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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

“Bases” de Alberdi, “Instrucciones” de Rosas

La libertad es la ausencia de coacción. Las amenazas, la extorsión, los insultos, los aprietes, no parecen ser el andamiaje ideal para el sistema liberal que se pretende construir. Hasta el momento, el espejo gubernamental devuelve la imagen de Rosas, no la de Alberdi.

“Es un déspota todo aquel que cree que ser opositor al  gobierno es ser traidor a la patria”

Juan Bautista Alberdi

Juan Bautista Alberdi publicó en 1852 su obra trascendental, “Bases y Puntos de Partida para la organización política de la República Argentina”, que sirvió de fundamento a la Constitución de 1853. Juan Manuel de Rosas fue el autor de “Instrucciones a los Mayordomos de Estancias”, en 1825, dónde ordenaba el trabajo de mayordomos, capataces, peones y animales en sus estancias.

¿Cuál es el texto más inspirador para Milei, teniendo en cuenta el modo de ejercicio de su presidencia? ¿El del jurista republicano o el del patrón de estancia?

Cómo digo siempre, citando a Marx, la historia se repite, la primera como tragedia, la segunda como farsa. La comparación con el pasado nos demuestra la humana tendencia de escapar hacia el mismo lado.

Así, pasado y presente se mimetizan de tal manera que resulta muy difícil deconstruir la abstracción que se deriva de dos factos similares.

Marcela Ternavasio, miembro de número de la Academia Nacional de la Historia, compara dos momentos en la historia de nuestro país: la del siglo XIX y la actual.

El relato de Javier Milei, es la vuelta a las fuentes y a las ideas de la Constitución, fundamentalmente las de su principal inspirador: el letrado tucumano Juan Bautista Alberdi, autor de “Bases…”

No por casualidad el jurista norteño es hijo de su tiempo, durante el cual tuvo que luchar contra la tiranía de Juan Manuel de Rosas. “Dad al poder ejecutivo todo el poder posible, pero dádselo por medio de una constitución”, decía.

El derrotero que está marcando el libertario, parte de una construcción teórica en la cual la Constitución es el libro sagrado y Alberdi el referente indispensable.

Pero, su gestión de gobierno comenzó a demostrar lo contrario. Son notables las coincidencias con el entonces gobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas, precisamente la contracara de la prédica alberdiana.

Apenas asumió el cargo de gobernador en 1829, el hacendado Rosas reclamó a la legislatura bonaerense la concesión de facultades extraordinarias, su principal exigencia para “salvar” a la patria de la “anarquía”. Las facultades se concedieron por tiempo limitado, con rendición de cuentas, no antes de un debate acalorado en el recinto legislativo.

Pero no fue suficiente. En 1835, Rosas adopta “la suma del poder público”, sin límite de tiempo ni de atribuciones. Lo hace a través del mecanismo del “plesbicito”, realizado entre los días 26 y 28 de marzo de 1835, con el voto universal exclusivamente masculino. Obtiene 9713 votos a favor y 7 en contra.

Su etiqueta para vehiculizar la voluntad de los adherentes fue la de “Viva la Santa Federación”, condenando a los adversarios a la terrible sentencia de “muerte a los salvajes, inmundos y asquerosos unitarios”.

Lo demás es historia conocida, el ejercicio de una tiranía que sólo terminó con su derrocamiento en 1852, en la Batalla de Caseros.

No por casualidad, en el artículo 29 de nuestra Constitución Nacional, se dejó expresamente establecido que “El Congreso no puede conceder al Ejecutivo nacional, ni las Legislaturas provinciales a los gobernadores de provincia, facultades extraordinarias, ni la suma del poder público”. Quienes las concedieran serían considerados “infames traidores a la Patria”.

Y esa tremenda historia, mal que nos pese, comienza a proyectar sus sombras sobre la Argentina del siglo XXI, y, a esta altura, ya no sé si como tragedia o como farsa.

Cuál émulo de Rosas, Javier Milei le reclamó al Congreso la cesión de facultades extraordinarias. Luego de acaloradas discusiones, los legisladores aprobaron en general y se disponían a limitarlas en el tratamiento en particular. Esto generó la ira de Milei, ordenó retirar la ley y se dispone a gobernar por decreto.

Pasó el tiempo, pero los hechos se repiten. El “Viva la Santa Federación” se convirtió en “Viva la libertad, carajo”, y el grito rosista de guerra de “mueran los salvajes, asquerosos e inmundos unitarios” de Rosas, en el mileísta “mueran los traidores, delincuentes e inmundos de la casta”.

A todo esto, como paradoja de la historia, un declarado admirador de Alberdi pero émulo de Rosas, Javier Milei, agita lo que su maestro hiciera 189 años antes: un plebiscito popular, para votar por sí o por no la asunción de delegaciones legislativas equivalentes a las facultades extraordinarias del “Restaurador de las leyes”.

Tal vez la venganza no sea en estos tiempos pasar a degüello a los adversarios, antes bien cerrarles todas las canillas de los fondos estatales, aunque entre ellas estén las que tiene la obligación legal de abrirlas, como las del fondo docente y varias otras.

Si hay una estrategia gubernamental que hace carne en la gente, que se mantiene en la ignorancia cerrada del fanatismo, es la confusión de conceptos, metiendo todo y a todos en la misma bolsa.

Por caso, dice clausurar los gastos de la política, asignados como los gastos de la “casta”, cuando en realidad no hizo ningún ajuste a lo que llama “la casta” y sí a los gobiernos de provincia que tienen que cumplir obligaciones para con su pueblo. Los hospitales, las escuelas, la seguridad, son todas actividades que tienen que ser sostenidas por los gobiernos provinciales. No son gastos de “la casta”.

La Nación tiene un Ministerio de Educación sin escuelas y un Ministerio de Salud casi sin hospitales. Es cierto, no todas las provincias son iguales, pero en general si hay dispendio, ése derroche está principalmente entre los insondables pliegues del estado nacional. Las provincias, ni fabrican plata ni están en condiciones de endeudarse exageradamente.

El gobernador de Corrientes, Gustavo Valdes, ha estado permanentemente dispuesto a acompañar la normativa propuesta por el gobierno. Igual cae víctima de la venganza aluvional de las “fuerzas del cielo”.

Plantear la gestión con la lógica de amigo-enemigo, es volver al perokirchnerismo más rancio, es ingresar al hegemonismo antidemocrático y, ya se sabe, el que cosecha vientos, recoge tempestades.

Estoy con el filósofo surcoreano Byun-Chul Han, cuando concibe a la libertad, muy pregonada por Milei, apenas como el tránsito de una forma de vida a otra, hasta que finalmente se muestra como una nueva forma de coacción. Así, a la liberación sigue una nueva sumisión.

Si definimos a la libertad como  la ausencia de coacción, debemos decir que la libertad pregonada desde las tribunas libertarias, comienza a diluirse rápidamente, arrinconada por las amenazas y las “venganzas” de los que convierten a la caja del estado en variable de ajuste de los problemas políticos.

Ya no se trata, como con el kirchnerismo, de alcanzar al hombre “obediente”, se intenta construir, con la libertad proclamada, al hombre “sumiso”, ése que se somete por propia decisión a la voluntad de los que mandan.

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