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Educar para convivir mejor

Nadie aspira a vivir en un chiquero, sin embargo no siempre se actúa con la prolijidad que se debe, ni con el espíritu servicial de recoger aquello que nos molesta, aunque no lo hayamos tirado nosotros, aún en el caso que no sea funcionalmente nuestra responsabilidad, porque nada cuesta levantar y desechar  “eso”, en los lugares previstos para hacerlo.
 

Por Leticia Oraisón de Turpín
Orientadora Familiar.

Continuamente insistimos en el poder mejorador de la educación, mejorador de la persona, sublimador del ser humano, porque a más educación, más respeto, consideración y servicio a los demás.
Persistir en la calidad de los valores humanos que deben conocerse y manifestarse plenamente en cada momento y en cada acción, no deja de ser necesario e indispensable en la búsqueda del bien común.
El educador es reiterativo, repite y repite en su afán de fijar conocimientos (por él considerados elementales) en los educandos.
Así se machaca en la necesidad primaria de saludar, dar las gracias, pedir permiso y perdón, como reglas básicas del respeto que se debe a los demás.
Y es en las casas, en los hogares, donde los padres ejercen ésta obligación de enseñar reglas básicas de conductas que terminarán distinguiendo a cada uno según su entorno de procedencia.
Pero así como se enseñan ciertas reglas sociales en el trato con los demás, debemos acostumbrar a repetir constantemente ciertas acciones y procederes en el comportamiento ciudadano y comunitario, como por ejemplo: no tirar desechos a la calle, envases descartables, bolsitas, cartones, botellas de plástico o vidrio y latas, después de consumirlos.
Ser solidarios comprende también cuidar el medio ambiente, la calle, la ciudad, la casa grande de todos, y donde todos queremos vivir sana y limpiamente.
Nadie aspira a vivir en un chiquero, sin embargo, no siempre se actúa con la prolijidad que se debe, ni con el espíritu servicial de recoger aquello que nos molesta, aunque no lo hayamos tirado nosotros, aún en el caso que no sea funcionalmente nuestra responsabilidad, porque nada cuesta levantar y desechar  “eso”, en los lugares previstos para hacerlo.
Cuántas veces habremos visto (los días de lluvia) cómo se acumula basura en las bocas de tormentas (desagües pluviales en las esquinas) y pudiendo acercar una bolsita para recoger, pasamos de largo o miramos impávidamente cómo se escurren a los “pluvioductos”  todos los descartables  tirados por desaprensión de sus consumidores.
También seguimos mezclando los residuos, los reciclables con los orgánicos en el descarte domiciliario, cuando con facilidad podríamos separarlos para su reutilización y merma en la cantidad de basura acumulable.
Y aquí es responsabilidad directa del Municipio implementar urgentemente esta medida, al menos en el perímetro considerado Casco Urbano (núcleo encerrado por las cuatro avenidas: Costanera, 3 de Abril, Artigas y Poncho Verde) que debiera haberse implementado hace mucho tiempo, ya que no cuesta, ni es difícil de realizar.
Debemos conectarnos, ponernos las pilas (como dicen ahora) y reclamar lo que nos puede beneficiar a todos. La Municipalidad que vemos hace esfuerzos por limpiar la ciudad, debiera atender este pedido comunitario, que hace más de veinte o treinta años se realiza con éxito en otras ciudades del país.
Tan sencillo, tan básico y elemental, separar los desechos orgánicos de los descartables y reciclables para mejorar la vida de todos, recuperando lo que se puede reutilizar y no taparnos de basura.
Basta de repetir la necesidad del cuidado ambiente con palabras vacías (todos lo hacemos) y no realizar acciones tan sencillas y fáciles de implementar, para ir poco a poco mejorando la vida de la comunidad.
Mancomunemos esfuerzos, ciudadanos y Comuna, y empecemos por el comienzo y no por el final, con grandes proyectos como el Plan Costero cuando lo elemental y urgente todavía no fue resuelto.

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Educar para convivir mejor

Nadie aspira a vivir en un chiquero, sin embargo no siempre se actúa con la prolijidad que se debe, ni con el espíritu servicial de recoger aquello que nos molesta, aunque no lo hayamos tirado nosotros, aún en el caso que no sea funcionalmente nuestra responsabilidad, porque nada cuesta levantar y desechar  “eso”, en los lugares previstos para hacerlo.
 

Por Leticia Oraisón de Turpín
Orientadora Familiar.

Continuamente insistimos en el poder mejorador de la educación, mejorador de la persona, sublimador del ser humano, porque a más educación, más respeto, consideración y servicio a los demás.
Persistir en la calidad de los valores humanos que deben conocerse y manifestarse plenamente en cada momento y en cada acción, no deja de ser necesario e indispensable en la búsqueda del bien común.
El educador es reiterativo, repite y repite en su afán de fijar conocimientos (por él considerados elementales) en los educandos.
Así se machaca en la necesidad primaria de saludar, dar las gracias, pedir permiso y perdón, como reglas básicas del respeto que se debe a los demás.
Y es en las casas, en los hogares, donde los padres ejercen ésta obligación de enseñar reglas básicas de conductas que terminarán distinguiendo a cada uno según su entorno de procedencia.
Pero así como se enseñan ciertas reglas sociales en el trato con los demás, debemos acostumbrar a repetir constantemente ciertas acciones y procederes en el comportamiento ciudadano y comunitario, como por ejemplo: no tirar desechos a la calle, envases descartables, bolsitas, cartones, botellas de plástico o vidrio y latas, después de consumirlos.
Ser solidarios comprende también cuidar el medio ambiente, la calle, la ciudad, la casa grande de todos, y donde todos queremos vivir sana y limpiamente.
Nadie aspira a vivir en un chiquero, sin embargo, no siempre se actúa con la prolijidad que se debe, ni con el espíritu servicial de recoger aquello que nos molesta, aunque no lo hayamos tirado nosotros, aún en el caso que no sea funcionalmente nuestra responsabilidad, porque nada cuesta levantar y desechar  “eso”, en los lugares previstos para hacerlo.
Cuántas veces habremos visto (los días de lluvia) cómo se acumula basura en las bocas de tormentas (desagües pluviales en las esquinas) y pudiendo acercar una bolsita para recoger, pasamos de largo o miramos impávidamente cómo se escurren a los “pluvioductos”  todos los descartables  tirados por desaprensión de sus consumidores.
También seguimos mezclando los residuos, los reciclables con los orgánicos en el descarte domiciliario, cuando con facilidad podríamos separarlos para su reutilización y merma en la cantidad de basura acumulable.
Y aquí es responsabilidad directa del Municipio implementar urgentemente esta medida, al menos en el perímetro considerado Casco Urbano (núcleo encerrado por las cuatro avenidas: Costanera, 3 de Abril, Artigas y Poncho Verde) que debiera haberse implementado hace mucho tiempo, ya que no cuesta, ni es difícil de realizar.
Debemos conectarnos, ponernos las pilas (como dicen ahora) y reclamar lo que nos puede beneficiar a todos. La Municipalidad que vemos hace esfuerzos por limpiar la ciudad, debiera atender este pedido comunitario, que hace más de veinte o treinta años se realiza con éxito en otras ciudades del país.
Tan sencillo, tan básico y elemental, separar los desechos orgánicos de los descartables y reciclables para mejorar la vida de todos, recuperando lo que se puede reutilizar y no taparnos de basura.
Basta de repetir la necesidad del cuidado ambiente con palabras vacías (todos lo hacemos) y no realizar acciones tan sencillas y fáciles de implementar, para ir poco a poco mejorando la vida de la comunidad.
Mancomunemos esfuerzos, ciudadanos y Comuna, y empecemos por el comienzo y no por el final, con grandes proyectos como el Plan Costero cuando lo elemental y urgente todavía no fue resuelto.