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Resfriados de verano en bebés y niños pequeños

Los cambios bruscos de temperatura, los ambientes secos y poco ventilados y un mal uso del aire acondicionado pueden contribuir a que el bebé se resfríe en verano. 

Llega el calor y cuando nos creemos libres de resfriados y mocos, los más peques empiezan a sentirse mal, a moquear y toser. Y vuelta a empezar con los resfriados de verano. Lo cierto es que, aunque estos tienen mayor incidencia en otoño e invierno (y empiezan a disminuir en primavera), también pueden hacer acto de presencia en la época estival. 

“El resfriado está provocado por un virus o una bacteria que ha entrado en las vías aéreas y ha producido una infección”, explica Gloria Colli, pediatra en Criar Con Sentido Común. Se ve favorecido por el frío, pero, en el caso de los resfriados de verano, los cambios de temperatura se convierten en el aliado ideal de estas infecciones tan molestas. 

Por qué aparecen los 

resfriados de verano en 

los niños

Lo cierto es que no existen grandes diferencias entre los resfriados de verano y los de invierno. La causa es la misma, una infección. Los síntomas también son similares y existe la misma facilidad de contagio. Las causas sí son algo distintas. Por lo general, los virus viven mejor con las bajas temperaturas.

“El frío favorece las infecciones. Si hace frío es más fácil que los gérmenes entren en las vías aéreas y provoquen una infección porque el frío local tiene el efecto de bajar las defensas localmente”, explica Gloria Colli. Eso no significa que las bajas temperaturas provoquen resfriados; sino que los favorecen.

¿Qué ocurre en verano? Pues  hay más sequedad ambiental,  se utilizan aires acondicionados o ventiladores y los contrastes de temperaturas son muy bruscos. Venimos de la calle, sudando del calor y entramos en casa o en establecimientos con el aire acondicionado puesto a temperaturas muy bajas, y nos resfriamos. A eso le sumamos la ingesta de bebidas muy frías, los chapuzones en agua helada, etc.

Y a los niños les pasa igual, pero, al ser más pequeñitos, tienen menos desarrollado su sistema inmunológico, lo que favorece los contagios. Así que es muy habitual que los peques se resfríen en la época estival. Se calcula que hay alrededor de 200 virus distintos que provocan resfriados. De ellos, los rinovirus son los más habituales. No obstante, también se pueden producir por el virus respiratorio sincital (VRS), ante el que hay que ser más precavidos porque pueden provocar neumonía y bronquiolitis.

El aire acondicionado, 

gran aliado de los resfriados

El aire acondicionado es un gran amigo frente al calor, pero también puede ser un buen aliado de los resfriados de verano. Según la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), “hasta un 20% de los cuadros catarrales, laringitis, faringitis o procesos bronquíticos se producen en verano a causa del uso inadecuado del aire acondicionado”. No obstante, esto no significa que sean los causantes de los resfriados de verano, ni que no se puedan encender si tenemos un bebé en casa. 

“El simple hecho de estar en una habitación con aire acondicionado no implica un resfriado; quizás una irritación de garganta por el aire seco, pero no una enfermedad como tal”, remarca la pediatra de Criar Con Sentido Común. De hecho, estos aparatos no están contraindicados para bebés y niños pequeños, aunque sea una de las grandes dudas que tenemos muchas madres, sobre todo en el primer verano del bebé.

 Lo que sí hay que hacer es usarlo con ciertas precauciones:

l La temperatura ideal está entre los 23 y los 26 grados.

l No exponerlos al chorro de aire directo.

l Hay que evitar cambios de temperatura bruscos; así que lo mejor es tener más de un aparato distribuido por toda la casa.

l Ser escrupulosos con su limpieza y mantenimiento.

l Controlar la humedad. Para ello lo mejor es utilizar un higómetro para saber cuánta hay y poner un humidificador si estamos por debajo del 40% o un deshumificador si estamos por encima.

Los síntomas del resfriado 

de verano

Los síntomas son similares a otros procesos catarrales del invierno. Es cierto que con el covid-19 la confusión puede aumentar cuando empiezan estos. Anna Ferran, fisioterapeuta respiratoria en Criar con Sentido Común ya alertaba en este artículo de la relación entre alergias y coronavirus, ya que “el aumento de polen en el aire favorece el contagio del covid-19”, por lo que es recomendable “usar mascarillas FFP2 para reducir hasta el 80% las partículas de polen que inhalamos”.

Aun así, las señales del resfriado de verano son congestión nasal, mocos, tos, dolor o picor de garganta y estornudos. A veces cursa con fiebre o sensación febril, pero esta no suele ser alta y es más bien testimonial. La transmisión del resfriado se produce principalmente a través de las secreciones que se expulsan por la tos y los estornudos y a través de las manos o el contacto con superficies y objetos contaminados (donde los virus pueden permanecer durante 24 horas). Suelen ser más contagiosos durante los primeros días y el período de incubación es corto (uno o dos días tras la exposición).

Cómo mantener los resfriados de verano bajo control

“Los resfriados son muy molestos y muy largos. La mejor manera de evitarlos y prevenirlos es seguir las mismas pautas que con el Covid-19”, indica Ferran. Es decir: buena higiene de manos, distancia con personas enfermas, espacios aireados y con buena ventilación. Por otro lado, hay que huir de los contrastes de temperaturas bruscos y seguir las indicaciones explicadas antes respecto al buen uso del aire acondicionado. También es necesario ser precavidos con la diferencia de temperatura del agua de playas y piscinas.

Procurar una buena hidratación (recuerda que, con el pecho, los bebés reciben toda el agua que necesitan) y, para los peques de más de seis meses que ya ingieran alimentos sólidos, seguir una alimentación equilibrada con una buena ingesta de frutas y verduras. Anna Ferran hace hincapié en que “una buena alimentación y descanso son fundamentales para prevenir y aliviar los síntomas del resfriado”. También hay que evitar, en la medida de lo posible, que el agua o líquido que tomen estén helados.

Cómo curar un resfriado 

de verano

Si la prevención no ha impedido que tu bebé o peque finalmente se resfríe en verano, Anna Ferran propone varias cosas que podemos hacer. Lo primero, asumir que los resfriados son un proceso autolimitado, es decir, que se curan solos y que lo único que podemos hacer es tratar los síntomas.

En el caso de que haya mocos, la opción “más sencilla”, según explica Anna Ferran, es eliminarlos con suero fisiológico aplicando un máximo 2,5 ml por fosa nasal (0,5 si es un recién nacido). Y, luego, utilizar la técnica DDR (Desobstrucción Rinofaríngea Retrograda) “que es muy eficiente”. Esta consiste en, una vez le echamos el suero por la nariz, le sujetamos la mandíbula desde abajo para cerrarle la boquita y que inspire por la nariz. De este modo, toda la mucosidad entrará hacia la garganta y se la tragará.

Si tiene tos, hay que entender que esta no es más que una respuesta natural de nuestro cuerpo para despejar las vías respiratorias. Existen dos tipos de tos cuyo origen puede ser diverso. Precisamente porque es una respuesta de nuestro cuerpo no están recomendados antitusivos ni otros medicamentos anticatarrales, cuya efectividad no está demostrada. Incluso, pueden resultar contraproducentes:

“Cuando hacen propaganda de los jarabes, es como si hubiera dos tipos de jarabes: los jarabes para mocos (que no sirven para nada); y los que son contra la tos seca. Pues lo que pasa es que los jarabes que inhiben la tos son peligrosos. Aunque la tos sea seca al principio, muy a menudo acaba siendo productiva. Acaba movilizando moco”.

“Si damos jarabes para evitar que el peque tenga tos seca, quizá estemos también inhibiendo, evitando, una tos que potencialmente podría movilizar moco. En estos casos, cuando se inhiben toses que deberían mover moco, es fácil acabar con una infección que hubiéramos podido evitar dejando que el cuerpo hiciese su trabajo”, alerta la especialista Anna Ferran

Sí se puede utilizar paracetamol para la fiebre y el malestar. En cualquier caso, si la fiebre dura más de tres días, si tiene dolor de oído, dificultad a la hora de respirar, se le ve muy decaído/a o la mucosidad nasal espesa (amarilla o verdosa) no desaparece en 10 días, habría que acudir al pediatra. En general, hay que dejarse llevar por el sentido común en estos casos.

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