El bioquímico Mariano Barbacid sabía desde el día 12 de marzo que su estudio sobre la cura del cáncer de páncreas en ratones iba a ser retirado por la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, según demuestran documentos revisados por este periódico. En una carta fechada ese día, May R. Berenbaum, jefa editorial de la revista PNAS, le comunicó a Barbacid que su condición de cofundador y copropietario de la empresa Vega Oncotargets, dedicada a la explotación comercial de los resultados de sus investigaciones en cáncer de páncreas, constituía un conflicto de interés que no había sido revelado. Por tanto, continuaba la misiva, el estudio sería retirado.
A pesar de esto, la campaña de recogida de fondos de donantes privados organizada por la Fundación Cris Contra el Cáncer para financiar los siguientes pasos de la investigación del equipo de Barbacid —que no avisó a la fundación— siguió adelante durante mes y medio, recaudando millones de euros en donativos que cualquier persona podía hacer por internet o por Bizum.
El científico dirige el Grupo de Oncología Experimental en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), centro público dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, que dirige Diana Morant. En su laboratorio se realizaron la mayoría de experimentos recogidos en el estudio, que mostraba 45 roedores curados de cáncer de páncreas gracias a una triple terapia experimental. En abril de 2024, Barbacid cofundó la empresa Vega Oncotargets junto a dos de sus colaboradoras científicas y otros socios para perfeccionar al menos una de esas moléculas y explotarla comercialmente si resultaba efectiva. El estudio lo envió a PNAS en agosto de 2025, pero según su versión, ni se le ocurrió que ser fundador y copropietario de esa compañía pudiera constituir un conflicto de interés, según explicó el martes en el Telediario.
El estudio se publicó en la revista de la Academia Nacional de Ciencias el 27 de diciembre de 2025 y pasó desapercibido hasta que, el 27 de enero, la Fundación Cris organizó una rueda de prensa en la que Barbacid explicó los prometedores resultados del estudio en ratones y pidió apoyo para continuar investigando en esta línea. Junto a él participaba una enferma de cáncer de páncreas, a pesar de que el tratamiento experimental era inviable dárselo a pacientes y que la investigación estaba en un momento muy preliminar.
La noticia de que el equipo había curado el cáncer en roedores se distorsionó en sucesivas rondas de entrevistas de Barbacid en televisiones, donde no aparecían nunca las otras dos responsables del estudio, sus colegas del CNIO Carmen Guerra, investigadora senior, y Vasiliki Liaki, investigadora postdoctoral. La Fundación Cris, que financia las investigaciones de Barbacid, inició el 31 de enero una campaña de recogida de fondos específica para apoyar los siguientes pasos del equipo.
Barbacid conoció la retirada del estudio al menos a partir del 12 de marzo, pero no informó de ello a la Fundación Cris, que siguió recaudando dinero de donantes. Tampoco lo notificó al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, que financia el estudio y paga su sueldo como investigador de un centro público. La campaña de recogida de fondos seguía abierta este martes, con una cantidad total acumulada de 3.685.420 euros, por encima del objetivo prefijado de 3,5 millones de euros. Este miércoles, el enlace a la campaña ha desaparecido de la web de la Fundación Cris. Hasta el inicio de esta colecta, el grupo de Barbacid había dispuesto de casi 11 millones de euros de dinero público de España y la Unión Europea, y de unos dos millones de euros aportados por la Fundación Cris. Desde 2024, Barbacid es presidente de Honor Científico de Cris, una organización fundada por Lola Manterola tras superar un mieloma múltiple que ha recaudado 64 millones de euros en sus 15 años de vida para invertirlos en la investigación oncológica en instituciones públicas, según sus propias cifras.
Esta organización privada estudia ahora qué hacer con el dinero recibido. Es posible que parte vaya al CNIO y otra a Vega Oncotargets, que se encuentra en una situación financiera muy comprometida, y podría tener que cerrar en apenas dos meses por falta de fondos, según explican fuentes cercanas a la compañía. La sede de esta firma es una casa de vecinos en una calle de Salamanca. Todo el trabajo científico de la empresa —el desarrollo de moléculas propias para degradar la molécula STAT3— lo hace un solo químico que trabaja como autónomo. La inyección de capital que podría llegar ahora si la Fundación Cris decide finalmente aportar los fondos, podría salvar la compañía de la quiebra, darle dinero para contratar a ocho químicos y cubrir su trabajo durante unos dos años, según las mismas fuentes. En la campaña original, no se menciona en ningún momento que los fondos irían a parar a una empresa que es propiedad de Barbacid y sus socios.
Barbacid no ha contestado a las llamadas y correos electrónicos de este diario para conocer su versión. La Fundación Cris ha declinado hacer comentarios.
El entorno del científico resta importancia a no haber comunicado la retirada del artículo. Carmen Guerra, mano derecha del bioquímico y coautora de la investigación, explica que cuando conocieron la decisión de la Academia Nacional de Ciencias, lo tomaron como un “problema administrativo”.
Barbacid había presentado el trabajo como colaborador por su calidad de académico de esta institución, una distinción que solo otros siete científicos españoles vivos atesoran. Esto le daba acceso a una revisión algo más laxa. La carta de PNAS del 12 de marzo era tajante: “Los editores retractan este artículo debido a un conflicto de intereses relevante no declarado en el momento de la presentación. El autor contribuyente miembro de la NAS, Mariano Barbacid, y dos coautoras, Vasiliki Liaki y Carmen Guerra, tienen intereses financieros en Vega Oncotargets”. “La política editorial de la NAS para las contribuciones presentadas por sus miembros establece que los miembros de la academia que tengan un conflicto de intereses, financiero o de otra índole, que pueda considerarse que influye significativamente en su objetividad o genere una ventaja competitiva injusta para cualquier persona u organización vinculada con la investigación, deben presentar su trabajo como una presentación directa ”.
Básicamente, explica Guerra, “la revista estaba diciendo que habíamos ido por la ventanilla A, y teníamos que ir por la B”. La científica del CNIO dice que el equipo no pensó que ser copropietarios de Vega Oncotargets pudiese suponer un conflicto de interés, ni que el problema de la retirada del trabajo y el conflicto de intereses fuese algo importante como para notificarlo a Cris. Esta decisión probablemente hizo que el contador de la recaudación siguiese aumentando hasta ayer. La farmacóloga del CNIO recuerda que el contenido de la investigación no ha perdido validez y explica que el equipo ha vuelto a presentar el estudio a la misma revista.
Mariano Barbacid posee el 9,77% de Vega Oncotargets. Carmen Guerra tiene el 5,15% y Vasiliki Liaki el 1,43%. El administrador único es el químico Gerardo Gutiérrez, que a través de su empresa Gutinver S.L. posee el 24,33%. La sociedad de inversiones de la Junta de Castilla y León, Sodical, tiene otro 24,33%. El CNIO posee el 5% y la Fundación Cris el 5,19%. También figura en el accionariado la Fundación Hermanos Álvarez Quirós, una entidad creada con 1,5 millones de euros de una herencia familiar de la que Barbacid fue patrono fundador junto con José Ignacio Fernández Vera. Este último fue fulminado de su puesto de directivo en el CNIO por su posible implicación en la trama corrupta que está investigando la Fiscalía Anticorrupción, y que tenía como presunto cabecilla al exgerente, Juan Arroyo. La trama pudo estafar unos 30 millones de euros, el mayor caso de corrupción de la ciencia en España. Mariano Barbacid, que fue el primer director del CNIO y trabajó codo con codo con Arroyo durante años, sigue defendiendo la actuación del antiguo gerente.
Barbacid y sus colaboradores también podrían haber violado el código ético del CNIO al no declarar abiertamente sus propiedades. Fuentes del CNIO explican que están estudiando las medidas que se tomarán respecto a esta situación.
(Con información de El País)