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¿Qué dice, ministra?

Por El Litoral

Martes, 15 de noviembre de 2022 a las 01:00

Es posible que alguna condición inherente de modo exclusivo y excluyente a cierta clase política le impida poner un freno a los exabruptos?
Sobrevivimos a días de intenso desbarranque dialéctico por parte de encumbrados dirigentes que con su boca hunden el oficio a oscuridades difíciles de alumbrar con palabras o hechos reivindicatorios.
Un gobernador que habla de retraso mental de una excolega suya, un expresidente que habla de Alemania como “raza superior”, la vocera presidencial que le adjudica las piedras por las muertes del covid a “la derecha”, un senador nacional que promociona la dictadura diciendo que la democracia no le cambió la vida a nadie. La lista sigue.
Y nada menos que por donde la crisis duele: la inflación y los precios.
Ayer el analista Pablo Vaca en Clarín definió la nueva trapisonda en una columna que vale la pena releer.
“Seguramente se sintió cómoda, confiada. Después de todo, estaba en la casa de un viejo compañero de militancia del PJ porteño, Víctor Santa María. No iban a hacerle preguntas complicadas. Tal vez por eso se sumó al clima relajado que reinaba en el estudio de Canal 9 y dijo: “Después seguimos trabajando con la inflación, pero primero que gane Argentina”.
Kelly Olmos, 70 años, ministra de Trabajo, se sumaba en ese exacto momento a la prolífica lista de funcionarios que descubren, demasiado tarde, que el horno no está para bollos.
“Considero que hay que trabajar todo el tiempo por la inflación, pero un mes no va a hacer la gran diferencia. En cambio, desde el punto de vista anímico, de lo que significa para el conjunto de los argentinos y argentinas, queremos que Argentina sea campeón”, atinó a explicar la economista.
Intentó remontar la situación con una comparación también poco feliz: el Mundial 78. “Estábamos en el proceso militar, nos estaban persiguiendo y no sabíamos qué iba a pasar con cada uno de nosotros. Argentina salió campeón y salimos todos a celebrar. Después seguimos con la realidad, que es inevitable. Pero en el medio, si se puede celebrar y festejar, honestamente, por qué evitarlo”. Es cierto, ¿por qué evitarlo?
Pero la ministra había dicho, livianamente, otra cosa: priorizó el triunfo de la Selección, que sería una enorme alegría, claro, por sobre la lucha contra la inflación, una máquina de producir pobreza generalizada que se acelera mes a mes. Lucha que es parte de su trabajo como funcionaria. Hay cosas que no se dicen ni en chiste.
Olmos no podrá competir jamás en el campeonato de declaraciones desgraciadas con la portavoz Gabriela Cerruti y su ofensiva “la derecha ha puesto sus piedras recordando a los muertos por Covid”. Pero lo suyo es una muestra más de la desconexión con la realidad que puede afectar a la dirigencia política.
Parecen estar mirando otro canal.
Frases como esas son granitos de arena que luego explican números terribles: una encuesta publicada por Clarín revela que el 79% de la gente cree que el país va en la dirección equivocada. Entre los de 16 a 24 años, la cifra sube a 88%. El 54% de los jóvenes de sectores populares dice que le da lo mismo la democracia que la no democracia. Casi ocho de cada diez quieren irse a vivir al extranjero.
La sensación de que muchos en el oficialismo -y en la oposición- se ocupan de cuestiones personales y desoyen las urgencias de la sociedad provoca también el crecimiento de expresiones antisistema como la de Javier Milei.
El libertario, desde sus patinadas sobre la posesión de armas y el tráfico de órganos, descubrió que el silencio le sienta bien y sólo con callar no deja de crecer en las encuestas, que ya lo ubican como protagonista importante de las próximas elecciones.
Con cierta lógica, la mayor expresión de esa disociación la expresa la dirigente con más peso individual de la Argentina, Cristina Kirchner. A cargo del Ejecutivo por la gira de Alberto Fernández, la vicepresidenta acciona y reacciona a partir de su complicado frente judicial.
El atentado sufrido frente a su casa (mal investigado, según su criterio), el próximo veredicto del juicio por Vialidad (donde el fiscal Diego Luciani pidió 12 años de prisión para ella por asociación ilícita) y la posibilidad de que sus hijos Máximo y Florencia deban sentarse en el banquillo (si al final se realiza el juicio por Hotesur y Los Sauces) ocupan gran parte de sus pensamientos”.
Y cierra: (...) “Ojalá (...) tengamos una copa para festejar. Kelly Olmos celebrará”.

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