Por Gloria Gigliani de Young
Especial para El Litoral
Jesús, con tu bondad infinita, enseñas ese amor incondicional que los hombres ingratos, a veces olvidamos y nos envolvemos en la vorágine y el vértigo de salidas y compras luego del encierro y aislamiento forzado por esa oscura enfermedad que aún hoy, con distintos nombres, sigue azotando al mundo.
Sí, hemos avanzado en ciencia, tecnología, proximidad asombrosa pero… sin contacto humano. Muertes solitarias… iglesias cerradas…
Recordemos la estrella que indicara a pastores y sabios de oriente el camino que lleva a tu cuna. Del vientre de María ha nacido el Redentor, el gran Maestro, vayamos a su encuentro con el corazón abierto y el espíritu estremecido de gozo, y allí, bañados con su luz demos gracias con alegría y alabanzas a ese Niño-Hombre que no se fatiga en volver año tras año para revivir su presencia, su amor y su perdón.