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Esperando el fin de la grieta

Por Alejandro Mansilla

Publicado en Infobae

El 8 de diciembre de 2019, en la explanada de la Basílica de Nuestra Señora de Luján, Monseñor Ojea, obispo a cargo de la Pastoral Social, ofrecía una homilía que propendía a buscar la paz social y la unidad nacional, con motivo de construir una Argentina sin grietas y divisiones estériles. Entre los concurrentes se encontraban el presidente en ejercicio por aquel entonces, Mauricio Macri, y el actual mandatario, Alberto Fernández, y este último le ofrecía un vaso de gaseosa sabor a pomelo como símbolo de amabilidad y humildad, valores de importancia para encontrar canales de diálogo y consensos que sirvieran para sacar adelante al país.

Las esperanzas que tenía el pueblo de que al fin la maldita grieta se acababa, duro poco. En febrero de 2020, un mes antes del inicio de la cuarentena eterna, el presidente Alberto Fernández comenzaba a criticar a su antecesor por la sideral deuda externa dejada y por la cual el ministro de Economía, Martín Guzmán, aún no logró acordar con el Fondo Monetario Internacional un plan de pagos que le permita a la Argentina tener un alivio momentáneo y así afrontar la “pesada herencia” con algo de oxígeno.

Comenzando la cuarentena el 20 de marzo de 2020, se visualizó los deslices de un Gobierno sin un plan sanitario serio.

El conflicto policial en la Provincia de Buenos Aires a mediados del año pasado dejó otra vez expuesto que la dirigencia política no está a la altura de las circunstancias para resolver problemas simples como este. Esto derivó en que el Gobierno nacional le quitara el 2,5 % de coparticipación federal de impuestos a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para que Axel Kicillof pudiera utilizar esos fondos frescos en pos de otorgarles un magro aumento a los efectivos bonaerenses. Luego, el resto lo conocemos: plan de vacunación tardío, vacunatorios VIP, fiestas en la Quinta de Olivos a contramano de las propias resoluciones presidenciales de mantener el aislamiento, velorio sin control sanitario del astro del fútbol Diego Armando Maradona, entre otras cosas.

Llegó el 2021 y con él las decisiones ligadas a las elecciones legislativas, siendo los resultados de las Paso una magra sorpresa para el oficialismo, ya que su principal competidor, la Alianza Juntos, le arrebató victorias en territorios propios del Frente de Todos. En el territorio donde se disputó la madre de todas las batallas, Victoria Tolosa Paz no pudo hacer pie con sus propuestas y un retocado Diego Santilli, producto del marketing, escenas emocionales y discursos traídos del Macri modelo 2015, se llevó consigo un triunfo con una diferencia del 4 %. 

En el debate televisivo organizado hace algunas semanas, Tolosa Paz y Santilli hicieron un cover del debate presidencial de 2019, interpretando de manera desafinada la letra que emanaron Alberto Fernández y Mauricio Macri.

En cambio, las actuaciones de José Luis Espert y Nicolás del Caño fueron más llamativas y vinculadas a las ideas trotskistas que hace 38 años vienen repitiendo como disco rayado de instalar a los trabajadores en el poder y las ideas liberales que muchos analistas y dirigentes políticos progresistas confunden con las prácticas conservadoras y creen que la destrucción del país sobrevino por el “neoliberalismo”, concepto instaurado por el alfonsinismo y el frepasismo en los 90 que permitió atacar a Menem y De la Rúa, y así ganar elecciones, no sabiendo que el liberalismo como pensamiento político y económico trae consigo verdadero progreso y desarrollo a las naciones.

Estamos a pocos días de las elecciones y vemos el tiraje de plata que hace el oficialismo para tratar de conquistar votos. Principalmente el de la clase baja. La gente que está en la pobreza está cansada de ser moneda de cambio y ver cómo los dirigentes piqueteros y políticos la “levantan en pala” y ellos no ven mejoradas sus vidas. 

Del otro lado, Mauricio Macri, acusado de ser el “Gran Hermano” nacional, fue a Dolores a presentarse en calidad de imputado en la causa de espionaje a familiares de los fallecidos en la tragedia del submarino ARA San Juan y declarar ante el juez subrogante federal Bava, que por su inutilidad montó un show mediático gratis. Eso le permitió mostrarse al expresidente como víctima de las circunstancias y un perseguido político del kirchnerismo, algo similar a lo ocurrido con Cristina Fernández de Kirchner en 2016, cuando le llovían las citaciones de indagatorias desde Comodoro Py.

La grieta cansadora que utiliza todo el sistema para instalar en la sociedad el “anti K” y el “anti M” ha llevado a la Argentina a una desazón y tristeza terrible, con 50 % de pobres y una falta de expectativas que golpea a su juventud, la cual es el motor de un país. 

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