Por Santiago Segovia (*)
EspecialComo consecuencia de la pandemia causada por del covid-19, los argentinos nos encontramos transitando una de las situaciones más particulares nunca antes vista. Por un lado, la Argentina estaba procurando un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional donde finalmente obtuvo por parte de este organismo una recomendación positiva, en términos de comprensión de la situación de las cuentas públicas, remarcando que el país, dada la situación actual,  no podía hacer frente a sus compromisos financieros, declarando que era económica y fiscalmente insostenible el pago de la deuda.
 Tal afirmación sirvió para ganar confianza y marcar un rumbo para plasmar varios escenarios sobre la negociación de la deuda con este organismo (FMI) y con los fondos privados que atentos esperan una propuesta superadora.
Sumado a esto, recientemente, el Ministerio de Martín Guzmán, obtuvo un nuevo apoyo por parte del FMI, declarando la titular de este organismo que la Argentina necesita un alivio sustancial por parte de los acreedores privados de aproximadamente $55.000 a $85.000 millones de dólares para los próximos 10 años, para que el país restablezca la sostenibilidad del compromiso de pago de la deuda, en otras palabras, la Argentina necesita para poder pagar su deuda con los acreedores privados, de una quita de intereses para los próximos 10 años. Tal análisis surge de un constante estudio del equipo técnico del organismo considerando el comportamiento que los indicadores arrojan dada la precaria situación actual.
Haciendo un rápido análisis de la situación, vemos que el camino no puede ser otro para nuestro país, lastimado por la crisis económica, y comenzando a sentir los golpes de la pandemia que está comenzando a mostrar sus resultados. La Argentina cuenta con un clima oportuno para desplegar todo lo que resta para la negociación de su deuda, cuando pareciera que tenemos el 50% del apoyo para logarlo. Notablemente no hay muchos caminos para transitar, siendo este momento único, en términos de posibilidad de dar un corte quirúrgico al tema de la deuda externa argentina, generando un horizonte más previsible y claro, para plasmar nuevas políticas económicas eficaces y orientadas al crecimiento sostenible de nuestro país. Mientras tanto, para combatir los efectos paralizantes del covid-19, el gobierno de Alberto Fernández lanzó un paquete de medidas de contención tendientes a brindar un panorama tranquilizador y a demostrar un estado presente, que reacciona en tiempo y forma, con muchas posibilidades de reactivar la economía lo antes posible acechada por el impacto ocasionado por la pandemia, pero todo tiene un costo y éste le insume al Gobierno unos $600.000 millones, desembolso extraordinario y oportuno, donde no hay lugar para las críticas y contando con el apoyo de toda la oposición para encarar esta situación.
Algunas de las medidas más importantes son: eximición del pago de contribuciones patronales a los sectores más afectados, aumento del presupuesto para la obra pública, línea de créditos blandos, baja de tasas para el financiamiento pyme, bono de $3.000 pesos para jubilados y para los beneficiarios de la AUH, productos con precios máximos y vuelos de repatriación. Así como medidas para los monotributistas, cuentapropistas y autónomos, que vienen sufriendo la falta de ingresos por la caída en la demanda de su servicios dada la imposibilidad de salir a la calle. "/> Por Santiago Segovia (*)
EspecialComo consecuencia de la pandemia causada por del covid-19, los argentinos nos encontramos transitando una de las situaciones más particulares nunca antes vista. Por un lado, la Argentina estaba procurando un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional donde finalmente obtuvo por parte de este organismo una recomendación positiva, en términos de comprensión de la situación de las cuentas públicas, remarcando que el país, dada la situación actual,  no podía hacer frente a sus compromisos financieros, declarando que era económica y fiscalmente insostenible el pago de la deuda.
 Tal afirmación sirvió para ganar confianza y marcar un rumbo para plasmar varios escenarios sobre la negociación de la deuda con este organismo (FMI) y con los fondos privados que atentos esperan una propuesta superadora.
Sumado a esto, recientemente, el Ministerio de Martín Guzmán, obtuvo un nuevo apoyo por parte del FMI, declarando la titular de este organismo que la Argentina necesita un alivio sustancial por parte de los acreedores privados de aproximadamente $55.000 a $85.000 millones de dólares para los próximos 10 años, para que el país restablezca la sostenibilidad del compromiso de pago de la deuda, en otras palabras, la Argentina necesita para poder pagar su deuda con los acreedores privados, de una quita de intereses para los próximos 10 años. Tal análisis surge de un constante estudio del equipo técnico del organismo considerando el comportamiento que los indicadores arrojan dada la precaria situación actual.
Haciendo un rápido análisis de la situación, vemos que el camino no puede ser otro para nuestro país, lastimado por la crisis económica, y comenzando a sentir los golpes de la pandemia que está comenzando a mostrar sus resultados. La Argentina cuenta con un clima oportuno para desplegar todo lo que resta para la negociación de su deuda, cuando pareciera que tenemos el 50% del apoyo para logarlo. Notablemente no hay muchos caminos para transitar, siendo este momento único, en términos de posibilidad de dar un corte quirúrgico al tema de la deuda externa argentina, generando un horizonte más previsible y claro, para plasmar nuevas políticas económicas eficaces y orientadas al crecimiento sostenible de nuestro país. Mientras tanto, para combatir los efectos paralizantes del covid-19, el gobierno de Alberto Fernández lanzó un paquete de medidas de contención tendientes a brindar un panorama tranquilizador y a demostrar un estado presente, que reacciona en tiempo y forma, con muchas posibilidades de reactivar la economía lo antes posible acechada por el impacto ocasionado por la pandemia, pero todo tiene un costo y éste le insume al Gobierno unos $600.000 millones, desembolso extraordinario y oportuno, donde no hay lugar para las críticas y contando con el apoyo de toda la oposición para encarar esta situación.
Algunas de las medidas más importantes son: eximición del pago de contribuciones patronales a los sectores más afectados, aumento del presupuesto para la obra pública, línea de créditos blandos, baja de tasas para el financiamiento pyme, bono de $3.000 pesos para jubilados y para los beneficiarios de la AUH, productos con precios máximos y vuelos de repatriación. Así como medidas para los monotributistas, cuentapropistas y autónomos, que vienen sufriendo la falta de ingresos por la caída en la demanda de su servicios dada la imposibilidad de salir a la calle. " /> Por Santiago Segovia (*)
EspecialComo consecuencia de la pandemia causada por del covid-19, los argentinos nos encontramos transitando una de las situaciones más particulares nunca antes vista. Por un lado, la Argentina estaba procurando un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional donde finalmente obtuvo por parte de este organismo una recomendación positiva, en términos de comprensión de la situación de las cuentas públicas, remarcando que el país, dada la situación actual,  no podía hacer frente a sus compromisos financieros, declarando que era económica y fiscalmente insostenible el pago de la deuda.
 Tal afirmación sirvió para ganar confianza y marcar un rumbo para plasmar varios escenarios sobre la negociación de la deuda con este organismo (FMI) y con los fondos privados que atentos esperan una propuesta superadora.
Sumado a esto, recientemente, el Ministerio de Martín Guzmán, obtuvo un nuevo apoyo por parte del FMI, declarando la titular de este organismo que la Argentina necesita un alivio sustancial por parte de los acreedores privados de aproximadamente $55.000 a $85.000 millones de dólares para los próximos 10 años, para que el país restablezca la sostenibilidad del compromiso de pago de la deuda, en otras palabras, la Argentina necesita para poder pagar su deuda con los acreedores privados, de una quita de intereses para los próximos 10 años. Tal análisis surge de un constante estudio del equipo técnico del organismo considerando el comportamiento que los indicadores arrojan dada la precaria situación actual.
Haciendo un rápido análisis de la situación, vemos que el camino no puede ser otro para nuestro país, lastimado por la crisis económica, y comenzando a sentir los golpes de la pandemia que está comenzando a mostrar sus resultados. La Argentina cuenta con un clima oportuno para desplegar todo lo que resta para la negociación de su deuda, cuando pareciera que tenemos el 50% del apoyo para logarlo. Notablemente no hay muchos caminos para transitar, siendo este momento único, en términos de posibilidad de dar un corte quirúrgico al tema de la deuda externa argentina, generando un horizonte más previsible y claro, para plasmar nuevas políticas económicas eficaces y orientadas al crecimiento sostenible de nuestro país. Mientras tanto, para combatir los efectos paralizantes del covid-19, el gobierno de Alberto Fernández lanzó un paquete de medidas de contención tendientes a brindar un panorama tranquilizador y a demostrar un estado presente, que reacciona en tiempo y forma, con muchas posibilidades de reactivar la economía lo antes posible acechada por el impacto ocasionado por la pandemia, pero todo tiene un costo y éste le insume al Gobierno unos $600.000 millones, desembolso extraordinario y oportuno, donde no hay lugar para las críticas y contando con el apoyo de toda la oposición para encarar esta situación.
Algunas de las medidas más importantes son: eximición del pago de contribuciones patronales a los sectores más afectados, aumento del presupuesto para la obra pública, línea de créditos blandos, baja de tasas para el financiamiento pyme, bono de $3.000 pesos para jubilados y para los beneficiarios de la AUH, productos con precios máximos y vuelos de repatriación. Así como medidas para los monotributistas, cuentapropistas y autónomos, que vienen sufriendo la falta de ingresos por la caída en la demanda de su servicios dada la imposibilidad de salir a la calle. "/> Por Santiago Segovia (*)
EspecialComo consecuencia de la pandemia causada por del covid-19, los argentinos nos encontramos transitando una de las situaciones más particulares nunca antes vista. Por un lado, la Argentina estaba procurando un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional donde finalmente obtuvo por parte de este organismo una recomendación positiva, en términos de comprensión de la situación de las cuentas públicas, remarcando que el país, dada la situación actual,  no podía hacer frente a sus compromisos financieros, declarando que era económica y fiscalmente insostenible el pago de la deuda.
 Tal afirmación sirvió para ganar confianza y marcar un rumbo para plasmar varios escenarios sobre la negociación de la deuda con este organismo (FMI) y con los fondos privados que atentos esperan una propuesta superadora.
Sumado a esto, recientemente, el Ministerio de Martín Guzmán, obtuvo un nuevo apoyo por parte del FMI, declarando la titular de este organismo que la Argentina necesita un alivio sustancial por parte de los acreedores privados de aproximadamente $55.000 a $85.000 millones de dólares para los próximos 10 años, para que el país restablezca la sostenibilidad del compromiso de pago de la deuda, en otras palabras, la Argentina necesita para poder pagar su deuda con los acreedores privados, de una quita de intereses para los próximos 10 años. Tal análisis surge de un constante estudio del equipo técnico del organismo considerando el comportamiento que los indicadores arrojan dada la precaria situación actual.
Haciendo un rápido análisis de la situación, vemos que el camino no puede ser otro para nuestro país, lastimado por la crisis económica, y comenzando a sentir los golpes de la pandemia que está comenzando a mostrar sus resultados. La Argentina cuenta con un clima oportuno para desplegar todo lo que resta para la negociación de su deuda, cuando pareciera que tenemos el 50% del apoyo para logarlo. Notablemente no hay muchos caminos para transitar, siendo este momento único, en términos de posibilidad de dar un corte quirúrgico al tema de la deuda externa argentina, generando un horizonte más previsible y claro, para plasmar nuevas políticas económicas eficaces y orientadas al crecimiento sostenible de nuestro país. Mientras tanto, para combatir los efectos paralizantes del covid-19, el gobierno de Alberto Fernández lanzó un paquete de medidas de contención tendientes a brindar un panorama tranquilizador y a demostrar un estado presente, que reacciona en tiempo y forma, con muchas posibilidades de reactivar la economía lo antes posible acechada por el impacto ocasionado por la pandemia, pero todo tiene un costo y éste le insume al Gobierno unos $600.000 millones, desembolso extraordinario y oportuno, donde no hay lugar para las críticas y contando con el apoyo de toda la oposición para encarar esta situación.
Algunas de las medidas más importantes son: eximición del pago de contribuciones patronales a los sectores más afectados, aumento del presupuesto para la obra pública, línea de créditos blandos, baja de tasas para el financiamiento pyme, bono de $3.000 pesos para jubilados y para los beneficiarios de la AUH, productos con precios máximos y vuelos de repatriación. Así como medidas para los monotributistas, cuentapropistas y autónomos, que vienen sufriendo la falta de ingresos por la caída en la demanda de su servicios dada la imposibilidad de salir a la calle. " />
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Sabado 28 de Marzo de 2020 CORRIENTES21°Pronóstico Extendido clima_nublado

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Especial

Como consecuencia de la pandemia causada por del covid-19, los argentinos nos encontramos transitando una de las situaciones más particulares nunca antes vista. Por un lado, la Argentina estaba procurando un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional donde finalmente obtuvo por parte de este organismo una recomendación positiva, en términos de comprensión de la situación de las cuentas públicas, remarcando que el país, dada la situación actual,  no podía hacer frente a sus compromisos financieros, declarando que era económica y fiscalmente insostenible el pago de la deuda.
 Tal afirmación sirvió para ganar confianza y marcar un rumbo para plasmar varios escenarios sobre la negociación de la deuda con este organismo (FMI) y con los fondos privados que atentos esperan una propuesta superadora.
Sumado a esto, recientemente, el Ministerio de Martín Guzmán, obtuvo un nuevo apoyo por parte del FMI, declarando la titular de este organismo que la Argentina necesita un alivio sustancial por parte de los acreedores privados de aproximadamente $55.000 a $85.000 millones de dólares para los próximos 10 años, para que el país restablezca la sostenibilidad del compromiso de pago de la deuda, en otras palabras, la Argentina necesita para poder pagar su deuda con los acreedores privados, de una quita de intereses para los próximos 10 años. Tal análisis surge de un constante estudio del equipo técnico del organismo considerando el comportamiento que los indicadores arrojan dada la precaria situación actual.
Haciendo un rápido análisis de la situación, vemos que el camino no puede ser otro para nuestro país, lastimado por la crisis económica, y comenzando a sentir los golpes de la pandemia que está comenzando a mostrar sus resultados. La Argentina cuenta con un clima oportuno para desplegar todo lo que resta para la negociación de su deuda, cuando pareciera que tenemos el 50% del apoyo para logarlo. Notablemente no hay muchos caminos para transitar, siendo este momento único, en términos de posibilidad de dar un corte quirúrgico al tema de la deuda externa argentina, generando un horizonte más previsible y claro, para plasmar nuevas políticas económicas eficaces y orientadas al crecimiento sostenible de nuestro país. Mientras tanto, para combatir los efectos paralizantes del covid-19, el gobierno de Alberto Fernández lanzó un paquete de medidas de contención tendientes a brindar un panorama tranquilizador y a demostrar un estado presente, que reacciona en tiempo y forma, con muchas posibilidades de reactivar la economía lo antes posible acechada por el impacto ocasionado por la pandemia, pero todo tiene un costo y éste le insume al Gobierno unos $600.000 millones, desembolso extraordinario y oportuno, donde no hay lugar para las críticas y contando con el apoyo de toda la oposición para encarar esta situación.
Algunas de las medidas más importantes son: eximición del pago de contribuciones patronales a los sectores más afectados, aumento del presupuesto para la obra pública, línea de créditos blandos, baja de tasas para el financiamiento pyme, bono de $3.000 pesos para jubilados y para los beneficiarios de la AUH, productos con precios máximos y vuelos de repatriación. Así como medidas para los monotributistas, cuentapropistas y autónomos, que vienen sufriendo la falta de ingresos por la caída en la demanda de su servicios dada la imposibilidad de salir a la calle. 

Cambio de paradigma
En un mundo donde las políticas neoliberales y modelos capitalistas están arrojando resultados negativos, comenzamos a ver un cambio de paradigma, un modelo de intervención por parte de los estados nunca visto. Donde ayer se veía mal que el estado se involucre en la economía y en los mercados, hoy se avizoran nuevos horizontes, nuevas prácticas en post de fortalecer economías, que promuevan la equidad y el crecimiento, protegiendo a los más vulnerables y generar alivios a los distintos agentes económicos.
El covid-19 nos está dejando varias enseñanzas, pero tenemos tener la capacidad de entender, asimilar y reaccionar para no volver a cometer los mismos errores, las mismas  prácticas, el mismo egoísmo y apatía que nos caracteriza como habitantes del planeta, donde nos está demostrando que no podemos comprarnos la vida, donde la solidaridad es la llave a un mundo más digno y justo, donde cada acción tiene consecuencias en el otro, y donde ya no hay banderas ni ideologías que nos limiten como seres humanos.
(*) Contador público.

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Especial

Como consecuencia de la pandemia causada por del covid-19, los argentinos nos encontramos transitando una de las situaciones más particulares nunca antes vista. Por un lado, la Argentina estaba procurando un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional donde finalmente obtuvo por parte de este organismo una recomendación positiva, en términos de comprensión de la situación de las cuentas públicas, remarcando que el país, dada la situación actual,  no podía hacer frente a sus compromisos financieros, declarando que era económica y fiscalmente insostenible el pago de la deuda.
 Tal afirmación sirvió para ganar confianza y marcar un rumbo para plasmar varios escenarios sobre la negociación de la deuda con este organismo (FMI) y con los fondos privados que atentos esperan una propuesta superadora.
Sumado a esto, recientemente, el Ministerio de Martín Guzmán, obtuvo un nuevo apoyo por parte del FMI, declarando la titular de este organismo que la Argentina necesita un alivio sustancial por parte de los acreedores privados de aproximadamente $55.000 a $85.000 millones de dólares para los próximos 10 años, para que el país restablezca la sostenibilidad del compromiso de pago de la deuda, en otras palabras, la Argentina necesita para poder pagar su deuda con los acreedores privados, de una quita de intereses para los próximos 10 años. Tal análisis surge de un constante estudio del equipo técnico del organismo considerando el comportamiento que los indicadores arrojan dada la precaria situación actual.
Haciendo un rápido análisis de la situación, vemos que el camino no puede ser otro para nuestro país, lastimado por la crisis económica, y comenzando a sentir los golpes de la pandemia que está comenzando a mostrar sus resultados. La Argentina cuenta con un clima oportuno para desplegar todo lo que resta para la negociación de su deuda, cuando pareciera que tenemos el 50% del apoyo para logarlo. Notablemente no hay muchos caminos para transitar, siendo este momento único, en términos de posibilidad de dar un corte quirúrgico al tema de la deuda externa argentina, generando un horizonte más previsible y claro, para plasmar nuevas políticas económicas eficaces y orientadas al crecimiento sostenible de nuestro país. Mientras tanto, para combatir los efectos paralizantes del covid-19, el gobierno de Alberto Fernández lanzó un paquete de medidas de contención tendientes a brindar un panorama tranquilizador y a demostrar un estado presente, que reacciona en tiempo y forma, con muchas posibilidades de reactivar la economía lo antes posible acechada por el impacto ocasionado por la pandemia, pero todo tiene un costo y éste le insume al Gobierno unos $600.000 millones, desembolso extraordinario y oportuno, donde no hay lugar para las críticas y contando con el apoyo de toda la oposición para encarar esta situación.
Algunas de las medidas más importantes son: eximición del pago de contribuciones patronales a los sectores más afectados, aumento del presupuesto para la obra pública, línea de créditos blandos, baja de tasas para el financiamiento pyme, bono de $3.000 pesos para jubilados y para los beneficiarios de la AUH, productos con precios máximos y vuelos de repatriación. Así como medidas para los monotributistas, cuentapropistas y autónomos, que vienen sufriendo la falta de ingresos por la caída en la demanda de su servicios dada la imposibilidad de salir a la calle. 

Cambio de paradigma
En un mundo donde las políticas neoliberales y modelos capitalistas están arrojando resultados negativos, comenzamos a ver un cambio de paradigma, un modelo de intervención por parte de los estados nunca visto. Donde ayer se veía mal que el estado se involucre en la economía y en los mercados, hoy se avizoran nuevos horizontes, nuevas prácticas en post de fortalecer economías, que promuevan la equidad y el crecimiento, protegiendo a los más vulnerables y generar alivios a los distintos agentes económicos.
El covid-19 nos está dejando varias enseñanzas, pero tenemos tener la capacidad de entender, asimilar y reaccionar para no volver a cometer los mismos errores, las mismas  prácticas, el mismo egoísmo y apatía que nos caracteriza como habitantes del planeta, donde nos está demostrando que no podemos comprarnos la vida, donde la solidaridad es la llave a un mundo más digno y justo, donde cada acción tiene consecuencias en el otro, y donde ya no hay banderas ni ideologías que nos limiten como seres humanos.
(*) Contador público.