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¿Quién será?

Domingo, 19 de diciembre de 2021 a las 01:00

Por Enrique Eduardo Galiana
Moglia Ediciones Del libro “Aparecidos, tesoros y leyendas”

Siempre, o casi siempre, los cuentos de aparecidos y fantasmas se desarrollan a la noche. La misma es cómplice de estos entes indefinidos. Lo ocurrido no sucedió a la noche por esta vez, sino a la siesta. No debe sorprendernos, ella es la compañera del Pombero y otros tantos personajes que el imaginario popular conoce a través de generaciones. 
Tantos descendientes ha dejado el Pombero en nuestra provincia que su genealogía supera la de cualquiera que pretende tener raíces de nobleza antigua, inexistente por cierto si miramos bien hacia el pasado.
La vieja casa sobre la calle Salta entre Quintana y Plácido Martínez guarda secretos tan añejos como la propia fundación de 1588. 
Vero, señora de la casa, limpiaba, cocinaba, ejercía además la docencia primaria, con su esposo la habitaban sin conocer la historia que sobre ella se comentaba.
-“Luis, pásame las naranjas que dejé en el living”, dijo Vero a quien recién llegaba de la calle. -“Ya”, dijo Luis con desgano. En tono gracioso agregó Vero: -“Cuando traigas las naranjas no te vayas a herniar y llévalas a la cocina, si querés jugo de naranja tráelas”.
-“¿Cómo te fue en el trabajo?”, preguntó dulcemente a su esposo que recién dejaba el trabajo. -“Mucho mejor que ayer,” contestó, “recaudé bastante, es porque la gente comenzó a cobrar”. Dejó las naranjas sobre la mesada de la cocina. 
-“¡Gracias mi amor!”, gritó Vero y se le colgó del cuello. Siguieron los arrumacos.
Durante el almuerzo comentaron los sucesos de la mañana, los diarios que cada uno pudo leer de ojitos (prestado) y los chismes que circulan por la ciudad, los pasajeros de los remises cuentan cosas que nadie imagina.
-“Ahora a dormir la siesta”, dijo Vero. -“¿Qué te parece si dormimos en el suelo bajo el ventilador en la pieza del fondo?”.“Bueno, me parece bien”, manifestó Luis. 
La pieza del fondo da con la Central de Policía, corresponde al cardinal oeste, pared de por medio. Como los presos se escapaban por túneles que hacían en los baños de la vieja Alcaidía, sobre la calle Quintana, hace muchos años los anteriores dueños tuvieron que agregar un cimiento profundo sobre el lado de la policía y sobre la pared de la casa de Salta una chapa de acero de un antiguo barco, de aquellos que todavía guardaban los viejos remaches por la falta de soldadura. Esa pared no servía ni sirve para colgar nada. 
Tiraron un colchón, cansados pronto se durmieron. 
En la penumbra de la siesta con las puertas entornadas, Vero sintió que la acariciaban, despertó sobresaltada, a su lado una figura de un hombre parado con una vestimenta extraña la miraba, pensó que era Luis, pero cuando giró lo vio dormido a su lado, el susto fue tremendo, despertó a su marido y le contó lo sucedido. Luis medio atontado por el sueño no le creyó y le dijo que estaba soñando. 
Trató Vero de seguir con su siesta, la necesitaba, estaba cansada. Despierta por el susto nuevamente vio la figura que venía hacia ella, aunque no la atemorizaba y le hacía señas que guardara silencio. Ahora si le pegó un golpe a Luis el que dio un salto. -“¡Hay un hombre en la habitación!”, gritó Vero desconcertada. Luis se levantó, encendió las luces, la puerta seguía exactamente igual que siempre, ni siquiera se movía. Miraron y miraron, nada.
A Vero el susto le duró varios días. Decidió mudarse, no podía convivir con la silenciosa figura que le pedía silencio. 
La casa de la calle Salta quedó vacía. Otras familias la ocuparon no hubo problemas, lo que desacreditaba la versión de Vero.
Pero, siempre hay un pero. Los ocupantes de la casa actualmente tienen varios hijos, a ninguno les asustó nada al comienzo. Uno de ellos, el del medio, perceptivo, inteligente y curioso, encerrado en la pieza renovada con alegres colores, lugar en que tiene su independencia como todo joven que está en la adolescencia, dijo en la mesa, que compartía con sus padres: -“Hay una luz que nunca se apaga y se mueve por las paredes, las puertas están cerradas, las ventanas también y una sombra juega con la luz como si fuera un niño o niña, pero mamá, no me asusta, ¿sabés? Un señor vestido a la antigua juega con él o ella”. Averiguaciones posteriores de sus propietarios casi originarios permitieron saber que el señor vestido a la antigua fue el causante de la venta de la casa, curioso ¿no?
Este señor que se paseaba por la casa obligó a los propietarios a la venta de la casa, la dueña vivía aterrada. El hombre de levita y sombrero de época conservaba su lugar y su espacio.
¿Desapareció del todo? Queda flotando la pregunta. Algunos afirman que sí, en cambio otros sostienen que lo vieron, no con tanta frecuencia, pero lo que es seguro es que nadie utiliza la pieza del fondo para dormir, hoy es un taller donde algunas veces se advierte que las cosas están fuera de lugar, pero la vida continúa. El fantasma se halla con los actuales moradores, diríamos que tienen buena onda.

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