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Dios bueno

Por José Ceschi

¡Buen día! “Hay algunos (son muchos) que creen que a Dios hay que convencerlo para que mire hacia la tierra y vea nuestras necesidades. Como Dios tiene tanto que hacer, piensan ellos, hay que ponerse a la cola e insistir una y mil veces hasta que nos llegue el turno y él escucha nuestros gritos”.

Así comienza una hermosa página titulada “El Dios de la bondad primera”, incluida en “¿Y quién es Dios?” de Miguel Ortega Riquelme. Sugiero que siga leyendo:

“No se dan cuenta de que es precisamente al revés. Dios sabe de qué tenemos necesidad. Nosotros no lo sabemos. Dios se anticipa a nuestras súplicas. Nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene.

Antes de que le pidamos, él ya nos dio el aire, la vida, la sonrisa, el pensamiento, el amor y la esperanza. Todo lo que necesitamos él ya nos lo concedió.

Oramos y debemos orar aún más porque no estamos convencidos de que, en Jesucristo, Dios ya nos concedió todas las cosas. ¡Qué más nos atrevemos a pedir! Y, sin embargo, él nos da la confianza de rogar para que se nos dé y de llamar para que se nos abra.

Oremos para lograr comprender que, cuando llega la cruz, Dios nos hace semejantes al Hijo Crucificado. Y ese es un don, no una desgracia. Oramos para decir a Dios que empeñamos nuestra energía para mejorar la vida y para embellecer el mundo. Somos servidores de su plan y colaboradores de sus proyectos.

Oramos no porque Dios necesite un memorándum sobre nuestros problemas, sino porque nosotros mismos necesitamos entender la voluntad de Dios como el mejor criterio para la vida humana.

Dios nos conoce en profundidad; nosotros vagamos en las superficies. Dios disculpa nuestros desvaríos; nosotros llegamos a discutir con él. Dios nos comprende perfectamente, nosotros no comprendemos muy bien a Dios. Dios apuesta siempre a la esperanza, nosotros apostamos al desaliento. Antes de que miráramos a Dios, Dios nos miró a nosotros. Antes de que le pidiéramos perdón, Dios nos regaló su misericordia. Antes de que lo eligiéramos a él, él nos había elegido a nosotros...

Es como para vivir hablando de él todas las horas y todos los días. Es casi para volverse loco. No exagero”.

¡Hasta mañana!

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