Vestido de rojo punzó, su figura llega hoy con el estreno nacional de la película “El Gauchito Gil. La sangre inocente” y es en Corrientes donde tiene lugar la presentación inaugural en la pantalla cinematográfica de los “Cines de la Costa”. Para este acto de relevancia, vino especialmente, acompañando la obra, un plantel que incluye a directores, productores y actores.
Luego de una larga espera de cuatro años, que en definitiva sirvió para ahondar más profundamente en la polémica vida de un gaucho al que se le asigna personalidad de santo, la película ve la luz y se proyecta al espacio, no sólo nacional, sino de inclusión en festivales internacionales.
“El Gauchito...”, dirigida por Tomás Larrinaga y Ricardo Becher, aborda la temática de un justiciero en pleno Siglo XXI, algo que sin dudas hubiese sucedido de vivir el gaucho que hasta muerto sigue aplicando la ley de “quitar al que más tiene para compartir”, una igualdad que la balanza del consumismo y el materialismo ha dejado de utilizar hace tiempo, disparando las clases sociales hasta los vértices de la pobreza y la riqueza, hundiendo en el olvido a la tan mentada “clase media” en vías de extinción.
Vuelto a estos días, el gaucho tiene nombre y apellido, rostro y actitud para enfrentar infortunios con su poncho al hombro. “Este proyecto era originalmente de Campitelli y Becher, yo continué el camino iniciado por ellos hasta transformarlo en una realidad”, dice el joven director Tomás Larrinaga que ayer llegó a la ciudad y ofreció junto a Becher y elenco, una conferencia de prensa.
Del altar de la gloria emplazado sobre Ruta provincial Nº 12 que lleva a Mercedes, hasta las pinturas que el año pasado lo retrataron en el Salón Provincial “El Antonio Gil con ojos correntinos”. Desde la veneración cada 8 de enero cuando el aire se viste de rezos y el color rojo se refleja en la mirada de los creyentes. Desde el mito y la leyenda a esta realidad actual, mundialmente famosa, Antonio Cruz Gil se perpetúa ahora en el éter y tiene su película.
Los 26 años de Larrinaga juegan desde el sillón de director, a crear esta imágen de Antonio Gil que traspasa el tiempo y salta, desde la estática estampita que al guionista José Campitelli le ofrecieron en el andén de una estación porteña, al movimiento de una figura humana en la pantalla. Algo que hace “creíble” esa novela que uno en la necesidad compone ante la urgencia del pedido para la solución de males terrenos.
Peregrinos de esta intriga por verlo actuar en su traje de gaucho, los espectadores estarán en el cine esta noche, sin velas rojas pero con el afán de acompañar el emprendimiento de los porteños que apostaron a uno de los hitos emblemáticos de la popularidad correntina.