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El Torino y el otro San Martín

El auto argentino por excelencia fue el fruto de un sorprendente desarrollo tecnológico alcanzado por la Argentina a partir de la semilla sembrada quince años antes por el brigadier Juan Ignacio San Martín. Esta es su historia, conectada por hilos no tan invisibles con la del famoso deportivo de cuño nacional. 

José Luis Zampa

Hace pocos días el Torino, auto argentino por excelencia y cenit de la industria nacional, cumplió 56 años. Nunca más un desarrollo criollo lograría tanto prestigio a nivel global y es por eso que se ha escrito tanto sobre un vehículo que trascendió los fanatismos, razón por la cual sigue siendo motivo de indagaciones como la que a continuación abordaremos.

Todo tiene un origen. Los cada vez más escasos detractores del famoso modelo de la desaparecida IKA alegaron siempre que el diseño partió de un Rambler norteamericano, y es cierto, ¿saben por qué? Hay muchas razones para que así haya sido, pero la respuesta más profunda a tal interrogante direcciona el sentido de este informe y abre una puerta pocas veces iluminada: la historia del brigadier Juan Ignacio San Martín.

Fue el afán industrialista del que para muchos es el segundo San Martín más importante de la historia argentina (el otro por supuesto es el Libertador de América) la razón primigenia por la cual el legendario deportivo de cuño nacional tuvo como punto de partida un modelo estadounidense. Más concretamente, un Rambler 440H cuya plataforma fue mejorada en materia de diseño y desempeño al punto tal que el Torino nacional se convirtió lisa y llanamente en otro auto. Sin dudas superior a su ancestro.

El San Martín de esta crónica (que no guarda relación de linaje con el prócer del siglo XIX) fue un ingeniero aeronáutico graduado en el Instituto Politécnico de Italia, hasta donde había sido enviado por la Fuerza Aérea Argentina para sembrar la simiente del progreso aéreo en nuestro país.

A su regreso, desarrolló actividades en el Instituto Aeronáutico de Córdoba (apenas una oficina con presupuesto escaso en ese entonces) hasta que la llegada de Juan Domingo Perón al poder le permitió acercarse a su gran objetivo. 

El presidente (con quien guardaba afinidad por haber estudiado ambos en Italia) le propuso una estrategia de posicionamiento político en la Docta, razón por la cual San Martín se convirtió en gobernador de esa provincia en 1949.

Desde la Gobernación de Córdoba, articuló acciones para gestar el núcleo industrial más gravitante del país en el siglo pasado: Iame (Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado), entidad que fundó con respaldo del poder central y a la que presidió al finalizar su mandato como gobernador. De allí saldrían éxitos como el tractor Pampa, la pick up Rastrojero, la moto Puma y el deportivo Justicialista, además de los aviones a reacción Pulqui.

Pero San Martín entendía que no todo podría ser motorizado desde el Estado y salió a buscar inversores extranjeros. En una recorrida por Norteamérica, las marcas tradicionales dejaron pasar sus ofrecimientos, pero el osado Henry J. Kaiser, magnate automotriz ensombrecido por el crecimiento de las grandes de Detroit, aceptó el convite del militar argentino sobre la base de dos tentadoras condiciones: exenciones impositivas y la experiencia adquirida por Iame como epicentro de la metalmecánica argentina.

Henry Kaiser, hay que decirlo, enfrentaba por ese entonces la disolución de Kaiser-Frazer (la empresa que había creado junto con Joseph Frazer), por lo que vio en la oferta de San Martín una tabla salvadora. Evaluadas las condiciones de ambas partes (el propio Henry y el gobierno peronista), el acuerdo preliminar quedó cerrado en 1951 y tres años después, en 1954, se constituyó Industrias Kaiser Argentina con un aliado fundamental: el socio local Iame.

A partir de 1955 se comenzaron a importar los primeros Kaiser Manhattan (hermano directo del auto que luego se presentaría en el país como Kaiser Carabela), mientras se construía la fábrica en un predio que el Estado había cedido en el barrio cordobés de Santa Isabel.

Pero a los pocos meses, el 16 de septiembre de 1955, el gobierno de Perón era derrocado por la llamada Revolución Libertadora, que a pesar de las profundas diferencias con el régimen depuesto decidió continuar con la idea de San Martín (quien se exilió algunos meses en Uruguay para luego ser encarcelado en la Argentina). Así fue como, a partir de 1956 salieron de la planta de Santa Isabel las primeras unidades de Jeep IKA, luego la Estanciera, junto con el lujoso Kaiser Carabela y posteriormente las distintas series de Rambler, en acuerdo con American Motors (AMC) de Estados Unidos.

Fue durante la primera mitad de la década del 60 cuando comenzó a gestarse la idea de un auto netamente argentino que se adaptara a la estética europea que había prendido con fuerza en la preferencia del consumidor nacional. James McLoud (titular de IKA), Juan Manuel Fangio, Batista “Pinin” Farina, entre otros notables de la época consumaron así la epopeya industrial que derivó en la concepción del Torino, consagrado como símbolo patrio con la famosa carrera de las 84 horas de Nürburgring.

La historia es conocida. Pero en medio de tantos relatos y homenajes a los pioneros que comandaron la gestación del auto argentino que hasta el día de hoy gana fanáticos y despierta suspiros en las calles, mencionar la participación estratégica del brigadier San Martín en la llegada de IKA al país es hacer justicia.

La paradoja del 66

El brigadier Juan Ignacio San Martín optó por el exilio en Uruguay tras el derrocamiento de Perón, pero enterado de las graves acusaciones por corrupción que el gobierno dictatorial había impulsado en su contra, decidió volver al país para enfrentar las diatribas judicialmente. 

A las pocas horas de tocar Buenos Aires fue encarcelado, primero en un buque de la Armada y luego en el famoso penal de Magdalena, desde donde ofreció pruebas de la transparencia de su gestión. Recién en 1958 fue liberado sujeto al proceso judicial (ya era presidente el correntino Arturo Frondizi). En 1960 San Martín fue absuelto de culpa y cargo por tribunales legítimos, pero su salud estaba quebrada. En 1966, mientras nacía el Torino, el gestor de la llegada de IKA al país moría de un derrame cerebral.

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