“Cuando ayudo, revivo mi medalla”
ellitoral.com.ar

Martes 21 de Mayo de 2019 CORRIENTES19°Pronóstico Extendido clima_nublado

Dolar Compra: $44,20

Dolar Venta: $46,20

“Cuando ayudo, revivo mi medalla”

A tres años del retiro, el correntino Sebastián Crismanich, medalla de oro en taekwondo en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, cuenta cómo reemplaza la adrenalina de atleta con sus actividades de hoy, sea en la gestión, charlas o con acciones solidarias.
 

imagen_1

Julián Mozo
Colaboración

Fue hace tres años cuando Sebastián Crismanich enfrentó una de las grandes encrucijadas de su vida. Tenía 29 y hacía apenas cuatro que había tocado el cielo con las manos al ser campeón olímpico, cuando los dolores crónicos y consejos de los médicos los obligaron a retirarse. 
Y, así, dejó lo que más lo había apasionado en su vida: el taekwondo y la competencia. “Fue duro, un gran golpe, más allá de que sabía que el cuerpo me lo pedía”, recuerda. Qué camino tomar, cómo reemplazar la adrenalina y la motivación que le generaba su deporte, los grandes torneos, fueron las primeras incógnitas que se le plantearon al correntino. “Lo que viví como atleta y competidor son emociones que todavía extraño y busco, aunque sea en alguna dosis, en cada actividad nueva que emprendo. Sentir esas sensaciones, esa adrenalina, ese nerviosismo, el estar al límite… Seguramente, no haya nada que me lo brinde, al menos continuamente, pero sí he entendido cuál es mi camino, qué es lo que me gusta hacer y cómo dejar mi huella de otra forma”, explica con el mismo convencimiento que tuvo cuando fue campeón olímpico.
Sebastián recuerda aquel momento en el que sintió que tenía dos opciones. “Era quedarme sentado y deprimirme porque se había terminado la mejor etapa de mi vida, o reconvertirme, reinventarme. Y, de a poco, lo hice. Empecé a capacitarme en dirigencia deportiva, empujé para estar en puestos   desde los cuales pudiera transmitir mi experiencia y organicé charlas con el fin de contagiar con mi historia de vida. Incluso, busqué ir más allá, pensé en la ayuda social. Todo para aportar mi granito de arena y, así, generar un cambio cultural y dejar una huella en la sociedad”, comenta.
 Hoy, ya casado y con una hija, Crismanich pertenece a la Comisión de Atletas del Comité Olímpico Argentino, es presidente de la Federación Correntina de Taekwondo, ha desarrollado un programa nacional de detección de talentos con el que recorre el país, abrió academias de su deporte con su hermano mayor (Mauro), ha disertado en muchas provincias y forma parte de un grupo de deportistas que potencian un programa solidario llamado Huella Weber. 

¿Te gustó la nota?
Comentarios
Logo

“Cuando ayudo, revivo mi medalla”

A tres años del retiro, el correntino Sebastián Crismanich, medalla de oro en taekwondo en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, cuenta cómo reemplaza la adrenalina de atleta con sus actividades de hoy, sea en la gestión, charlas o con acciones solidarias.
 

<p>Se reinventó. El correntino se dedica hoy a la gestión en el deporte, a dar charlas, captar talentos en todo el país y a ayudar.</p>

Se reinventó. El correntino se dedica hoy a la gestión en el deporte, a dar charlas, captar talentos en todo el país y a ayudar.

Julián Mozo
Colaboración

Fue hace tres años cuando Sebastián Crismanich enfrentó una de las grandes encrucijadas de su vida. Tenía 29 y hacía apenas cuatro que había tocado el cielo con las manos al ser campeón olímpico, cuando los dolores crónicos y consejos de los médicos los obligaron a retirarse. 
Y, así, dejó lo que más lo había apasionado en su vida: el taekwondo y la competencia. “Fue duro, un gran golpe, más allá de que sabía que el cuerpo me lo pedía”, recuerda. Qué camino tomar, cómo reemplazar la adrenalina y la motivación que le generaba su deporte, los grandes torneos, fueron las primeras incógnitas que se le plantearon al correntino. “Lo que viví como atleta y competidor son emociones que todavía extraño y busco, aunque sea en alguna dosis, en cada actividad nueva que emprendo. Sentir esas sensaciones, esa adrenalina, ese nerviosismo, el estar al límite… Seguramente, no haya nada que me lo brinde, al menos continuamente, pero sí he entendido cuál es mi camino, qué es lo que me gusta hacer y cómo dejar mi huella de otra forma”, explica con el mismo convencimiento que tuvo cuando fue campeón olímpico.
Sebastián recuerda aquel momento en el que sintió que tenía dos opciones. “Era quedarme sentado y deprimirme porque se había terminado la mejor etapa de mi vida, o reconvertirme, reinventarme. Y, de a poco, lo hice. Empecé a capacitarme en dirigencia deportiva, empujé para estar en puestos   desde los cuales pudiera transmitir mi experiencia y organicé charlas con el fin de contagiar con mi historia de vida. Incluso, busqué ir más allá, pensé en la ayuda social. Todo para aportar mi granito de arena y, así, generar un cambio cultural y dejar una huella en la sociedad”, comenta.
 Hoy, ya casado y con una hija, Crismanich pertenece a la Comisión de Atletas del Comité Olímpico Argentino, es presidente de la Federación Correntina de Taekwondo, ha desarrollado un programa nacional de detección de talentos con el que recorre el país, abrió academias de su deporte con su hermano mayor (Mauro), ha disertado en muchas provincias y forma parte de un grupo de deportistas que potencian un programa solidario llamado Huella Weber.