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El misterioso adiós de San Martín

Un hecho increíble se registró en torno a la muerte del general José de San Martín, que trascendió después de ocurrido y para asombro de muchos. La sorpresa devino al descubrir que a la hora de la muerte del héroe americano dos relojes se detuvieron exactamente a las tres de la tarde, hora de su paso a la inmortalidad, sin una explicación lógica ni racional.

ARCHIVO/CACHO MONZON
Por Francisco Villagrán Especial para El Litoral

Por Francisco Villagrán
Especial para El Litoral

La historia nos tiene muchas veces guardados misterios y enigmas que no son develados por falta de interés en leer e investigar sobre algunos hechos que pasan desapercibidos, de no mediar una investigación a fondo de los mismos. Esto es justamente lo que sucedió en torno a la muerte del general don José de San Martín, el héroe máximo, libertador de América, cuando se produjo su fallecimiento en la lejana localidad francesa de Boulogne Sur Mer, donde se había recluido para pasar lo mejor posible sus últimos días sobre esta tierra.
Correntino de pura cepa, dueño de una gran energía y voluntad fuera de lo común, San Martín no podía estar al margen de los grandes misterios de esta tierra guaraní, y eso fue lo que sucedió en su enigmático adiós a este mundo, que causó la sorpresa y el asombro de muchos historiadores e investigadores de su vida, que no lograron hallar una explicación racional y lógica al episodio al cual nos referiremos. Para otros, el hecho pasó desapercibido o no le dieron importancia.
Hombre inteligente y firme en sus convicciones, San Martín se daba cuenta que se estaba muriendo lentamente, sabía que le quedaba poco tiempo de vida. Ese 17 de agosto de 1850, cuando se levantó de su lecho, mucho más sereno y tranquilo que en las últimas semanas, se mostró más calmo en cuanto al dolor que le provocaba su úlcera gástrica, que le hacía vomitar sangre casi permanentemente en los últimos días y lo estaba llevando de la mano aceleradamente hacia el final de su camino en esta tierra.
Eran las dos de la tarde de ese día, cuando San Martín se incorporó en su lecho, aferrándose el estómago por el intenso dolor que le provocaba su úlcera. Junto a él estaban su única hija, Merceditas, y su yerno Mariano Balcarce, además de su médico personal, el doctor Jackson, quienes fueron los únicos tres testigos del hecho misterioso que ocurriría al morir el héroe.
A duras penas se levantó y demostrando gran dolor, se cambió a la cama de su hija, como si quisiera usarla como su último lecho. En ese momento volvió a asentir una terrible oleada de dolor, se apretó el estómago con una mano y con la otra le hizo señas a su yerno, para que sacara a su hija Mercedes de la habitación y no viera su inminente fin. Hasta ese detalle tuvo en cuenta, para evitarle a ella un sufrimiento mayor. Pero Balcarce no alcanzó a cumplir con el pedido del Libertador. El corazón de San Martín se detuvo en ese momento… ya no soportó tanto dolor.
En la mano que había llevado a su estómago, tenía un crucifijo, apretándolo con fuerza. Su hija Merceditas se arrodilló junto al lecho y lloró desconsoladamente junto al cadáver de su padre. Balcarce la tomó de los hombros reconfortándola. San Martín había muerto, había pasado a la inmortalidad, eran las tres de la tarde de ese infausto día. Recién al día siguiente muchos advirtieron ese hecho misterioso que aún hoy a todos sorprende: tanto el reloj de pared que se encontraba en el cuarto adyacente al dormitorio, como el reloj de bolsillo que usaba habitualmente el Libertador de América, se habían detenido exactamente a las tres de la tarde, hora en que San Martín había expirado.
Ambos relojes fueron examinados y se comprobó que aún tenían bastante cuerda para seguir funcionando. Entonces, ¿qué pasó? ¿Por qué los dos relojes se detuvieron misteriosamente a esa hora? Hasta hoy nadie ha podido dar una explicación más o menos convincente al respecto.
De haber ocurrido el hecho con un solo reloj, podría argumentarse que fue una casualidad o algo parecido, pero al sucederle lo mismo a los dos relojes del lugar, la coincidencia se transformó en un verdadero misterio que hasta hoy nadie supo ni pudo explicar… Quedará en la historia como uno de los grandes enigmas sin explicación.

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El misterioso adiós de San Martín

Un hecho increíble se registró en torno a la muerte del general José de San Martín, que trascendió después de ocurrido y para asombro de muchos. La sorpresa devino al descubrir que a la hora de la muerte del héroe americano dos relojes se detuvieron exactamente a las tres de la tarde, hora de su paso a la inmortalidad, sin una explicación lógica ni racional.

<p>ARCHIVO/CACHO MONZON</p>

ARCHIVO/CACHO MONZON

Por Francisco Villagrán
Especial para El Litoral

La historia nos tiene muchas veces guardados misterios y enigmas que no son develados por falta de interés en leer e investigar sobre algunos hechos que pasan desapercibidos, de no mediar una investigación a fondo de los mismos. Esto es justamente lo que sucedió en torno a la muerte del general don José de San Martín, el héroe máximo, libertador de América, cuando se produjo su fallecimiento en la lejana localidad francesa de Boulogne Sur Mer, donde se había recluido para pasar lo mejor posible sus últimos días sobre esta tierra.
Correntino de pura cepa, dueño de una gran energía y voluntad fuera de lo común, San Martín no podía estar al margen de los grandes misterios de esta tierra guaraní, y eso fue lo que sucedió en su enigmático adiós a este mundo, que causó la sorpresa y el asombro de muchos historiadores e investigadores de su vida, que no lograron hallar una explicación racional y lógica al episodio al cual nos referiremos. Para otros, el hecho pasó desapercibido o no le dieron importancia.
Hombre inteligente y firme en sus convicciones, San Martín se daba cuenta que se estaba muriendo lentamente, sabía que le quedaba poco tiempo de vida. Ese 17 de agosto de 1850, cuando se levantó de su lecho, mucho más sereno y tranquilo que en las últimas semanas, se mostró más calmo en cuanto al dolor que le provocaba su úlcera gástrica, que le hacía vomitar sangre casi permanentemente en los últimos días y lo estaba llevando de la mano aceleradamente hacia el final de su camino en esta tierra.
Eran las dos de la tarde de ese día, cuando San Martín se incorporó en su lecho, aferrándose el estómago por el intenso dolor que le provocaba su úlcera. Junto a él estaban su única hija, Merceditas, y su yerno Mariano Balcarce, además de su médico personal, el doctor Jackson, quienes fueron los únicos tres testigos del hecho misterioso que ocurriría al morir el héroe.
A duras penas se levantó y demostrando gran dolor, se cambió a la cama de su hija, como si quisiera usarla como su último lecho. En ese momento volvió a asentir una terrible oleada de dolor, se apretó el estómago con una mano y con la otra le hizo señas a su yerno, para que sacara a su hija Mercedes de la habitación y no viera su inminente fin. Hasta ese detalle tuvo en cuenta, para evitarle a ella un sufrimiento mayor. Pero Balcarce no alcanzó a cumplir con el pedido del Libertador. El corazón de San Martín se detuvo en ese momento… ya no soportó tanto dolor.
En la mano que había llevado a su estómago, tenía un crucifijo, apretándolo con fuerza. Su hija Merceditas se arrodilló junto al lecho y lloró desconsoladamente junto al cadáver de su padre. Balcarce la tomó de los hombros reconfortándola. San Martín había muerto, había pasado a la inmortalidad, eran las tres de la tarde de ese infausto día. Recién al día siguiente muchos advirtieron ese hecho misterioso que aún hoy a todos sorprende: tanto el reloj de pared que se encontraba en el cuarto adyacente al dormitorio, como el reloj de bolsillo que usaba habitualmente el Libertador de América, se habían detenido exactamente a las tres de la tarde, hora en que San Martín había expirado.
Ambos relojes fueron examinados y se comprobó que aún tenían bastante cuerda para seguir funcionando. Entonces, ¿qué pasó? ¿Por qué los dos relojes se detuvieron misteriosamente a esa hora? Hasta hoy nadie ha podido dar una explicación más o menos convincente al respecto.
De haber ocurrido el hecho con un solo reloj, podría argumentarse que fue una casualidad o algo parecido, pero al sucederle lo mismo a los dos relojes del lugar, la coincidencia se transformó en un verdadero misterio que hasta hoy nadie supo ni pudo explicar… Quedará en la historia como uno de los grandes enigmas sin explicación.