PARA DESTACADO
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Antes de asumir el gobierno, Frondizi tenía en claro que en materia de petróleo el nacionalismo consistía en lograr el autoabastecimiento y no seguir dependiendo de la importación. “La dependencia debilita nuestra capacidad de autodeterminación y pone en peligro nuestra soberanía”, dijo el entonces Presidente.
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El 24 de julio de 1958 el presiente de la Argentina, Arturo Frondizi anuncia un plan para la explotación integral de la riqueza pertolifera de su país.
Así lo consigna escuetamente el capítulo de “Cronología” de la Historia Universal de César Cantú. A medio siglo de ese hecho histórico y con motivo de cumplirse el 28 de octubre próximo el centenario del nacimiento de ese ilustre estadista, creo que los argentinos tenemos el deber de rescatar del olvido las realizaciones más importantes de la gesión de gobierno de Frondizi que alcanzaron metas y marcaron rumbos en la historia nacional.
Como muchas otrs decisiones que tuvo que afrontar el Presidente, privilegiando simpre el interés nacional por encima de cualquier otra consideración de política partidista y aún de arraigadas convicciones personales, Frondizi asumió el desafío de actuar con lealtal a la Nación y aun en desmedro de una postura intelectual sostenida públicamente durante largo tiempo.
Y no fue solamente un gesto de honestidad intelectual, sino un verdadero acto de arrojo que provocó la airada reacción de sectores económicos afectados en su intereses y de todo el arco político opositor al Presidente, desde los propios radicales hasta la extrema izquierda, pasando por los peronistas, conservadores y nacionalistas de distintos signos y matices.
Desde la tribuna partidaria, en la banca de diputado nacional, en artículos periodísticos y en su libro “Petroleo y Política”, Frondizi había defendido una concepción nacional en materia de política petrolera que debió abandonar frente a la realidad inconstrastable de un nuevo escenario del mundo al término de la Segunda Guerra y de la posición relativa del país en ese escenario que imponía actitudes distintas a las que surgían o integraban aquella concepción.
En el programa de gestión elaborado por Frondizi y su equipo, nucleado como se sabe en torno a la revista “QUE”, dirigida por Rogelio Frigerio, se había previsto la cuestión energética en toda su amplitud, incluyendo las grandes obras hidroeléctrica, las usinas nucleares, la promoción y aprovechamiento de la energía eólica y hasta la de briquetas de origen vegetal.
Pero el autoabastecimiento petrolero constituía el capítulo fundamental de esa política por la grave incidencia de la importación de combustibles en la actividad económica del país y en los balances del comercio exterior. Como lo recuerda uno de los funcionarios del área específica: En el momento que llega Frondizi a la presidencia de la Nación se encuentra sin reservas financieras para hacer frente al pago de una masa importante de importaciones y también ante la necesidad de realizar su pregonada política de desarrollo. Se le propone la única solución: recurrir a la colaboración privada de empresas extranjeras para extraer el petróleo argentino en el menor tiempo posible y un cambio de mentalidad en la conducción de YPF para llevar adelante esta nueva política”.
En realidad, antes de asumir el gobierno Frondizi tenía en claro que en materia de petróleo el nacionalismo consistía en lograr el autoabastecimiento y no seguir dependiendo de la importación. Y así lo dice en su mensaje de lanzamiento de la campaña: “El principal obstáculo al avance del país es su estrecha dependencia de la importación de combustibles y de acero. Esa dependencia debilita nuestra capacidad de autodeterminación y pone en peligro nuestra soberanía. La opción es clara, o seguimos en esa situación, debiendo recurrir a una drástica disminución del nivel de vida del pueblo, con su secuelas de atraso, desocupación y miseria, o explotamos con entera decisión nuestras riquezas potenciales para crear las condiciones de bienestar y seguridad en un futuro próximo y cierto”.
Y agregaba: “Hoy habremos de referirnos a una gran batalla, la batalla del petróleo. Es la más ardua y la más decisiva, pero es también la más llena de esperanzas, porque la libraremos en nombre y a favor de la soberanía nacional, con el apoyo del pueblo”.
Esa fue la batalla del petróleo que en tres años de intensa lucha permitió al país lograr el autoabastecimiento, robustecer la acción estatal a través de YPF conviertiéndola en una empresa eficiente, ampliar las reservas y áreas de exploración y explotación y sustituir importaciones con el afecto favorable inmediato en la balanza de pagos, entre muchas otras consecuencias beneficiosas para la economía nacional”.
En los días que corren, de profunda crisis institucional por la falta de auténticas políticas de Estado y de hombres de gobierno con la capacidad necesaria para realizarlas, resulta oportuno recordar la batalla del petróleo, ganada para el país por un correntino que hizo honor a su investidura de Presidente de la República, interpretando con inteligencia y patriotismo la realidad histórica, desterrando concepciones políticas perimidas y asumiendo, con valentía personal y política el desafío del cambio en beneficio del interés nacional.
Y hasta cobra sentido pedagógico para las nuevas generaciones el ejercicio de memoria en torno al hecho histórico que nos ocupa y la lección de voluntad y coraje que irradia marcando un sensible contraste con la realidad actual del país, que ha perdido la posición ganada, dependiendo nuevamente de la importación de petróleo y de gas para satisfacer niveles mínimos de crecimiento y bienestar, sin política energética racional y factible, en un escenario mundial que ha erigido a la energía y con ella a la producción de alimentos en los rubros estratégicos más valiosos del presente y del futuro inmediato.
¿No será el momento de librar una nueva batalla, aprovechando el feliz resurgimiento del poder soberano del pueblo que ha permitido revitalizar responsabilidades adormecidas del Congreso de la Nación?
¿No habrá llegado la hora de utilizar el impulso creador y la fuerza de convicción que emerge de la movilización popular para hacer funcionar los mecanismos institucionales de la República y debatir en profundidad y con amplitud las políticas de Estado, hoy ausentes en la gestión de gobierno, especialmente en materia agropecuaria y energética, dos áreas estrechamente vinculadas entre sí y ambas soportes indispensables del desarrollo nacional?
El pueblo argentino tiene la palabra.
* El autor es abogado, dirigente político. Fue ministro del Superior Tribunal de Justicia.