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Padres en alerta: tiempo de egresados

El ruido generado de forma deliberada puede disipar la inseguridad frente a la nueva etapa en ciernes y la nostalgia de los años pasados que no volverán. 
 

Por Mariángeles Castro Sánchez 
La autora es directora de la licenciatura en Orientación Familiar del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral. Nota publicada en infobae.com


Los últimos meses de la trayectoria escolar del nivel secundario integran un continuum de algarabía y frenesí que poco tiene que ver con el cierre de un ciclo fundamental en la vida de los jóvenes. Mucho menos con la preparación para lo que está por venir. Podríamos hipotetizar, incluso, que este estado de festejo permanente que los adolescentes vivencian altera las probabilidades de una transición armónica a la siguiente etapa educativa. Porque para que esto se produzca de manera efectiva, hace falta un proyecto. Y la definición de un plan de acción personal conlleva, en todos los casos, un proceso de toma de decisiones que exige serenidad y disposición reflexiva. Empresa difícil en medio de tanto ajetreo.
Allí están ellos, nuestros jóvenes egresados, intentando compatibilizar la vida social y la académica, los estudios y las celebraciones, inmersos en una maraña de redes, hiperconectados e informados de los derroteros de sus contactos y sus diversos grupos de pertenencia. Los nuevos rituales que practican incluyen murgas, vueltas olímpicas, producciones de disfraces, buzos y remeras alusivas con apodos especiales. Prácticas tales como el UPD (último primer día), previas en bares, fiestas en boliches con contratación de transporte y viajes a destinos exóticos integran una larga lista de insoslayables en los que la consigna es pertenecer. Mientras que el objetivo ya no parece ser el compartir con compañeros de curso, sino generar puntos de encuentro abiertos en los que amigos, amigos de amigos, conocidos y seguidores confluyan, cual séquito variopinto y vibrante, en busca de diversión. Y esto es capitalizado por una gran industria montada en torno al final de la escuela secundaria.
Sabemos que el ruido generado de forma deliberada puede disipar la inseguridad frente a la nueva etapa en ciernes y la nostalgia de los años pasados que no volverán. Los sentimientos encontrados se mezclan en un brebaje que paladean por igual los chicos y sus padres. Aunque cada núcleo familiar adopta actitudes dispares en este tránsito porque lo elabora de manera particular. En ello inciden múltiples factores, que van desde la estructura de la familia y el lugar que ocupa ese hijo, pasando por situaciones contextuales y personales de cada miembro, aspectos relacionales y dinámicas propias del momento del ciclo vital.
Los chicos, por su parte, miembros de la llamada generación Z, llegan a la educación superior de la mano de la saga de Harry Potter, la hipertextualidad, el storytelling, los videojuegos y youtubers, el multitasking y el smartphone. La ruptura de la linealidad conlleva la adhesión a una nueva lógica abductiva, por lo que su forma de ver el mundo ya no es secuencial, sino aleatoria. Y los argumentos racionales sucumben al imperio de la intuición.
Estos jóvenes empoderados son conscientes de que la historia sigue y de que su formación recién comienza, porque actualmente el aprendizaje se extiende de manera vitalicia. Pero la inserción en la vida universitaria los coloca frente a un cambio profundo en el que las tensiones se hacen presentes. Porque tanto los procesos de orientación vocacional como la búsqueda de una carrera se dan en paralelo a esta sucesión de eventos festivos que parece no tener fin y que aumenta su temperatura sobre esta época del año.
Para terminar, acercamos algunas recomendaciones para padres y madres que quieran salir airosos de esta verdadera prueba de resistencia que implica tener un hijo o hija egresando del secundario. Estar presentes sin invadir, atentos a las necesidades y diferenciando urgencias de caprichos. Ser receptivo a las demandas: saber decir “no”, pero también permitirnos el sí cuando corresponda. Poder reconducir y no tener miedo de pedir perdón, en la seguridad de que aceptar nuestros errores es una manera de promover acercamientos. La regulación emocional, propia y de los demás miembros del grupo familiar debe ser tenida como objetivo primordial. Desarrollar la empatía y recordar que el éxito de los hijos no repara el fracaso de los padres. Dosificar la participación en grupos de WhatsApp. Y, finalmente, mirar la realidad circundante para que opere siempre como punto de anclaje y referencia, confiando y acompañando con delicada firmeza desde nuestro rol de adultos.

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Padres en alerta: tiempo de egresados

El ruido generado de forma deliberada puede disipar la inseguridad frente a la nueva etapa en ciernes y la nostalgia de los años pasados que no volverán. 
 

Por Mariángeles Castro Sánchez 
La autora es directora de la licenciatura en Orientación Familiar del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral. Nota publicada en infobae.com


Los últimos meses de la trayectoria escolar del nivel secundario integran un continuum de algarabía y frenesí que poco tiene que ver con el cierre de un ciclo fundamental en la vida de los jóvenes. Mucho menos con la preparación para lo que está por venir. Podríamos hipotetizar, incluso, que este estado de festejo permanente que los adolescentes vivencian altera las probabilidades de una transición armónica a la siguiente etapa educativa. Porque para que esto se produzca de manera efectiva, hace falta un proyecto. Y la definición de un plan de acción personal conlleva, en todos los casos, un proceso de toma de decisiones que exige serenidad y disposición reflexiva. Empresa difícil en medio de tanto ajetreo.
Allí están ellos, nuestros jóvenes egresados, intentando compatibilizar la vida social y la académica, los estudios y las celebraciones, inmersos en una maraña de redes, hiperconectados e informados de los derroteros de sus contactos y sus diversos grupos de pertenencia. Los nuevos rituales que practican incluyen murgas, vueltas olímpicas, producciones de disfraces, buzos y remeras alusivas con apodos especiales. Prácticas tales como el UPD (último primer día), previas en bares, fiestas en boliches con contratación de transporte y viajes a destinos exóticos integran una larga lista de insoslayables en los que la consigna es pertenecer. Mientras que el objetivo ya no parece ser el compartir con compañeros de curso, sino generar puntos de encuentro abiertos en los que amigos, amigos de amigos, conocidos y seguidores confluyan, cual séquito variopinto y vibrante, en busca de diversión. Y esto es capitalizado por una gran industria montada en torno al final de la escuela secundaria.
Sabemos que el ruido generado de forma deliberada puede disipar la inseguridad frente a la nueva etapa en ciernes y la nostalgia de los años pasados que no volverán. Los sentimientos encontrados se mezclan en un brebaje que paladean por igual los chicos y sus padres. Aunque cada núcleo familiar adopta actitudes dispares en este tránsito porque lo elabora de manera particular. En ello inciden múltiples factores, que van desde la estructura de la familia y el lugar que ocupa ese hijo, pasando por situaciones contextuales y personales de cada miembro, aspectos relacionales y dinámicas propias del momento del ciclo vital.
Los chicos, por su parte, miembros de la llamada generación Z, llegan a la educación superior de la mano de la saga de Harry Potter, la hipertextualidad, el storytelling, los videojuegos y youtubers, el multitasking y el smartphone. La ruptura de la linealidad conlleva la adhesión a una nueva lógica abductiva, por lo que su forma de ver el mundo ya no es secuencial, sino aleatoria. Y los argumentos racionales sucumben al imperio de la intuición.
Estos jóvenes empoderados son conscientes de que la historia sigue y de que su formación recién comienza, porque actualmente el aprendizaje se extiende de manera vitalicia. Pero la inserción en la vida universitaria los coloca frente a un cambio profundo en el que las tensiones se hacen presentes. Porque tanto los procesos de orientación vocacional como la búsqueda de una carrera se dan en paralelo a esta sucesión de eventos festivos que parece no tener fin y que aumenta su temperatura sobre esta época del año.
Para terminar, acercamos algunas recomendaciones para padres y madres que quieran salir airosos de esta verdadera prueba de resistencia que implica tener un hijo o hija egresando del secundario. Estar presentes sin invadir, atentos a las necesidades y diferenciando urgencias de caprichos. Ser receptivo a las demandas: saber decir “no”, pero también permitirnos el sí cuando corresponda. Poder reconducir y no tener miedo de pedir perdón, en la seguridad de que aceptar nuestros errores es una manera de promover acercamientos. La regulación emocional, propia y de los demás miembros del grupo familiar debe ser tenida como objetivo primordial. Desarrollar la empatía y recordar que el éxito de los hijos no repara el fracaso de los padres. Dosificar la participación en grupos de WhatsApp. Y, finalmente, mirar la realidad circundante para que opere siempre como punto de anclaje y referencia, confiando y acompañando con delicada firmeza desde nuestro rol de adultos.