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Adolescentes y modas

Por José Ceschi

 ¡Buen día! Creo no exagerar si digo que el adolescente es naturalmente transgresor. Pasada la etapa de la niñez en la que, de buenas o malas maneras, se aceptaban las reglas impuestas por los padres, el adolescente necesita encontrar “su” espacio en ese nuevo caminar al mundo de los grandes; un caminar, por los demás, que será muy largo y que para el adolescente representa casi una vida entera.
Y los espacios se conquistan: por las buenas o por las malas. Habitualmente, los adolescentes querrían ir ocupando sus nuevos espacios -familiares, escolares, sociales- en forma no conflictiva; pero el conflicto aparece pronto: con sus padres, con sus hermanos, con sus profesores, con la sociedad.
La ropa constituye uno de los símbolos de sus conquistas. Por eso quieren superar sus vestimentas infantiles, por un lado, pero, por otro, necesitan diferenciarse netamente de los adultos. No debe sorprender, entonces, que su diferenciación sea muchas veces conflictiva: por el “mal gusto” o por lo excesivamente “desenfadados”, según el punto de vista de los adultos, claro.
Resulta muy difícil a los padres establecer los ámbitos y los límites de la conducta adolescente. En realidad, los ámbitos los buscan por su cuenta los propios adolescentes: son como el agua que, en su devenir, busca sus cauces. En cambio, a los padres les toca la tarea de fijar límites: establecer un cauce razonable, para que el agua pueda seguir corriendo, pero sin desbordarse. De todos modos, lo ideal no es que los padres “se limiten a fijar límites”, sino que ayuden a los adolescentes a establecer sus propios límites, en un marco de libertad responsable.
En materia de modas es importante distinguir siempre entre el gusto  el mal gusto. Sobre gustos, nada escrito, dice el refrán. Pero el mismo agrega: hay gustos que merecen palos.
Aun así, los adultos debemos hacer un esfuerzo especial para no inmiscuirnos en las preferencias adolescentes. Un “buen gusto actualizado” de los padres puede ser el mejor camino para que los adolescentes aprendan a distinguir entre las modas aceptables y… las otras.

¡Hasta mañana!

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Adolescentes y modas

Por José Ceschi

 ¡Buen día! Creo no exagerar si digo que el adolescente es naturalmente transgresor. Pasada la etapa de la niñez en la que, de buenas o malas maneras, se aceptaban las reglas impuestas por los padres, el adolescente necesita encontrar “su” espacio en ese nuevo caminar al mundo de los grandes; un caminar, por los demás, que será muy largo y que para el adolescente representa casi una vida entera.
Y los espacios se conquistan: por las buenas o por las malas. Habitualmente, los adolescentes querrían ir ocupando sus nuevos espacios -familiares, escolares, sociales- en forma no conflictiva; pero el conflicto aparece pronto: con sus padres, con sus hermanos, con sus profesores, con la sociedad.
La ropa constituye uno de los símbolos de sus conquistas. Por eso quieren superar sus vestimentas infantiles, por un lado, pero, por otro, necesitan diferenciarse netamente de los adultos. No debe sorprender, entonces, que su diferenciación sea muchas veces conflictiva: por el “mal gusto” o por lo excesivamente “desenfadados”, según el punto de vista de los adultos, claro.
Resulta muy difícil a los padres establecer los ámbitos y los límites de la conducta adolescente. En realidad, los ámbitos los buscan por su cuenta los propios adolescentes: son como el agua que, en su devenir, busca sus cauces. En cambio, a los padres les toca la tarea de fijar límites: establecer un cauce razonable, para que el agua pueda seguir corriendo, pero sin desbordarse. De todos modos, lo ideal no es que los padres “se limiten a fijar límites”, sino que ayuden a los adolescentes a establecer sus propios límites, en un marco de libertad responsable.
En materia de modas es importante distinguir siempre entre el gusto  el mal gusto. Sobre gustos, nada escrito, dice el refrán. Pero el mismo agrega: hay gustos que merecen palos.
Aun así, los adultos debemos hacer un esfuerzo especial para no inmiscuirnos en las preferencias adolescentes. Un “buen gusto actualizado” de los padres puede ser el mejor camino para que los adolescentes aprendan a distinguir entre las modas aceptables y… las otras.

¡Hasta mañana!