Como su homónimo Porfirio, el nacido en Siria pero radicado en Roma, que llegó a hacerse célebre comentando y aclarando la producción intelectual del gran Polibio, en la segunda parte del siglo tercero de la era cristiana, nuestro vecino era un hombre dado a las letras y el pensamiento, de sólida cultura más voluntad y acción orientadas hacia nobles y altos ideales. Fue cofundador de la Universidad Nacional de Nordeste, y luego titular de la cátedra de Derecho Político, en la Facultad de Derecho dependiente de esa casa de estudios, en la que se desempeño hasta su muerte, con una perseverancia, desprendimiento y lucidez dignas del mayor de los encomios, asumiendo la función de verdadero maestro, trascendiendo los limites del profesorado.
En las escuelas del medioevo, cuando nacen a la luz las universidades, en el siglo XII, junto a la de Bolonia en Italia, la Universidad de Paris, aparecen los distintos niveles de estudios entonces dedicados principalmente a la Teología, la Filosofía, el Derecho y la Medicina, partiendo del bachillerato, para pasar a la licenciatura y finalmente al doctorado, establecido ya desde entonces como punto culminante de una trayectoria de enriquecimiento espiritual para luego ser volcado al mundo material, siempre con la mira puesta en la realidad, la desafiante, dura y resistente realidad, que en nombre de altas y nobles aspiraciones reclamaba y debía ser transformada. Nuestro amigo, no se limitó a ser profesor, sino que tomó a su cargo la tarea de ser maestro, enseñando también en el doctorado de la Facultad, donde supo constituirse en un referente de su disciplina, la ciencia política, que es ciencia y arte a la vez, impartiendo cátedra y formando discípulos, con su espíritu siempre abierto, incitando a romper moldes y estereotipos, liberando mentes y despertando entusiasmos, convencido de que solamente así, se formaban hombres y mujeres con espíritu crítico, basamento y punto de partida para lograr ciudadanos plenos, libres e in-dependientes. Es que hay una diferencia esencial entre im-partir instrucción y suministrar educación, la maestría es la que engloba estos dos conceptos, él era un maestro de verdad por su caudal de conocimientos y su aptitud para trasmitirlos, a la par que lo hacía desde la calidez de su espíritu y el brillo de su elocuencia, enmarcada en la exaltación de valores y virtudes, tan clásicos como eternas, haciendo escuela, en una disciplina tan ilimitada como apasionante, como es la enseñanza de la ciencia política que en la faz experimental se resume en el arte de gobernar, teoría y práctica que él tanto conocía.
Es que la formación ciudadana es tarea compleja, porque educar es mas que instruir, no se trata solo de impartir conocimientos y llenar conciencias, cual si fuera un recipiente, es más que eso, importa incitar al análisis y la crítica, en suma es encender la inteligencia, generando la llama que ilumina. Porfirio además, desde que abrazó la política y se enamoró de ella, nunca se apartó del sendero que había elegido seguir por vocación de servicio e inclinación espiritual, cautivo como era del fuego que despierta esta pasión, así fue como desde muy joven milita en las filas de la Unión Cívica Radical, en la que participa de sus vicisitudes y vive sus desgarramientos, para al final participar de su reagrupamiento, como que su muerte lo sorprende militando como al principio de su vida adulta, en el partido de Alem e Yrigoyen, institución mas que centenaria, pero siempre vigente.
Allí y mas acá y más allá de la política y la universidad, supo cosechar amigos que no se limitaban a las personas de su generación o a las próximas, sino a los más jóvenes estudiantes, que veían en él al padre portador de conocimientos capaz de suministrar una orientación, una guía o un consejo.- Su calidez, humildad y paciencia hicieron que sus amigos nunca se separaran y siempre lo tuvieran presente, rodeándolo no obstante las dificultades físicas que le trajo aparejado el superar los noventa años de edad, no siendo el tránsito de la última década obstáculo para que fuera apreciada y buscada su presencia patriarcal.
Ya las reuniones matinales de los sábados no volverán a ser como antes, habrá una silla vacía en el bar del Hotel Guaraní, sitio de tantas tertulias animadas y memorables, donde también faltan otros amigos caídos, pero que siempre para los que quedamos, permanecerán como reliquias en nuestras conciencias, pertenecientes a los mejores recuerdos, como que se vive en plenitud solo instantes, y la emoción se enciende con solo rememorarlos.
Cuando un amigo se va, es cierto que queda en los que permanecen un espacio vacío, pero solo en el mundo material, en la conciencia de sus hermanos en el afecto, el solo recuerdo reaviva al caído. Nos pasa con Porfirio a los que fuimos sus amigos, en mi caso, por mas de cincuenta años, su recuerdo nos acompañará siempre, y siendo así para quienes conformamos este grupo y mientras vivamos, su permanencia esta asegurada. Creemos en la superación de la muerte, en este mundo que por si algo se distingue, es por el orden divino y también por el cerrado misterio al que no escapa la muerte.
Por el Dr. Romilio A. Bruzzo