Espinero de rojo litoral
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Espinero de rojo litoral

Su tamaño es pequeño, apenas alcanza los 20 centímetros. 
Sin embargo, construye grandes nidos y se vuelve cantor cuando anda acompañado. Aquí lo hallamos en cuadro del artista nacido en Corrientes, Rodolfo Schenone.

Paulo Ferreyra Paulo Ferreyra

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Por Paulo Ferreyra
Colaboración: Abel Fleitas  
y Alejandra Aurora Fabiani Hardy
Especial para El Litoral

Hurgar en lo profundo del ser no es un acto gratuito, sino doloroso, comprometedor y trascendente. Pero que de cualquier manera me ubica existencialmente en el mundo”, expresa el artista nacido en Corrientes y radicado en la provincia del Chaco, Rodolfo Schenone. En esta ocasión abordamos su obra “Sombrillita de Ambay”, de 2003. Es un óleo sobre tela, de 100 centímetros por 120. La misma pertenece a la colección del Museo Provincial de Bellas Artes “Juan Ramón Vidal”. En la pintura además de las palomas blancas que sobresalen en este cuadro observamos en una rama otra ave. 
El Espinero Grande, Phacellodomus ruber, es un ave que habita en bosques añejos y ribereños, como también en matorrales de áreas tropicales y subtropicales. En nuestro país lo podemos encontrar en gran parte de la Mesopotamia, la región Chaqueña, Santa Fe y extremo Norte de Buenos Aires, bordeando el Paraná. 
Se refugia entre las ramas y hojas de los árboles. Es difícil de observar. Se alimenta de insectos, pequeños moluscos y renacuajos que captura en el estrato bajo, cerca del suelo. Construye su nido con palitos, de forma globular, suspendido del extremo de las ramas de los árboles, posee una entrada en forma de túnel curvo que finaliza en una cámara que luego es tapizada con materiales blandos tales como fibras vegetales, plumas, pastos y en ocasiones pedazos de polietileno y tela. Puede demorar en la construcción de su nido alrededor de 15 días. La hembra pone cuatro huevos ovoidales de color blanco.  
Rodolfo Schenone nació en Corrientes en 1936 y se radicó en el Chaco donde desarrolló toda su obra. “Nací en Corrientes Capital, en casa de mi abuela materna, por calle San Luis. Era costumbre en esa época, en las familias correntinas, que el primogénito naciera en casa de sus abuelos maternos. Mis padres vivían en un pueblo chaqueño llamado Cote Lai. Después fui a vivir a Antequera, frente a Corrientes, donde mis abuelos maternos cultivaban una quinta con producción de naranjas. Además, sembraban batatas, mandiocas, en menor medida mandarinas, limas, pomelos, limones, bananas y algo de uva”, cuenta el mismo Rodolfo en su libro Memorias de un pintor, editado por una editorial chaqueña hace exactamente un año, en abril del 2018. 
De 1965 a 1999 fue profesor en el Taller de Artes Visuales de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne). Dictó clases y conferencias en el Chaco, y en todas las otras provincias del Nordeste y Litoral, e integró Jurados en concursos del Nordeste, Litoral y Cuyo. Entre 1964 y 1999 realizó 95 exposiciones individuales y 130 colectivas en: el Chaco, Corrientes, Formosa, Posadas, Rosario, Mar del Plata, Buenos Aires, Santa Fe, Mendoza, Tucumán, Jujuy, Córdoba, Paraná, Salta y San Juan. También en EE.UU. y Suiza. Además, durante estos años de trayectoria ha sido distinguido con 21 premios regionales y nacionales. 
Volviendo al Espinero cabe mencionar que mide 20 centímetros de largo. Es conocido también por los nombres de tío-tío, añambí o espinero rojo. Posee color marrón en las partes superiores, con la corona, las alas y la cola más rojizas; el lorum (que es la zona comprendida entre los ojos y las fosas nasales) es clara, sin ceja o puede ser muy tenue. Sus ojos amarillos vivos son llamativos. Por abajo es blanco sucio, con el pecho a veces escamado. Generalmente anda en pareja, recorre la vegetación densa y es difícil de avistar. Canta con frecuencia en lugares más abiertos. A veces construye uno o más nidos sobre el anterior, acabando por romper la rama que lo sostenía, debido a la acumulación excesiva de material. El canto, dado en dúo por la pareja, es una serie de notas que comienzan fuertes y aceleradas, terminando más suaves y descendientes. 
En el Museo de Bellas Artes de Corrientes Schenone expuso en varias ocasiones. En una de ellas exhibió cuadros bajo el título de “Paisaje interior de mi gente”. Sobre él en esta última semana ha escrito la licenciada Alejandra Aurora Fabiani Hardy, “Rodolfo Schenone captura la esencia del vivir chaqueño. Como él mismo lo expresó: “Yo pinto la vida y el sentir de mi gente”. Al mismo tiempo se percibe en su obra un relato visual que une los colores y el aroma de americana. La realidad mágica que presenta en su obra nos llena los sentidos de sustancias propias de nuestro entorno. A través de sus cuadros nos abrimos a la sorpresa, la originalidad y la picardía con que él organiza los espacios y sus personajes. Rodolfo es uno de los artistas de mayor trayectoria de la provincia del Chaco y formador de generaciones de artistas. Sin lugar a dudas se ha constituido en un referente ineludible de las artes visuales”, subraya Alejandra. 
Hay cientos de artistas de Corrientes y Chaco que alzan su voz en loas hacia la producción de Schenone. Entre ellas rescatamos las palabras de María Luisa Acuña, quien en el año 1985 escribió el libro Rodolfo Schenone – Vida y Arte. En sus textos resignifica la vida del artista, “cuando tenía dos años fue confiado a sus abuelos maternos por su madre, embarazada del segundo hijo. La residencia de Juan Bautista Delcett y Honoria estaba en la Isla de Antequera, bañada por las aguas del Paraná. Allí transcurrió la primera infancia del artista, bajo el amoroso cuidado de sus abuelos, frente al paisaje de la costa. En ese lugar donde los amaneceres son de transparencias luminosas, los mediodías bruñen de plata las aguas del río, los crepúsculos son de demoradas púrpuras, todo ello llenó de luz los ojos del niño, una luz esplendorosa que su memoria atesoró para volcarla en sus cuadros”.  
“En las noches cálidas despertaba en su pequeño lecho oyendo los gritos guturales de los monos carayás en la otra orilla del río, en medio del monte. Así ya no conciliaba el sueño presintiendo su presencia misteriosa como una región fascinante. Allí empezó a descubrir el mundo en las pequeñas presencias de los pájaros de plumaje colorido, las lagartijas de pequeños ojos brillantes, los peces que pescaba el ‘nono’. Todo era objeto de su curiosidad y todas eran imágenes que su alma atesoraba calladamente”, resalta María Luisa Acuña.  
En muchas obras de Rodolfo aparecen las aves, de su libro encontramos cuadros bajo los títulos de “vendedora de gallinas”, “alma del río hacia el sol”, “El patio”, “génesis de la tierra”, “la casita que quería volar”, “Cuando los pájaros callan”, “el río canta tragedias y esperanzas”, “torrecita de los pájaros”, “mitopájaros”, “la calandria”, entre tantas otras. En su gran mayoría los cuadros están atravesados por las alas de un ave. “Cada exposición que ofrece Rodolfo constituye una verdadera celebración plástica, un auténtico acontecimiento artístico que trasciende la región. Sus obras concitan la misma admiración desde su primera muestra en 1964”, escribió sobre Rodolfo Marcelo Daniel Fernández.  
En la punta de una rama, en este cuadro de Rodolfo Schenone encontramos y vimos al Espinero Grande en solitario. Se halla ahí con sus patas acariciando la rama y con la mirada atenta, imperceptible desde cierta distancia. Las aves y el color rojo son una constante en las obras de Rodolfo. El litoral aquí atrapado por un instante entre la pintura y el arte fotográfico. Al Espinero varias biografías lo citan solitario, sin embargo, se vuelve cantor junto con otra ave, es un cantor a dúo.

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Espinero de rojo litoral

Su tamaño es pequeño, apenas alcanza los 20 centímetros. 
Sin embargo, construye grandes nidos y se vuelve cantor cuando anda acompañado. Aquí lo hallamos en cuadro del artista nacido en Corrientes, Rodolfo Schenone.

Por Paulo Ferreyra
Colaboración: Abel Fleitas  
y Alejandra Aurora Fabiani Hardy
Especial para El Litoral

Hurgar en lo profundo del ser no es un acto gratuito, sino doloroso, comprometedor y trascendente. Pero que de cualquier manera me ubica existencialmente en el mundo”, expresa el artista nacido en Corrientes y radicado en la provincia del Chaco, Rodolfo Schenone. En esta ocasión abordamos su obra “Sombrillita de Ambay”, de 2003. Es un óleo sobre tela, de 100 centímetros por 120. La misma pertenece a la colección del Museo Provincial de Bellas Artes “Juan Ramón Vidal”. En la pintura además de las palomas blancas que sobresalen en este cuadro observamos en una rama otra ave. 
El Espinero Grande, Phacellodomus ruber, es un ave que habita en bosques añejos y ribereños, como también en matorrales de áreas tropicales y subtropicales. En nuestro país lo podemos encontrar en gran parte de la Mesopotamia, la región Chaqueña, Santa Fe y extremo Norte de Buenos Aires, bordeando el Paraná. 
Se refugia entre las ramas y hojas de los árboles. Es difícil de observar. Se alimenta de insectos, pequeños moluscos y renacuajos que captura en el estrato bajo, cerca del suelo. Construye su nido con palitos, de forma globular, suspendido del extremo de las ramas de los árboles, posee una entrada en forma de túnel curvo que finaliza en una cámara que luego es tapizada con materiales blandos tales como fibras vegetales, plumas, pastos y en ocasiones pedazos de polietileno y tela. Puede demorar en la construcción de su nido alrededor de 15 días. La hembra pone cuatro huevos ovoidales de color blanco.  
Rodolfo Schenone nació en Corrientes en 1936 y se radicó en el Chaco donde desarrolló toda su obra. “Nací en Corrientes Capital, en casa de mi abuela materna, por calle San Luis. Era costumbre en esa época, en las familias correntinas, que el primogénito naciera en casa de sus abuelos maternos. Mis padres vivían en un pueblo chaqueño llamado Cote Lai. Después fui a vivir a Antequera, frente a Corrientes, donde mis abuelos maternos cultivaban una quinta con producción de naranjas. Además, sembraban batatas, mandiocas, en menor medida mandarinas, limas, pomelos, limones, bananas y algo de uva”, cuenta el mismo Rodolfo en su libro Memorias de un pintor, editado por una editorial chaqueña hace exactamente un año, en abril del 2018. 
De 1965 a 1999 fue profesor en el Taller de Artes Visuales de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne). Dictó clases y conferencias en el Chaco, y en todas las otras provincias del Nordeste y Litoral, e integró Jurados en concursos del Nordeste, Litoral y Cuyo. Entre 1964 y 1999 realizó 95 exposiciones individuales y 130 colectivas en: el Chaco, Corrientes, Formosa, Posadas, Rosario, Mar del Plata, Buenos Aires, Santa Fe, Mendoza, Tucumán, Jujuy, Córdoba, Paraná, Salta y San Juan. También en EE.UU. y Suiza. Además, durante estos años de trayectoria ha sido distinguido con 21 premios regionales y nacionales. 
Volviendo al Espinero cabe mencionar que mide 20 centímetros de largo. Es conocido también por los nombres de tío-tío, añambí o espinero rojo. Posee color marrón en las partes superiores, con la corona, las alas y la cola más rojizas; el lorum (que es la zona comprendida entre los ojos y las fosas nasales) es clara, sin ceja o puede ser muy tenue. Sus ojos amarillos vivos son llamativos. Por abajo es blanco sucio, con el pecho a veces escamado. Generalmente anda en pareja, recorre la vegetación densa y es difícil de avistar. Canta con frecuencia en lugares más abiertos. A veces construye uno o más nidos sobre el anterior, acabando por romper la rama que lo sostenía, debido a la acumulación excesiva de material. El canto, dado en dúo por la pareja, es una serie de notas que comienzan fuertes y aceleradas, terminando más suaves y descendientes. 
En el Museo de Bellas Artes de Corrientes Schenone expuso en varias ocasiones. En una de ellas exhibió cuadros bajo el título de “Paisaje interior de mi gente”. Sobre él en esta última semana ha escrito la licenciada Alejandra Aurora Fabiani Hardy, “Rodolfo Schenone captura la esencia del vivir chaqueño. Como él mismo lo expresó: “Yo pinto la vida y el sentir de mi gente”. Al mismo tiempo se percibe en su obra un relato visual que une los colores y el aroma de americana. La realidad mágica que presenta en su obra nos llena los sentidos de sustancias propias de nuestro entorno. A través de sus cuadros nos abrimos a la sorpresa, la originalidad y la picardía con que él organiza los espacios y sus personajes. Rodolfo es uno de los artistas de mayor trayectoria de la provincia del Chaco y formador de generaciones de artistas. Sin lugar a dudas se ha constituido en un referente ineludible de las artes visuales”, subraya Alejandra. 
Hay cientos de artistas de Corrientes y Chaco que alzan su voz en loas hacia la producción de Schenone. Entre ellas rescatamos las palabras de María Luisa Acuña, quien en el año 1985 escribió el libro Rodolfo Schenone – Vida y Arte. En sus textos resignifica la vida del artista, “cuando tenía dos años fue confiado a sus abuelos maternos por su madre, embarazada del segundo hijo. La residencia de Juan Bautista Delcett y Honoria estaba en la Isla de Antequera, bañada por las aguas del Paraná. Allí transcurrió la primera infancia del artista, bajo el amoroso cuidado de sus abuelos, frente al paisaje de la costa. En ese lugar donde los amaneceres son de transparencias luminosas, los mediodías bruñen de plata las aguas del río, los crepúsculos son de demoradas púrpuras, todo ello llenó de luz los ojos del niño, una luz esplendorosa que su memoria atesoró para volcarla en sus cuadros”.  
“En las noches cálidas despertaba en su pequeño lecho oyendo los gritos guturales de los monos carayás en la otra orilla del río, en medio del monte. Así ya no conciliaba el sueño presintiendo su presencia misteriosa como una región fascinante. Allí empezó a descubrir el mundo en las pequeñas presencias de los pájaros de plumaje colorido, las lagartijas de pequeños ojos brillantes, los peces que pescaba el ‘nono’. Todo era objeto de su curiosidad y todas eran imágenes que su alma atesoraba calladamente”, resalta María Luisa Acuña.  
En muchas obras de Rodolfo aparecen las aves, de su libro encontramos cuadros bajo los títulos de “vendedora de gallinas”, “alma del río hacia el sol”, “El patio”, “génesis de la tierra”, “la casita que quería volar”, “Cuando los pájaros callan”, “el río canta tragedias y esperanzas”, “torrecita de los pájaros”, “mitopájaros”, “la calandria”, entre tantas otras. En su gran mayoría los cuadros están atravesados por las alas de un ave. “Cada exposición que ofrece Rodolfo constituye una verdadera celebración plástica, un auténtico acontecimiento artístico que trasciende la región. Sus obras concitan la misma admiración desde su primera muestra en 1964”, escribió sobre Rodolfo Marcelo Daniel Fernández.  
En la punta de una rama, en este cuadro de Rodolfo Schenone encontramos y vimos al Espinero Grande en solitario. Se halla ahí con sus patas acariciando la rama y con la mirada atenta, imperceptible desde cierta distancia. Las aves y el color rojo son una constante en las obras de Rodolfo. El litoral aquí atrapado por un instante entre la pintura y el arte fotográfico. Al Espinero varias biografías lo citan solitario, sin embargo, se vuelve cantor junto con otra ave, es un cantor a dúo.