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/Ellitoral.com.ar/ Especiales

Hollywood de entre casa

Lo que fue capaz de hacer la televisión argentina en su proyección evolutiva, ha sido heroico y memorable hasta la mediocridad de nuestros días. 

La televisión Argentina, llegó a ser más que eso. Por el tratamiento. Por el emprendimiento de grandes producciones. Por elencos memorables que fueron escuela para aprender y entretener, con nivel jamás igualado en cuanto a jerarquía de concepción y puesta.

Como soy enamorado de los medios. Específicamente bien hechos. No para embrutecer, sino formar e informar. Mucho más aún por acompañarnos en todos los ambientes de la casa, cuya practicidad no se discute.

Por esa inclinación muy mía, tengo en mi biblioteca una edición especial y única, destinada a gente del ambiente. Se trata de un libro de gran formato a todo color, no a la venta pública, que editara ATA (Asociación Teledifusoras Argentinas), cuando cumplió 40 años de prolífica vida de gestión privada.

En su prólogo, su Presidente, Carlos Fontán Balestra, dice “La Televisión Privada cumple 40 años. En 1959, se otorgaron las licencias para la emisión de tres nuevos canales: 9, 11 y 13 y un año más tarde se efectuaba la primera transmisión, en los estudios del viejo Canal 9, la Asociación de Teledifusoras Argentinas (ATA) para acompañar  este nuevo desarrollo  que acompañaría a la incipiente televisión pública, surgida siete años antes, en 1952.”

Hubo nombres claves que impulsaron, Don Jaime Yankelevich (Canal 7), el cubano Goar Mestre (Canal 13), enamorado de la Argentina, tierra que eligió vivir. Alejandro Romay (Canal 9), “el gallego”, como cariñosamente lo llamaban a Héctor Ricardo García (Teleonce). Y los jóvenes, Gustavo Yankelevich (Telefé), y Hugo Di Guglielmo (Canal 13) que aportaron cada cual con lo suyo.

Eran tantas las producciones que entre Actores y Técnicos, mancomunados a tan hermosa tarea, constituían verdaderamente una muchedumbre que vivía a pleno de ella.

Revistas especializadas que habían aflorado a su merced dando cuenta a todo ese mundo encantado, llegaban a los hogares situando programaciones como noticias inherentes a ese nuevo y mágico entretenimiento.

Recuerda el libro las novelas y sus títulos que se hicieron cómplices del romanticismo: “El amor tiene cara de mujer”, “Muñeca brava”, “Cuatro hombres para Eva y “Piel naranja”, “Celeste”, “Rolando Rivas taxista”, “Amor a toda hora”, “Muchacha italiana viene a casarse”, “Papá corazón”, “Amor gitano”, “Todo el año es navidad”, “Nino”, “Me llaman gorrión”, “Malevo”, “Un mundo de 20 asientos”, “Rosa de lejos”, “Cuando vuelvas a mí”, “Me llamo Julián, te quiero”, etc.

“Capitán  Piluso”, con un inefable Alberto Olmedo, exultante diciendo textos de doble intención que los improvisaba sobre la marcha. “Pepe” Biondi con su ciclo de exitosos programas saludables de humor. “Tato” Bores con sus magníficos monólogos. Jorge Porcel con Portal. “Pepito” Marrone. Dringue Farías. Juan Carlos Altavista. Carlitos Balá. Cacho Fontana y “Odol Pregunta”. Bernardo Neustand con Mariano Grondona en “Tiempo Nuevo”, etc.

Lo que si puede adelantarse como opinión crítica, es que entonces el nivel logrado, por artistas, guionistas, técnicos y productores, ha sido muy superior a la superficialidad que la mediocridad ha ido construyendo.

Pinky, Héctor Coire. Juan Carlos Rousselot con “Noticiero Alpargatas”, “Realidad 82, con Pérez Loizeau y Andino. Néstor Ibarra con Mónica Gutiérrez. Mónica Mihanovich con Andrés Percivale. César Mascetti.  Los informados y correctos Maidana con Sergio Villaroel. Oscar Otranto, la muy productiva “Blackie” Efrom, etc.

El inquieto Nicolás “Pipo” Macera con sus Sábados continuados”. “El club del Clan”, con Palito Ortega, Chico Novarro, Lalo Fransen, Jhonny Tedesco, Raúl Lavié, Violeta Rivas, Niky Jones, Joly Land, etc.

El aporte renovador de las series extranjeras: “El Zorro”, “Misión Imposible”, “Dallas”, “La isla de Guilligan”, “Viaje a las estrellas”, “La Familia Ingals”, “Lassie”, “El Súper agente 86”, “Mork y Mindy”, “Las historias de Daniel Buone”, “Chips”, “Los Beverly Ricos”, “Ladrón sin destino”, “Yo quiero a Lucy”, “Daktari”, “Mujer maravilla”, “La caldera del diablo”, “El agente de Cipol”, “Los locos Adams”, “El Zorro”, “Starsky  y Hutch”, “Dinastía”, “El fugitivo”, etc.

Indudablemente, esto es una recordación a grosso modo, porque si bien entonces la televisión marcaba los primeros 40 años, ya entonces un libro con la buena intención de memorar a todos quienes estuvieron en la previa de su lanzamiento como en su desarrollo, toda minuciosidad fue desbordada por la realidad dinámica de tan cambiante rubro.

Lo que si puede anticiparse como opinión crítica, es que entonces el nivel logrado por artistas, guionistas, técnicos y productores, ha sido muy superior a la superficialidad que la mediocridad ha ido construyendo hasta ahora donde pensar es un sacrificio que mutila el ingenio.

Como si de pronto se acabaron las ideas, se agotaron los textos, concluyeron los buenos elencos en vías de una televisión vacía de creatividad, burda y cada vez menos inteligente.

Carlos Fontán Balestra como Presidente entonces de ATA, Asociación de Teledifusoras Argentinas, concluía su prólogo celebrando los primeros 40 años, que entonces prometía dado los valores brindados por el espectáculo que, si bien popular, excedía de calidad lo que determinaba una vía cultural de jerarquía.

“Confiamos en que este recuerdo, que quiere ser un verdadero agradecimiento, recree en nuestra memoria y en nuestro espíritu los primeros cuarenta años de la televisión privada y nos prepare nuevas emociones  para el siglo y el milenio que asomarán también por la pantalla.”

Fuimos testigos de ello, sin ignorar el bajo nivel presente, reafirmando que sigue siendo un medio de inmediatez de imagen y audio ideal capaz de honrar a los pioneros. El mejor testimonio de agradecimiento y homenaje a ellos.

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