Fue justamente ese medio de comunicación el que lo acercó a los pequeños que hoy masivamente integran su club de admiradores. Fue a través de una pantalla cuando este cordobés, “del interior del interior” como gusta repetir, pudo compartir la frescura de sus canciones que corearon los niños, imitaron los adolescentes y festejaron los papás que siempre llevan la inocencia colgando en la mochila de la vida.
La tarde en Goya casi recién estrena las sombras y la palabra con El Litoral es una pausa antes de partir a la prueba de sonido “para que los chicos no me vean sin maquillaje”.
“Muchas veces criticaron mi conducta al ocultar mi verdadera identidad amparado en el disfraz de payaso, pero muy pocos entendieron que ello obedece más a una cuestión de respeto por el público infantil que se sentiría desilusionado al comprobar que este señor común y corriente que es Fabián Gómez, es al mismo tiempo quien los hace reír desde una canción”, sostuvo.
Señaló asimismo que “no diría que me preocupa pero si que ‘me ocupa‘ la exposición exagerada y fui testigo presencial y subjetivo de la desazón de los niños al verme ‘despintado‘. Los mismos medios que me apoyaron en un principio, se encargaron luego de generar un conflicto de identidad que no supe manejar. Este sistema es perverso, crea sus propios ídolos y los mata según convenga. Daba más rating decir que a Piñón Fijo le molestaba la fama y el acoso, que enfocar el supuesto problema desde la óptica infantil”.
Fabián Gómez tiene 39 años que parecen muchos menos y nació en Dean Funes, al noroeste de la capital cordobesa. Hace ya quince años que trabaja de “payaso”, aunque primero lo hacía en las céntricas calles de los pintorescos paisajes de Carlos Paz y otros centros turísticos. Como un “juglar” del siglo XX, componía canciones con ritmo de folklore o de trova cubana y rosarina y si bien le encantaba esa actividad, fue sumando sus aptitudes de mimo y de clawn para crear el querido personaje de “Piñón Fijo”.
“Me pinté la lágrima de mimo y la boca grande de payaso. Pero también puse mi carisma de muchacho de pueblo y el gran amor que siento por los niños. Esto no fue un producto comercial por eso continúo el camino aunque las luces de la fama, que muchas veces son efímeras, se hayan desvanecido en apariencia. En esta meseta que estoy viviendo, no tengo la abstinencia del supuesto éxito y la supuesta gloria que el mismo sistema inventa”, aseveró.
De gira por el interior del país hace casi 4 años, Fabián Gómez no quiere quedarse en el aplauso fácil y urgente y por eso sale a buscarlo con el mismo ímpetu de los primeros pasos.
Sencillo y franco en el decir, confiesa que se sigue emocionando y sigue vibrando en cada show, quizás ahora con un gozo mayor porque “tomé conciencia de la función que cumplo ante los niños. En este tiempo de infancia tan dispersa, del zaping y la computación, de mucha información pero de poco diálogo, estar en el escenario y ver a un chico de 7 u 8 años con los ojos grandotes escuchando lo que digo, me genera mucha emoción y mucha responsabilidad. Es un mensaje de la vida gigantesco, que me compromete a seguir siendo serio en mi payasada”.