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/Ellitoral.com.ar/ Cultura

En tiempos tristes, el público aplaude la música que viene del corazón

Nahuel Pennisi se convirtió el miércoles en uno de los pocos invitados (no chamameceros) a los que el público le perdona todo y ovaciona de pie. Tupa hizo llorar al auditorio con una sentida despedida a Carlos Escobar y Nélida Argentina Zenon erizó la piel de quienes la escucharon, con viscerales interpretaciones. En la Fiesta del Chamamé siguen las bajas de artistas por distintas enfermedades, algo que antes nunca había pasado tan seguido.  
FOTOS: Marcos Mendoza

@veroechezarraga 

El arte es un bálsamo para los corazones afligidos y mucho más cuando quienes lo ofrecen son dueños de un talento que eleva. La noche del miércoles en la Fiesta Nacional del Chamamé fue sin dudas ese elixir de virtuosismo que la población tanto necesita por estos días. Frenar para escuchar un chamamé bien ejecutado es un regalo que todo amante del género debería darse y el miércoles fueron varios los que hicieron esto posible. Javier Colli y su acordeón o Luis Carlos Bores y también Rudy Flores con su guitarra, se convirtieron en medicina para el alma en las primeras horas de la velada que alcanzó su primer punto alto con Opus Cuatro. El amor, la entrega y la esperanza llegaron antes de la medianoche cuando Nahuel Pennisi toco las fibras más íntimas del público y éste supo agradecerlo con creces. La despedida al recientemente fallecido Carlo Escobar por parte de Tupa fue visceral y sentida. Más tarde, las llamativas y talentosas Nova atraparon al auditorio mientras que la historia tuvo su espacio con el Tributo a Canción Nueva Correntina. Nélida Argentina Zenon y Los Hijos de los Barrios, dieron a la nación chamamecera todo eso que ella estaba esperando. 

La tristeza, el miedo y la desesperanza recorren las calles correntinas desde el inicio del 2022, un año que de entrada anticipó que tiene intenciones de ser difícil. Pero cuando cae el sol y se encienden las luces del Anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola esas emociones se transforman en esperanza gracias a la alquimia del arte. Algunos entienden que esto no es suficiente, y seguramente tienen razón, pero ayuda y eso es innegable. Las caras desanimadas de las primeras noches hoy son rostros de confianza y fe dos emociones energéticamente elevadas. 

El arte es remedio, pero el arte sin miedo, sin enojo, sin rabia. “Si tuviste un mal día, dejalo en la puerta” decía un colega, y esa es la actitud necesaria para maximizar los beneficios de la Fiesta Nacional del Chamamé que tiene como fecha de cierre al 23 de enero. Ojo, no tener miedo para nada significa hacer a un lado los cuidados, esto siempre es necesario tanto en temas de pandemia como en cualquier circunstancia de la vida.  

Excelencia 

Cada velada de la Fiesta nacional del chamamé dura entre 8 y 10 horas y son pocos los que aguatan todo el tiro. Se puede decir más bien que están los que eligen ir al anfiteatro temprano y quedarse hasta poco después de la medianoche, y hay otros que optan por llegar alrededor de las 23 y no volver a sus casas hasta el amanecer. Seguramente quienes arman las grillas piensan en todo eso y por lo tanto hay números fuertes para los de la primera camada como para los de la segunda. 

Así es que el miércoles en el sexto sapucay chamamecero hubo presentaciones interesantes a toda hora y para todos los gustos. Los amantes de los sonidos y las ejecuciones de excelencia tuvieron la oportunidad de ver y oír temprano al acordeonista entrerriano afincado en Santa Fe Javier Colli con magistrales creaciones propias, algo que para los más festivaleros posiblemente haya sido aburrido. Enseguida fue el turno del eximio guitarrista correntino Rudy Flores que sumó la voz de Lidia Cerro en una propuesta de primer nivel. 

El Brasil dijo presente con Luis Carlos Borges que como siempre supo llegar al auditorio con temas propios y algunos de autores correntinos. “Yo acostumbro a decir que tengo un pequeño pedacito en ese reconocimiento del Chamamé como patrimonio de la humanidad porque eh llevado esta música por el mundo y siempre con la bandera muy en alto”, dijo.  

Estos espectáculos fueron de alta calidad, pero por no ser populares o festivaleros no gustaron a la totalidad del público. Lo que sí se ganó el aplauso de pie del anfiteatro completo, fue la propuesta musical del ensamble vocal Opus Cuatro que en esta oportunidad contó con la participación del acordeonista correntino Alejandro Tato Ramírez. Otra de las figuras que se sumó al grupo fue Leo Rodríguez quien en esta oportunidad ocupó el lugar del histórico Hernando Iraola que no pudo asistir por cuestiones laborales. “No tiene covid” aclararon.  

“El Moncho” de Ramón Ayala fue el tema elegido para enamorar al Cocomarola y el espectáculo continuó con “Pueblero de Alla Ité”, “Viejo Caa Cati” y un cierre a pura fiesta con “Todo el mundo a cantar”. 

De corazón a corazón 

Nahuel Pennisi es uno de los pocos artistas no chamameceros a los que el publico del Cocomarola le perdona todo. Su sola presencia sobre el escenario Osvaldo Sosa Cordero alcanzó en la sexta luna para hacer rugir al anfiteatro, algo que solo consiguen los más queridos como el Bocha Sheridan, Mario Bofill y Los de Imaguaré entre otros.  

Nahuel llegó, se sentó y cuando de su guitarra comenzaron a sonar los acordes de “Para volver a soñar”, inició un romance que, si fuera por el público, hubiera durado toda la noche. El joven multipremiado logró conectar con el exigente auditorio de la nación chamamecera, y lo hizo hasta con quienes no lo conocían. ¿Quién es este?, preguntó un hombre que con cerveza en mano miraba el escenario con desconfianza, “y Benisi”, le dijo el de al lado en tono jocoso, ninguno lo conocía y ambos estaban más preocupados por lo que iban a tomar que por el show, pero no hizo falta mucho tiempo para que estos vecinos de burbuja dejaran todo para prestar atención y hasta le regalaron varios sapucays al “extraño” invitado. Esa es la magia de Pennisi, y lo que lo hace especial y diferente a muchos otros artistas. Conectar con los que lo aman, pero también conectar con los que nada conocen de su historia. Así funciona cuando el arte sale del corazón y no de la cabeza. 

Al hueso chamamecero  

Nélida Argentina Zenon es una institución en el chamamé y el espectáculo que ofreció el miércoles desde el escenario Osvaldo Sosa Cordero fue la ratificación de ese título. Con la Embajada Playadito musicalizando el show, la artista cantó, recitó y erizó la piel de quienes tuvieron la oportunidad de escucharla. El espectáculo completo fue muy fuerte y su interpretación de “Antonio Gil”, del Paí Julián Zini fue como un viaje imaginario al momento en que este santo pagano era ejecutado, tanto que no fueron pocos los que debieron contener las lágrimas, igual que cuando se mira una película triste y se trata de disimular la emoción.  

Más tarde, otro momento importante del sexto sapucay fue el homenaje a 50 años de “Canción Nueva correntina”, un tributo organizado por la Fundación Memoria del Chamamé a aquella histórica competencia de canciones inéditas donde los ganadores accedían a grabar y eso les daba la posibilidad de hacer circular esos temas en radios. A nivel histórico fue un espectáculo muy interesante pero extenso y lento lo que por momentos hizo perder el interés del público.  

Bien entrada la madrugada sonaron Los Hijos de los Barrios y fue un show sumamente emotivo en el que los artistas recordaron que en vida ya no está ninguno de los hermanos Barrios. Como cada vez que se presenta, este conjunto fue uno de los favoritos del miércoles por la noche. 

Despedida y bienvenida 

“Nadie pasa por la vida sin dejar algo ¿no?” dijo Aldy Balestra que así interrumpió el espectáculo que en ese momento realizaba el grupo Tupa. Y su relató continuó: “Todos tenemos un legado y algo para lo que vinimos. Carlos Escobar no pasó por la vida porque sí nomas, nos dejó muchas cosas, fue un hombre de bien, un artista único. Él dejó todo por el chamamé, acá dejó su vida, en este escenario dejó su vida por el chamamé, esto es Carlos Escobar. Carlos nos dejó mucho más de lo que nosotros creemos y no va a morir nunca porque gente así no muere nunca. Yo estoy cantando y parece que lo siento, y es verdad, lo sentimos todos". El de Aldy fue un mensaje de dolor, una despedida sentida y visceral que hizo llorar al auditorio y reunió sobre el escenario a los artistas jóvenes y amigos a los que Escobar (quien falleció el año pasado por un cuadro de Covid 19) abrió las puertas de grandes escenarios.  

Luego de la despedida realizada por Tupa, Aldy Balestra volvió al escenario, pero esta vez lo hizo para acompañar a un grupo de jovencitas que prometen. Se trata de las chicas de Nova, Silvina Escalante, Renata Balestra, Regina Ferrazi Blanco y Mélodi Osuna. Ellas son bellas, muy talentosas y además carismáticas e hicieron que el Cocomarola frenara su actividad para escucharlas y mirarlas.

 

Trasnoche de lujo 

Hablar de todos los conjuntos que se presentan cada noche no es una posibilidad dado que la grilla es sumamente extensa, pero entre los que vale la pena nombrar porque su actuación estuvo a la altura de esta fiesta se destacan los hermanos Pedro y Emiliano Balestra de Fuelles Correntinos y a José Martín más conocido como “Tripa”. Ambos shows fueron solo para aquellos trasnochadores que se quedaron en el Cocomarola hasta la madrugada.  

Siguen las bajas   

Hasta ahora fueron por lo menos cinco los artistas reconocidos que debieron bajarse de la grilla chamamecera por enfermedad. Dos de ellos anunciaron días atrás que no iban estar por padecer un cuadro de covid, se trata de Elena Roger y Jairo. Las que también confirmaron su baja por temas de salud serios, pero no por Covid, fueron Gicela Méndez Ribeiro y Teresa Parodi y este jueves al grupo de los ausentes por enfermedad se sumó María La Bruja Salguero, quien dijo que tenía problemas de salud, que no era Covid, pero no aclaró de que se trataba.

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