño o joven como mi hermano anciano. Haz, Señor, que no me detenga a examinar formas o colores de rostros, que no me preocupe por conocer el grado de cultura o la posición social de mis enfermos, y solamente sienta esa tremenda necesidad de ser útil que embellece el alma y ennoblece el corazón. Haz que yo sea la misma en un lujoso sanatorio como en la más pobre sala de primeros auxilios o en el más modesto hospital de pueblo o de campaña. Que mis manos curen las heridas del cuerpo y mis palabras sean el bálsamo que suaviza las heridas del alma. Que yo trate con dulzura a mis enfermos, que no me lastimen sus quejas o sus impaciencias y que en mi sonrisa de todos los días puedan hallar ese relámpago de fe y esperanza que tanto necesitan. Y si me llamaras a servir en el campo de batalla, recuérdame a cada instante que tú estás en cada uno de mis compatriotas como en cada uno de mis enemigos, para que sea el ángel blanco de la paz y de la vida en medio de las tinieblas de la guerra y de la muerte. Muchas veces me sentiré sola, débil o triste, pero tú estarás allí, mostrándome desde tu cruz esas llagas y esas heridas que reclaman alivio en la carne de mis hermanos. No dejes de recordarme, Señor, que caeré muchas veces y me levantaré otras tantas con tu ayuda, como tú caíste y te levantaste tres veces por amor a la humanidad en la senda dolorosa del calvario”.
¡Hasta mañana!