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Odio

Domingo, 15 de enero de 2023 a las 02:39

Por Adalberto Balduino
Especial para El Litoral

Comenzó hace mucho tiempo. La historia misma en cada escena de sus capítulos, deja entrever esa bronca mal nacida. Muchas pasiones se dieron como el mar contra el farallón, dándose de lleno hasta donde el odio es capaz de hacer añicos.
Está en el hombre componiendo parte de su mal carácter, ya desde que nace se las ingenia para guerrear contra su hermano de especie. Es una maldad bien guardada que crece cuando el odio se desmadra, rompe vallas, convierte en tragedias. Cruel en su naturaleza.
La política que todo lo puede, eso es lo malo porque se permite el todo donde se acurruca el odio. En ella se potenció perdiendo los estribos, sin importar hacia dónde va a parar.
No hace mucho. Hizo piedra libre como justificación injustificada, esgrimiendo afiches con fotos de periodistas jugados que no aceptaban el relato, porque la dignidad aún primaba, invitándose a que se los escupa, se los defenestre y humille como pelotón público de fusilamiento.
Si bien, algunos han olvidado, sacados de contexto, se trata del mismo odio bautizados por ellos mismos, los gestores, como “odiadores”. Esto me viene a la memoria cuando los mismos se rasgan las vestiduras, cuando en realidad su cambio de rol por alterar el eje de la historia que siempre ejercen cuando no les conviene, resultando siempre ser los otros los culpables. Es como el dicho popular que afianza una realidad contradictoria pero cierta: “El muerto se asusta del degollado.”
Todos los años la fundación Nieman de la Universidad de Harvard, establece su mirada en trazar una prospectiva cómo nos irá periodísticamente hablando conforme las noticias que se sucedan durante el año. El periodista, Juan Antonio Giner, del Diario “La Vanguardia” de España, en base a ello elaboró un artículo.
Del mismo podemos evaluar como concepto vital, cuando se afirma: “Un periodista es un contador de historias que inquietan, emocionan y hacen pensar.”
Es decir que su rol es ver tal cual, no inventar por conveniencia. Dicho de otra forma, la historia la proporcionan ellos, los medios la cuentan.
También es cierto como lo decía Julio Cortázar: “Si algo sabemos los escritores es que las palabras pueden llegar a cansarse y a enfermarse, como se cansan y se enferman los hombres o los caballos. Hay palabras que a fuerza de ser repetidas, y muchas veces mal empleadas, terminan por agotarse, por perder poco a poco su vitalidad”. La verdad en modo relato se repite tantas veces que ya poco la
creemos, porque la realidad en la Argentina de hoy no es dinámica, se expresa caprichosamente, saltea vallas, se contradice y retrocede, se modifica como midiendo la temperatura política, que denotan estar agotadas y habernos agotados nosotros también porque las “agachadas” no tienen límites, hace tiempo cruzó la raya de la certeza.
Ya lo reafirmaba Dante Panzeri, cuando advertía como consecuencia: “Todo periodista tiene que estar preparado para perder amigos. El Periodista es y debe ser un descontento.” Y, en cuanto a él, expresaba: “No escribo donde quiero, pero nunca escribo lo que no quiero.” Y, refrendaba a la profesión, remarcando: “El periodismo es el cumplimiento de la obligación de enseñar a pensar a la gente.”
Pensar, esa mágica palabra que pone en movimiento el criterio, apela al sentido común.
“La vida te da sorpresa… sorpresa te da la vida”, como se pronuncia Rubén Blades en su hit “Pedro Navaja”; el domingo pasado coincidente con la toma de edificios gubernativos de Brasilia por parte de “Bolsoneristas pidiendo el cese del Gobierno de Lula, justo al cumplirse una semana de haber accedido a la Presidencia, muchos protagonistas de la política argentina, en especial quienes forman parte actual del gobierno, agotaron la palabra democracia aborreciendo los desmadres, cuando permanentemente se da muestras que les faltaría un curso acelerado sobre ella.
Sin embargo, contradictoriamente al ámbito democrático, no se puede hablar de “odiadores” porque dicen y motivan a pensar, poniendo en dudas a periodistas serios ajenos al fanatismo y la militancia, en salvaguarda y en cumplimiento de su rol de no habilitar relatos. Avalar juicio a la Corte, de toda esa trama que mortifica y preocupa por el doble discurso, porque no allanan ni tranquilizan, sino que “encarajinan” aún más la difícil cuesta institucional.
Ralf Schuler, en su libro: “Dejadnos ser populistas”, tira una idea que refleja cabalmente algo que lo conocemos por repetitivo: “Debemos admitir que el populismo es la especia y el ingrediente básico de la política. El populismo es útil porque muestra una brecha de representación, una deficiencia de la democracia y una señal de alarma. Todos los políticos dicen representar a la gente, hacen promesas insostenibles y promocionan soluciones demasiadas fáciles para problemas demasiados complejos.”
En el año 1950, la escritora Ayn Rand, pinta exactamente estos estados benévolos donde los principios se han volado hace tiempo: “Cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada: cuando comprendas que el dinero fluye hacia quienes no trafican con bienes sino con favores: cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y por las influencias más que por su trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti: cuando descubras que la corrupción recompensada y la honradez se convierte en un auto-sacrificio, entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada.”
Cuando comprendamos que más que lados, derecha o izquierda, debemos poner en la balanza, la honestidad, la verdad por encima de relatos ficcionales, el empeño de un plan donde estemos todos incluidos, aprendamos que el fanatismo no es conducente, cuando la ley sea una para todos, cuando sepamos que ningún líder es el iluminado, que el todo es la suma, donde trabajar y estudiar constituya el camino y no otro, seguramente entonces estaremos acariciando el estado armónico. Cuando depongamos los odios naturales y armados, seremos antes que nada mejores personas, mejores ciudadanos. Mejor país.

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