El campo ha vuelto a relucir en medio del panorama desolador de la economía y de la desorientación permanente. La producción agrícola expuso su potencia y su porvenir en el predio municipal de San Nicolás, sobre la Ruta 8, donde Expoagro acogió a 600 expositores.
Las notas distintivas del acontecimiento fueron tres. La primera se caracterizó por la convergencia colectiva de empresas y gentes que habían dejado de verse en este mismo lugar, en marzo de 2020, cuando Expoagro debió cerrar sus puertas un día antes de lo anunciado. Comenzaba la epidemia de tantos estragos causados en la humanidad.
La segunda ha sido el concierto de avances notables en la agricultura de precisión en el transcurso de dos años. La maquinaria agrícola es más potente, tiende a consumir menos combustible y ofrece más soluciones específicas al requerimiento de los usuarios. En el Tecnódromo de Expoagro un censor suizo de ondas electromagnéticas, enganchado a una pick-up se deslizaba sobre el terreno transmitiendo información sobre el grado de compactación del suelo y estado de las diversas variables que importan en la producción agraria, como grado de acidez y porcentajes de fertilidad química.
La tercera nota en conferir identidad propia a la muestra fue la expansión del concepto de que el mundo inquiere de forma creciente cómo se producen los alimentos que consume. La indagación deriva en premiar de diversos modos a quienes producen según las mejores prácticas agronómicas y de cuidado ambiental, y todo se va tiñendo así de verde en las relaciones entre campo y ciudad.
Solo el grito airado de una mujer, pronunciado desde lejos contra la presencia del gobernador de Buenos Aires se oyó como expresión de intemperancia entre el gentío que recorrió la muestra. En la versión de 2020, grupos de productores autoconvocados produjeron en las afueras del predio incidentes de protestas dirigidas a la política agropecuaria del kirchnerismo.
No fue este el caso. Hubo, como siempre, una cálida acogida a las autoridades de las representaciones institucionalizadas del campo, de manera particular para la Mesa de Enlace, que incluye a la Sociedad Rural Argentina, Confederaciones Rurales Argentinas, Coninagro y Federación Agraria. En esta edición, se dispensó la bienvenida cordial que correspondía a la presencia de figuras del elenco gubernamental, que fue de mayor relieve que en oportunidades anteriores del ciclo kirchnerista.
El ministro de Agricultura y Ganadería de la Nación, Julián Domínguez, pronunció un discurso satisfactorio para los productores y fabricantes de maquinaria agrícola. No se esperaba algo distinto del funcionario de más alto nivel que se definió una vez más como puente hacia el campo y la producción en general desde el espacio público oficial. El año último las actividades agropecuarias aportaron al país por vía de exportaciones unos 32.800 millones de dólares, pero el Estado extrajo de sus productores, sin embargo, 9.311 millones de dólares por retenciones, en una política discriminatoria casi sin parangón en el mundo.
Los otros dos funcionarios más destacados presentes en San Nicolás no desentonaron, en realidad, con aspectos esenciales de lo dicho por Domínguez. Los diferenció de este haber dado rienda suelta con algunas expresiones a la irrealidad de la burbuja en que suelen encerrarse. En la comida de apertura, el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, mencionó la política oficial contra la pandemia como uno de los fenómenos que posibilitaban la muestra.
El comentario general fue que olvidó las imperdonables irregularidades con las que se instrumentó esa política.
En el caso de la participación en el encuentro de dirigentes y legisladores de la oposición debe anotarse algo llamativo. Fue el estruendoso aplauso que recibió de parte del gentío el expresidente Mauricio Macri a medida que recorría la muestra.
El campo ha demostrado una vez más que con su acción, pone al país en marcha.