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La verdad no se compra, porque la sinceridad no se compra ni se vende

Alguna vez escribí sobre Dante Panzeri. Pero sucede que los buenos ejemplos merecen conocerlos y comentarlos una y otra vez, porque es una forma de exaltar el justo proceder. Los buenos gestos, las buenas palabras, las saludables actitudes merecen prensa, por ser dignas y verdaderas.

Por Adalberto Balduino

Especial para El Litoral

Siempre es jorobado ser sincero. El actor argentino Ricardo Darín no hace mucho decía al respecto: “No soy fatalista, soy realista”. Ser realista no puede estar exento de sinceridad. Negar que ser sincero involucra a más de uno, es desconocer que nadie aceptamos la verdad si nos afecta. Porque siempre es desveladora. Cae la “careta”. Deschava. Y eso suena a fatalidad porque nos descubre. Inclinarnos por la verdad es tarea compleja, porque a partir de ella habrá enemigos que devaluarán esa virtud central. Entonces surgen de pronto las fake news, los clásicos relatos que los sistemas políticos adoptan, unos más que otros, como defensa. Pero siempre sumar argumentos diferentes como andanadas en su contra, complican la veracidad porque surge la duda. En este mundo que  habitamos de todo, por lo uno o lo otro las dos versiones disputan haciendo crecer la duda. Pero siempre, la verdad es una sola, al final triunfará. Claro, en un país de sordos como el nuestro donde el tuerto es el rey, mucho tiempo llevará discernir. A este personaje, que siempre es un ejemplo de que la sinceridad formaliza adeptos como oponentes, le he dedicado muchas veces, porque los buenos ejemplos deben repetirse como un “bendito”, hacerse carne, y alguna vez poder lograr cambiar. Se llamó Dante Panzeri, nació en San Francisco, capital del departamento San Justo, de Santa Fe; hay otros que le dan por origen Las Varillas, Córdoba. También aquí hay disparidad, pero el férreo periodista deportivo fue uno solo y eso no le hizo cambiar su convicción de que las cosas deben narrarse o escribirse como realmente son. Pero la credibilidad como la dignidad no se compra ni se vende, se fortalece con los abonos arrojados a la raíz misma por nuestros padres, por la escuela, con los ejemplos vistos y escuchados, con la experiencia fortalecida por el combustible saludable de la vida que es el intercambio de opiniones.

Dante Panzeri descolló en medios tan importantes como “El Gráfico”, “Goles”, “Satiricón”, “Panorama”, “Análisis, “Chaupinela”, como así en los diarios “La Opinión”, “La Prensa”, “El Día”, “Ahora”, “El Ciclón”, “Noticias Argentinas”, para el diario “Crónica” cubriendo como corresponsal el Mundial de Fútbol de Inglaterra. En radios como “Colonia” y “Del Plata”. En televisión lo hizo en Canal 11 y 7 de Buenos Aires. Es decir, un curriculum bien abultado, con sobrada respuesta de seguidores que admiraban su trabajo, como así quienes felizmente descubrían sus producciones periodísticas y que a partir de allí se convertían en fieles seguidores.

Dante Panzeri se jugaba en cada palabra, desde su concepción fue la llama de construir textos con seriedad suprema, desgranando cada tema como una disección minuciosa, porque su visión periodística era como una lente que en zoom tomaba en primerísimo plano cada acción deportiva, fortaleciendo de veracidad el meollo de la cuestión. Sus razonamientos eran “sin anestesia”, pero su saldo, una moraleja que jamás se olvidaba. El escritor y profesional del Derecho, Matías Bauso, dijo: “Sus textos son antologías del mayor inconformista de la historia del periodismo argentino”. Es cierto, no se “casaba” con nadie, la verdad era su única meta porque su compromiso con la gente tenía el don de la ética. Sus libros hablan por él mismo desde el título de cada uno: “Fútbol, dinámica de lo impensado”, lanzado en el año 1967. “Burguesía y gangsterismo en el deporte”, en el año 1974, y un tercero: “Dirigentes, decencia y wines”. Sin bien la implicancia era deportiva, detrás de todo estaba la decencia reprochada como lecciones de vida de mucho más amplio rodaje y llegada. Él sostenía: “La palabra no ha sido inventada para no decir lo que pensamos. Para callar y ocultar se inventó, antes, el silencio”. Refiriéndose a la misión del periodista, remarcó: “El periodista era un fiscal que veía, pensaba y opinaba. Ahora es un negociante que oye y repite. Acaso más apropiadamente dicho, un showman”. Sabiéndose los sinsabores a que conducía ser sincero, ironizaba no sin razón: “Todo periodista tiene que estar preparado para perder amigos. El periodista es y debe ser un descontento”. Un “rarito” para algunos de esta sociedad, que se despega de los demás por su manera honesta de pensar: “Somos fiscales, no jueces, y debemos ser parciales a favor del bien y en contra del mal”. Más profundo aún se hacía en su propia lectura: “No escribo donde quiero, pero nunca escribo lo que no quiero. Un periodista no tiene amigos. El fútbol es la muestra del país. Un buen jugador no brilla. Brilla el juego que produce ese jugador. Vivimos en un torbellino dialéctico, donde los que saben poco intentan hacer creer que saben mucho a los que no saben nada”.  

Alguna vez, en unas eliminatorias para un mundial, con una Argentina no en sus mejores formas, me encontré con un titular no de Panzeri pero hecho de la misma naturaleza, que decía: “Un país juega como se vive”. Y vemos cómo se vive hoy, alterados siempre detrás de un plan verdadero de gobierno, henchidos de autoritarismo demagógico, improvisando, desdiciéndose a cada rato, sin mentes brillantes que trasciendan por su idoneidad y entrega a un país verdadero, y no a los intereses personales partidarios que se disuelven en parlamentos intrascendentes.

Dante Panzeri constantemente hacía referencia a que “el periodismo es el cumplimiento de la obligación de enseñar a pensar a la gente”. Es cierto, da la impresión de que el criterio no cotiza en bolsa, porque muy poco importa. Es preocupante el olvido que a través del aplauso inmerecido se premia otras cosas tan lejanas de la ética. Con la mala costumbre de delegar que otros piensen por nosotros, porque hacerlo es “extenuante”. O culpando a otros de nuestras culpas. La construcción de criterio es el principio básico para revertir la cultura del qué me importa, del acomodo político por encima de las capacidades e idoneidad. Haberlo leído alguna vez a Dante Panzeri compensa esa falta de interés por las cosas importantes. Es preferible ser “raritos” por pensar, razonar, construir criterio, ya que ser libre pensador es felizmente una ventaja por tener conocimiento suficiente, que le permite deducir, analizar, pudiendo cotejar diferencias y así ampliar un panorama para poder expresarse, comparar y discernir en independencia con total certidumbre. Dante Panzeri, ese periodista ejemplar, vio que el juego real residía en la preservación del equilibrio que confiere el conocimiento. Un inconformista incansable que analizaba exhaustivamente para llegar mucho más allá, muy cerca de la verdad, donde las cosas son como son. Porque justamente sus textos, si bien deportivos, desvelan los vericuetos de la mala praxis que siempre hacemos gala los argentinos, en cuanto a regularidad de la disciplina y de las prioridades esenciales que como país nos caben. Nuestras debilidades nos han llevado a yerros mayores que gravitan en lo social, en lo económico, tienen como correlato nuestra marca en el orillo, la horma fundacional llamada Argentina y que si alguna vez —si nos sinceramos de verdad— tal vez podremos “jugar brillantemente”, teniendo en cuenta la alusión a ese título que llamó mi atención: “Un país juega como se vive”. 

Leerlo, interesarnos por conocer su trayectoria periodística es hacerle mérito a lo hecho por Dante Panzeri, donde cada nota es una clase magistral de crítica punzante pero respetuosa con un final de memorable bondad, no por disculparse sino por ser tremendamente sincero. 

Un consejo final, aleccionador y contundente: “Hay una sola cosa absoluta, inflexible en periodismo: nunca mentir. En ese punto no hay casos particulares que marquen la excepción a la norma. Por mentira interpretamos siempre lo que a nuestra conciencia no dé por cierto, puesto que es sabido que no hay ninguna verdad definitiva”.

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