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Juan Carlos Moisés o “una partícula en suspensión”

Nació en Sarmiento, Chubut, en 1954. Vive en Salta desde 2017.Libros recientes de poesía: El jugador de fútbol (2015), Conversación con el pez (antología, 2017), El viento que hay acá afuera (2021) y Perro negro tallado en la nieve (2025). Dos libros de notas: Una lucha desigual con las palabras (2016) y ¿Notas Poesía? (2025). Cuentos: Baile del artista rengo (2012) y La velocidad de la infancia (2010, 2018). Obras de teatro: Desesperando (2008) y Pintura viva, El tragaluz, La oscuridad (2013). Dirigió el grupo de teatro Los comedidosmediante. Es dibujante.

Sabado, 11 de octubre de 2025 a las 13:11

El asaltante nos trae voces vivas de la poesía argentina. Cada poeta nos acerca, además de poemas, su visión de la poesía.

 

Poética

a)


Después de hacer los primeros palotes con la escritura, supe que hay palabras que no están hechas para uno, como uno no está hecho para ciertas palabras, aun habiéndolas leído con entusiasmo en poetas que admiramos. Desde entonces, al decir de Emily Dickinson, ya no intento levantar palabras que no puedo sostener. Con los años, las variaciones en la escritura llegan, dejan su marca y pasan, como llegan y pasan las épocas. No es bueno ni es interesante copiarse a sí mismo, porque sólo se copian los resultados, y lo que más importa es el proceso que tiene una obra para llegar al resultado. Confío más en el sustantivo que en el adjetivo. Así es que, no sin cierta provocativa ingenuidad, escribo: vaca, nube, perro, caballo, sueño, invierno, pajarito. Y aún prefiero el verbo antes que el adjetivo. Lo pienso como lo expresó Bruno Schulz, “mi ideal es ‘madurar’ hacia la infancia”. La escritura de poesía es un boleto para residir en la infancia. Y a veces para viajar al presente.

b)

El comienzo de un poema nunca obedece a un plan. Ocurre. Y aunque ocurra de manera espontánea, la escritura comenzó mucho tiempo antes, con la sola “atención”. Esa primera tentativa puede contemplar una idea de poema, que tomará forma durante la escritura, gracias a la escritura. La manera es pensar el poema con el poema, a medida que se va escribiendo. 

c)  

Escribo en cualquier momento, en cualquier lugar, sobre cualquier soporte. A todo lo que escribo lo dejo descansar un tiempo prudente. El trabajo de poda y corrección es también una forma de escritura. A veces un poema sale hecho. Pero cada vez menos. Puede llevarme un tiempo, semanas, meses, años en algunos casos, hasta convencerme de que ya no hay nada más que pueda hacer por el poema. Soy un escritor lento. Y no es que haya escrito poco. Más bien lo contrario.

d)

Un poema se impone de muchas maneras. La primera, que a la materia escrita la sienta viva y tenga futuro de poema. Y, sobre todo, porque las palabras, algunas palabras, adquieren el sentido de realidad que necesita la poesía. Pero las palabras están desnudas frente a lo que llamamos realidad, que en poesía no siempre rima con verdad. El poema es otra forma de realidad.

e)

Escribir es remontar el río: ir contra la corriente, nadando, escribiendo. Es como si las palabras, en esas aguas, buscaran lo que pensamos y sentimos. Pero no tardamos en advertir que, en cada brazada, por necesidad y por deseo, en su esfuerzo, a expensas de lo que somos, las palabras comienzan a sentir y a pensar por sí mismas.

f)

La experiencia es una buena proveedora de percepciones, en estado de presencia o de memoria. Y percibir es pensar, elaborar las sensaciones que con avances y retroceso recorren un camino singular hacia el poema, para que el lenguaje haga lo suyo con el poema y el poema con el lenguaje. Siempre es deseable que algo se cierre en el poema, y que a la vez se abra a otra instancia que suele ser impredecible.

Juan Carlos Moisés 

 

MUESTRARIO MÍNIMO



Palabras en juego

No tanto una reflexión

de la vida y la muerte,

más bien una flexión

entre la vida y la muerte.



Soy parte de la brisa del verano.

Siento que soy una partícula en suspensión,

ínfimo, apenas existente.

Estar así, ver pero no ser visto.

*

Estoy frente a una puerta cerrada.

Quiero abrirla. No puedo. 

Vivir, soñar, hacer planes

delante de una puerta cerrada.

           (después de leer a Kafka)

*

Entre la mirada y las cosas 

viene a posar sus patas

la pequeña aparecida, 

la garza de las lagunas.

Vivir de pequeñas apariciones.

Vivir de lo que vive

la garza en las lagunas.

*

Soy de poco adjetivar,

como la garza blanca,

como el otoño repentino 

que en la luz esconde su trasluz.

*

Inflexión, succión: el paisaje 

como víctima de la mirada.

Espesor, relevancia de algo 

que una vez fue salvaje.

Lo dice el rosal, 

se lo dice a la retama.

*

Nuestros hábitos son

los de ciertos animales.

Hay mezclado un poco de todo

al punto de no ver exactamente

la línea de separación.

Calma, clama, habla,

alguien te oirá.

*

Pensé que imaginar era mentir.

Pensé que decir la verdad era decir esta boca es mía.

Pensé que el cántaro secaba a la fuente.

Pensé que el mal era rival del bien.

                                                                (a Elvio Gandolfo)

*

Como una música en la noche,

como una mosca en el verano,

como el sol del mediodía,

o en todo caso, como los dados

un instante antes de detenerse.

 

Los favores de la naturaleza

He visto cómo entraron a tu cara todos los

animales que se espantaron de la mía.

 

Conejo ángel

Sumergido en el fondo de mi vida

un conejo ángel pugna por salir

él no está enfermo de palabras

como yo

y no solamente quiere

jugar y hacer piruetas fuera de mí

quiere deshacerse de mí



Las tortugas

Un hombre es un animal inquieto

hecho de agitación y movimiento

no es una tortuga

las tortugas llevan la rebelión

del lado de adentro

 

Las liebres

Las liebres corren delante de los galgos

nunca detrás no nunca detrás.

No saben hacerse humo

es evidente.

Salgo algunas

las que quedan para contarlo.

 

Una gallina

La vieja

arqueada hasta el suelo llevándose

una gallina muerta de la basura

la vieja yéndose con la gallina

bajo el brazo

la gallina tiesa los ojos de la vieja

contentos.

 

La verdad

La vaca parada

en el lomo del pajarito

me toma una fotografía

mientras miro al pajarito

que apenas resiste

el peso de la vaca,

como el actor que hace

de su personaje la verdad

y de la verdad

un lugar inestable.

 

Dylan Thomas

He peleado

no en una guerra

no contra una tal Pamela

o una fiel Caitlin, mi mujer

y una familia grande y pobre

ni contra el fantasma de la cerveza

ni siquiera contra mis propios poemas

           —algo más fuerte me persiguió

         durante toda la vida—

contra Dylan Thomas he peleado

y he perdido

 

Final de escena

Una liebre de marzo en el mes equivocado

y un conejo blanco olvidado en la galera.

Una pelea a muerte con palabras

y palabras que mueren con las botas puestas.

Una voz que habla sola antes de hablarnos 

y una voz que no volverá a hablar.

Alguien que sale por última vez 

de una habitación hecha para el amor 

y alguien que mira callado una tierra desconocida. 

Un amor no correspondido hasta que la muerte los separe

y dos pies caminando sin destino sobre las aguas. 



 

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