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Adornado

Jueves, 12 de marzo de 2026 a las 19:02

Por José Luis Zampa

Siempre que escuchaba su apellido, cada vez que daba las famosas conferencias de prensa en las que se dedicaba a cerrar traseros con respuestas procaces, me asaltaba un pensamiento asociativo entre Adorni y adorno.

El adornador del relato libertario, el contradictorio ornato exegético de un gobierno que conduce el Estado con el objetivo de destruirlo y la más suspicaz de las acepciones: adornar a alguien significa sobornarlo, efectivizar una dádiva para alquilar su indolencia.

A partir del escándalo que involucra a la esposa de Manuel Adorni, encaramada al avión presidencial por privilegiada invitación, aquel presentimiento halló asidero en los hechos. Y salió del fuero interno de este observador para transformarse en motor de esta columna.

Adorni es un contador y periodista que encontró su lugar en el mundo en La Libertad Avanza, donde escaló posiciones con la velocidad del rayo gracias al madrinazgo de Karina Milei, la responsable política de que el ex vocero y legislador porteño jamás asumido hoy ostente el cargo de jefe de Gabinete.

Ser jefe de Gabinete no es poca cosa para nadie, pero en su caso particular significa tocar el cielo con la manos. Un muchachón de metro 90 nacido en una familia de clase media, alumno opaco de la UBA, llegó a las grandes ligas de la política y funge como primer ministro del reino anarcocapitalista.

Estar en la oficina contigua a la del Presidente, salir a defenderlo cual cruzado, subir los mismos peldaños del poder, inspiran la sensación de ser alguien importante.

Y los pequeños gestos así lo certifican. Cuando el mozo de la Casa Rosada apoya el plato con los sandwichitos de miga como si estuviera sirviendo a un miembro de la corona británica, el chofer le abre la puerta de la 4x4 y los pilotos del ARG 01 le hacen la venia mientras asciende por la escalerilla acompañado por su blonda consorte.

Hasta que un día, de tanto ser el mocito de la película, de tanto esgrimir las pistolas dialécticas para acribillar a los pobres infelices que -sin micrófonos- no podían defenderse, la suma de tanto veneno destilado se concentra en la cerbatana de alguien y ese alguien dispara desde la oscuridad, seguro de que todos las víctimas de aquel verdugo de las contestaciones ácidas irán a por él, en busca de su pescuezo.

Para colmo, el verbo deslomarse no es el más apropiado para definir la misión emprendida por la delegación argentina en Nueva York. Ya quisieran los laburantes despedidos de Fate deslomarse mirando el Central Park, desde los balcones de un suite de 5.000 dólares por noche donde antes pernoctaron Lady Dy y Lady Gaga.

De pronto, el bravucón de la moralidad, el que a todos señalaba con su dedo escrachador para enrostrar el dispendio de los recursos públicos, cayó en el vórtice de las puteadas generalizadas por lo mismo que criticaba, ayudado por el amigo periodista de la TV Pública que reveló otro dato incómodo: ambos viajaron de minivacaciones uruguayas en un avión privado, a costa del erario.

De ese modo, el lunfardo demostró su valía para describir la realidad con una asertiva capacidad de síntesis. Adorni terminó adornado por él mismo, empujado al error por su propia sensación de impunidad.

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