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Mauricio Macri y la masiva manifestación

Mauricio querido, el pueblo está contigo”, repitieron el sábado desde la Plaza 25 de Mayo, mientras Macri respondía a viva voz, sin micrófono: “Vamos”.
La multitudinaria manifestación que sorprendió ayer al presidente Mauricio Macri y a los enviados del Fondo Monetario Internacional, le debiera servir al macrismo para quitarse el aura perdedora con el que se lo ve desde el 11 de agosto.
Todo parece indicar que el Gobierno recogió el guante y al unánime son del “sí, se puede” de los manifestantes sabatinos, envió mensajes optimistas a sus propios militantes, es decir los integrantes del mismo Gobierno.
“Ahora empieza la campaña verdadera, vamos que lo damos vuelta”, le envío Macri a sus amigos funcionarios.
Lo malo de la manifestación de ayer son los tiempos. Se concretó a más de 60 días para las elecciones del 27 de octubre (un plazo en el que la euforia puede extinguirse), pero lo positivo es que le servirá al macrismo para despabilarse un poco, ya que parecía abatido.
El propio gurú presidencial, Jaime Durán Barba, escribió una columna en el diario Perfil en la que defendía la vigencia de las encuestas, esas mismas que le señalaban un virtual empate o al menos una derrota por menos de cinco puntos. No hizo autocrítica.
El Gobierno basa sus esperanzas electorales en una fórmula matemática que parece implacable, como lo parecían las encuestas.
Confían en Balcarce 50, lograr que el 27 de octubre voten 2 millones de electores más, para que Alberto Fernández no logre perforar los 45 puntos y que la diferencia no supere los 10. Claro que esos 2 millones deben todos votar por Macri-Pichetto.
Todo sigue atado a los vaivenes de la economía inflacionaria que castiga al país desde hace varios años, antes de que asumiera Macri, inclusive.
Los macristas deberán además guardar las formas y evitar algún desplante de Elisa Carrió, que ya salió a cruzar a varios, aún sin mayores consecuencias.
Cuenta además el Gobierno con una ayuda adicional: los propios kirchneristas.
Felipe Solá salió a pedir el regreso de la Junta Nacional de Granos, para regular los precios en el agro. La respuesta fue casi inmediata.
Los productores salieron a manifestarse a la vera de varias rutas del país. La situación volvió a instalar el miedo de un regreso furibundo de los K contra el campo.
Tal vez esto no mueva el amperímetro electoral, pero situaciones similares, que podrían repetirse en estos 60 días, pueden terminar alimentando el temor de una sociedad, que ya parece harta de la grieta.
Un dato no menor es que en la manifestación del sábado, los manifestantes PRO eran en su mayoría ciudadanos de 45 años y mayores, que pedían a gritos que no regrese Cristina. Nadie se acordó de Alberto, pero sí de Fernández.
La trascendencia de la multitudinaria marcha en apoyo a Macri tuvo repercusiones mundiales y puede que hoy impacte en los mercados.
Los militantes del PRO no están muy acostumbrados a ese tipo de afecto ciudadano y más aún de tal magnitud.
Ya hubo quienes compararon al presidente Macri con Perón, al menos por un día. Sólo se trata de kilómetros de tinta que vigorizan el folclore político argentino, que desde hace años viene de tensión en tensión. Metáforas sin peso que caducan al ardor de un repunte inflacionario.
Dijo el Gobierno que ahora empezaba la campaña de verdad. La de los puntos. Nada más cierto, pero tampoco nada menos creíble, ya que la campaña empezó hace mucho tiempo y ahora sólo resta el tiempo de descuento.
Esperemos que los cálculos matemáticos que hace el Gobierno no sólo sean eso, pura aritmética. Ya que, de ser así, el resultado ya es conocido.
También para las Paso del 11 de agosto se basaron en cálculos matemáticos: que perdían por sólo tres o cuatro puntos, que empataban y el cachetazo electoral casi apura el fin del macrismo.
Deberá el Gobierno no olvidarse de la política, esa herramienta que hace cualquier cosa posible. De la cual reniega y defenestra, pero de la que requiere para poder continuar con el proyecto que engendró en 2015 y que quiere continuar.
Sus 33 por ciento de electores volverán a vitorear cuando sean necesario: “Mauricio, querido, el pueblo está contigo”. ¿Realmente lo está?

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Mauricio Macri y la masiva manifestación

Mauricio querido, el pueblo está contigo”, repitieron el sábado desde la Plaza 25 de Mayo, mientras Macri respondía a viva voz, sin micrófono: “Vamos”.
La multitudinaria manifestación que sorprendió ayer al presidente Mauricio Macri y a los enviados del Fondo Monetario Internacional, le debiera servir al macrismo para quitarse el aura perdedora con el que se lo ve desde el 11 de agosto.
Todo parece indicar que el Gobierno recogió el guante y al unánime son del “sí, se puede” de los manifestantes sabatinos, envió mensajes optimistas a sus propios militantes, es decir los integrantes del mismo Gobierno.
“Ahora empieza la campaña verdadera, vamos que lo damos vuelta”, le envío Macri a sus amigos funcionarios.
Lo malo de la manifestación de ayer son los tiempos. Se concretó a más de 60 días para las elecciones del 27 de octubre (un plazo en el que la euforia puede extinguirse), pero lo positivo es que le servirá al macrismo para despabilarse un poco, ya que parecía abatido.
El propio gurú presidencial, Jaime Durán Barba, escribió una columna en el diario Perfil en la que defendía la vigencia de las encuestas, esas mismas que le señalaban un virtual empate o al menos una derrota por menos de cinco puntos. No hizo autocrítica.
El Gobierno basa sus esperanzas electorales en una fórmula matemática que parece implacable, como lo parecían las encuestas.
Confían en Balcarce 50, lograr que el 27 de octubre voten 2 millones de electores más, para que Alberto Fernández no logre perforar los 45 puntos y que la diferencia no supere los 10. Claro que esos 2 millones deben todos votar por Macri-Pichetto.
Todo sigue atado a los vaivenes de la economía inflacionaria que castiga al país desde hace varios años, antes de que asumiera Macri, inclusive.
Los macristas deberán además guardar las formas y evitar algún desplante de Elisa Carrió, que ya salió a cruzar a varios, aún sin mayores consecuencias.
Cuenta además el Gobierno con una ayuda adicional: los propios kirchneristas.
Felipe Solá salió a pedir el regreso de la Junta Nacional de Granos, para regular los precios en el agro. La respuesta fue casi inmediata.
Los productores salieron a manifestarse a la vera de varias rutas del país. La situación volvió a instalar el miedo de un regreso furibundo de los K contra el campo.
Tal vez esto no mueva el amperímetro electoral, pero situaciones similares, que podrían repetirse en estos 60 días, pueden terminar alimentando el temor de una sociedad, que ya parece harta de la grieta.
Un dato no menor es que en la manifestación del sábado, los manifestantes PRO eran en su mayoría ciudadanos de 45 años y mayores, que pedían a gritos que no regrese Cristina. Nadie se acordó de Alberto, pero sí de Fernández.
La trascendencia de la multitudinaria marcha en apoyo a Macri tuvo repercusiones mundiales y puede que hoy impacte en los mercados.
Los militantes del PRO no están muy acostumbrados a ese tipo de afecto ciudadano y más aún de tal magnitud.
Ya hubo quienes compararon al presidente Macri con Perón, al menos por un día. Sólo se trata de kilómetros de tinta que vigorizan el folclore político argentino, que desde hace años viene de tensión en tensión. Metáforas sin peso que caducan al ardor de un repunte inflacionario.
Dijo el Gobierno que ahora empezaba la campaña de verdad. La de los puntos. Nada más cierto, pero tampoco nada menos creíble, ya que la campaña empezó hace mucho tiempo y ahora sólo resta el tiempo de descuento.
Esperemos que los cálculos matemáticos que hace el Gobierno no sólo sean eso, pura aritmética. Ya que, de ser así, el resultado ya es conocido.
También para las Paso del 11 de agosto se basaron en cálculos matemáticos: que perdían por sólo tres o cuatro puntos, que empataban y el cachetazo electoral casi apura el fin del macrismo.
Deberá el Gobierno no olvidarse de la política, esa herramienta que hace cualquier cosa posible. De la cual reniega y defenestra, pero de la que requiere para poder continuar con el proyecto que engendró en 2015 y que quiere continuar.
Sus 33 por ciento de electores volverán a vitorear cuando sean necesario: “Mauricio, querido, el pueblo está contigo”. ¿Realmente lo está?