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Abajo las ideologías

Las ideologías han marcado el planeta, en especial Sudamérica. Enfrentamientos desalmados que produjeron divisiones. Luchas estériles, cuando en realidad son útiles o inútiles.

Domingo, 26 de febrero de 2023 a las 00:00

Siempre no dijeron nada, y si dijeron, dividieron, separaron, marcaron dos formas de pensar diametralmente opuestas, aunque ambas social y políticamente nunca fueron justas como lo proclamaron en discursos, pancartas, principios arrastrados por el viento del tiempo inexorable.
El hartazgo entre derecha e izquierda instauraron dos filas que daban vuelta al planeta, en la forma de pensar no exento de extremismo y justicia social, que ambas se desgañitaban por demarcar la cancha.
En nombre de ellas se cometieron atrocidades que, si bien se constituían en trofeos para cada una, no era el todo sino lo que quedaba de una férrea guerra sin final.
De qué vale extrema derecha y extrema izquierda, después de haber pasado en la Argentina y América, callando al hermano, desapareciéndolos, poniendo bombas que estallan en las moradas de los propios sin importar la familiaridad de nuestros domicilios. En nuestro país, en nuestro propios países, porque la guerra desatada no tuvo miramientos para parentescos, consanguinidad compatible, entre nosotros, prevaleciendo siempre derecha o izquierda.
Todo queda invalidado, cuando extenuados de tantos enfrentamientos estériles, los países son divididos y separados, como lo fue la titánica obra discriminatoria del Muro de Berlín. Obra que más de orgullo es vergüenza, se inició en el año 1961, cortando de cuajo la circulación de Alemania Occidental con Alemania Oriental, la derecha de una y la izquierda de otra.
Las cosas que siempre tienen un final esforzadamente feliz, más bien un poco tarde pero no en vano su repercusión hizo que la esperanza volviera a imaginar mejores tiempos. La añorada reunificación alemana se cumple el 9 de noviembre de 1989.
El 25 de noviembre del mismo año, la música trae un sagrado compromiso que la reunificación sea un altar de promesas cumplidas, donde vivir signifique paz y los sueños tengan asidero.
Un simbólico concierto a cielo abierto sobre el escenario mismo que los dividió por ideologías diferentes, emprendió un mensaje de reencuentro, hermanados como tales.
El maestro Leonard Berstein al frente de una gigante Orquesta Sinfónica compuesta por músicos Occidentales y Orientales, emprendieron el sagrado camino de unión, interpretado la Novena Sinfonía de Beethoven, “Oda a la Alegría”, como un canto de verdadera unión. Nosotros, como siempre, nos estamos aprontando a emitir el sufragio universal, buscando salidas, promesas veraces de personas probas si es que las hay no simples cuenteros de politiquería barata, donde los discursos y el cotillón de “la fiesta inolvidable”, repite una vez más sus mejores éxitos.
Debemos dejar las ideologías por la etiqueta simple pero contundente de: buenos o malos. Capaces o incapaces. Con esas denominaciones queda claro, y se desvelan solitos sus incapacidades de cubrir cargos, pilotar un país.
A propósito, Jhon William Wilkinson, decía como anticipo de cualquiera de ellas: “Año de elecciones, año de despilfarro y disparates a discreción.” Es el momento justo cuando se rompe la coherencia para esparcir el despilfarro y los disparates a discreción.
Es como una muestra desmadrada de hasta dónde son capaces de llegar. Duele ver cómo la calidad de vida ha bajado por cometer, siempre, los mismos errores. Y uno, de tener dos dedos de frente, no puede dejar pasar desapercibido. Tal vez como consecuencia de lo que el estudioso, Christopher Clark, opina: “Sólo es otra construcción mental colectiva. Y cada régimen, cada ideología se fabrica un tiempo y una historia a su medida”, que es su propia realidad imaginada y desprolija.
Preocuparnos por los demás es pensarnos el todo que cada uno está condenado a llevar, y duele casi siempre la falta de apego, esa cuota necesaria e imprescindible de solidaridad para equiparar las cosas.
El cantautor cubano, Pablo Milanés, lo explica en uno de sus temas lo que la abstracción nos aleja del problema de los demás: “La vida no vale nada. La vida no vale nada / cuando otros se están matando / y yo sigo aquí cantando / cual si no pasara nada.” /
Eduardo Galeano, el poeta y periodista uruguayo, le ponía letra a cada situación de la forma más descarnada, y como certera se cobraba el precio de la aberración de las sociedades, no siempre justas, tremendamente injustas:
“A diferencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la caridad se practica de arriba-abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder.
Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen.
Este es un mundo que te domestica para que desconfíes del prójimo, para que sea una amenaza y nunca una promesa.”
El cambio de paradigma de bueno o malo, capaz o incapaz, en vez de izquierda o derecha, aportaría a la ideología algo más próximo a la realidad. Su advenimiento sería como el cuaderno único flamante recién comprado, con olor a nuevo, dispuesto a contener mil enseñanzas que forme a los jóvenes donde los extremos ya no sean una bomba, sino estrellitas de colores que le pongan luz al futuro. Donde el proceder sea la mano correcta del mañana por andar.

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