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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

La muerte de Jiang Zemin

Por Carlos M. Reymundo Roberts

Publicado en el diario La Nación

El 30 de noviembre pasado murió Jiang Zemin, expresidente de la República Popular China y el hombre que lideró al país durante la vertiginosamente clave década de 1990.

Para entender la significancia de su figura debemos hacer un breve retrato de la compleja coyuntura histórica que debió navegar. La combinación de la represión en Tiananmen y la disolución de la Urss desencadenó una abrupta reconfiguración entre los altos cuadros del Partido Comunista Chino, resultando en un período de transición que duró entre mediados de 1989 y principios de 1993.

Al final de este período, quien emergió como líder fue precisamente Jiang, antiguo alcalde y secretario del partido de la ciudad de Shanghai, dando inicio a la llamada Tercera Generación.

Este veterano político, oriundo de la provincia sureña de Jiangsu, fue elegido por ser una figura de poco peso propio que no aparentaba representar una amenaza a ninguna de las facciones de la dirigencia china.

Además, como líder en Shanghai, Jiang había manejado exitosamente las protestas de 1989 como las de 1986, demostrando una gran aptitud en la resolución de crisis. A su vez, el ascenso de Jiang significó un nuevo modelo político en China, en el cual el liderazgo pasó a quedar en manos de quien ostentase simultáneamente los tres cargos clave de secretario general del Partido Comunista, presidente de la República Popular, y presidente de la Comisión Militar Central.

En los primeros años de la década de 1990, los altos estratos del Partido se encontraban divididos entre una vieja guardia, formalmente retirada e internamente dividida pero que aún conservaba peso propio entre bambalinas, y los jóvenes miembros de la elite que se encontraban debilitados y golpeados por los eventos de Tiananmen. A esto se le sumaba la división existente entre aquellos sectores que sostenían la necesidad de profundizar las reformas de mercado y aquellos que habían adoptado una actitud más cautelosa frente a los cambios abruptos.  En sus primeros años, Jiang fue capaz de navegar entre estos distintos sectores mientras crecía bajo el ala de su predecesor, Deng Xiaoping. Sin embargo, luego de asumir la Presidencia en marzo de 1993, Jiang hizo suya la causa de la reforma acelerada; una línea política que mantendría hasta su retiro de la escena pública en 2004.

Consecuentemente, bajo Jiang, China transitó una transformación económica tan eficiente como radical: la mutación de la matriz industrial, basada hasta ese momento en empresas estatales, resultó en el despido de unas 25 millones de personas de las mismas entre 1993 y 1999.

El cambio, sin embargo, no afectó el vertiginoso crecimiento económico que, a lo largo de los trece años de Jiang como secretario general mantuvo un promedio de anual de crecimiento del 9,7 por ciento del PBI.

En el plano diplomático, Jiang debió enfrentar inicialmente un ambiente hostil resultado de la condena de la comunidad internacional frente a Tiananmen. A su vez, esta línea dura sobre China era reforzada por el hecho de que la desintegración del bloque socialista había convencido a muchos políticos y funcionarios de alto nivel alrededor del mundo de que el colapso de Beijing era inminente.

De esta manera, el post-Tiananmen y la transición del sistema bipolar al unipolar parecían reducir el margen de maniobra de la República Popular bajo la nueva hegemonía estadounidense.

Frente a ello, China emprendió una ofensiva diplomática focalizada más estratégicamente, que le permitiese rebalancear las sanciones, las condenas y el aislamiento político que Washington y sus aliados occidentales le intentaban imponer. Gracias a ello, con el correr de los años se reposicionó en el escenario internacional, reinventándose desde una postura de multilateralismo.

En relación a este último punto, uno de los eventos más destacados de la era Jiang fue sin dudas la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer realizada en Beijing en septiembre de 1995. En cuanto a la actuación de la República Popular en las organizaciones multilaterales, el desarrollo más importante fue, sin lugar a dudas, el ingreso a la Organización Mundial de Comercio a finales del año 2001, tras 15 años de negociación. En el plano bilateral, la era Jiang estuvo marcada por una paulatina reconstrucción de las relaciones con EE.UU., el traspaso de Hong Kong en 1997 (dando inicio al modelo de “Un país, dos sistemas”) y la resolución de la demarcación de fronteras con Rusia. El propio Jiang se explayaría su visión de mundo, durante su discurso en el marco del 15º Congreso Nacional del Comité Central del PCCh en 1997.

En ese foro, en alusión al avance de la hegemonía neoliberal del Consenso de Washington, el presidente chino argumentó a favor de la necesidad de respetar la diversidad en el mundo y del derecho de cada nación de elegir su propio sistema social, estilo de vida y modelo de desarrollo, de acuerdo a sus propias condiciones locales.

No obstante, el mandato de Jiang también estuvo marcado por tres crisis con Washington que pusieron a prueba sus capacidades diplomáticas: la visita del presidente de Taiwán Lee Teng-hui a EE.UU., que desencadenó la Tercer Crisis del Estrecho de Taiwán, en 1995; el bombardeo estadounidense a la Embajada de China en Belgrado, en 1999, y el incidente del avión espía estadounidense en la Isla de Hainán, en 2001.

En los tres casos, Jiang fue capaz de sortear numerosos obstáculos y llegar a un entendimiento a través dialogo y la negociación.

Por cuestión de coincidencia, la crisis de Hainán tuvo lugar durante el viaje de Jiang Zemin a Argentina entre el 7 y 10 de abril de 2001.

Debido a ello, Argentina se encontró circunstancialmente en el rol de intermediario entre Bush y Jiang, quien inicialmente se rehusaba a retomar el diálogo con su contraparte estadounidense. Al igual que muchos líderes de la década de 1990, Jiang cultivaba una personalidad descontracturada, accesible y poco convencional. Un ejemplo de esto último fue la entrevista que le dio al periodista estadounidense, Mark Wallace, para su programa de televisión, 60 Minutes, a mediados del 2000, poco antes de las elecciones presidenciales estadounidenses y en las vísperas de su propia visita al país norteamericano. El hecho de que se haya dejado entrevistar por un medio extranjero es una muestra de la conciencia de Jiang de la manera en la cual los medios y la revolución de la información habían comenzado a impactar en las relaciones internacionales. Durante la entrevista, Jiang aprovechó la oportunidad para enviar un mensaje optimista y amigable tanto para el pueblo estadounidense como para los dos candidatos presidenciales que competían en EE.UU. en aquel momento. No obstante, debido a la naturaleza del programa, Jiang también debió referirse de manera directa sobre una serie de cuestiones particularmente sensibles, tales como las protestas de Tiananmen, los problemas de la desigualdad y la corrupción y la naturaleza del propio gobierno chino.

Al terminar su mandato, Jiang supervisó una transición ordenada y sin incidentes que resultaron en el ascenso de Hu Jintao en 2003, mientras que Jiang vio como su principal teoría política, la Triple Representatividad, fue incorporada a la Constitución de la República Popular en 2004.

En la actualidad, lejos de ser un personaje histórico olvidado, la figura de Jiang ha tomado una renovada relevancia.

Su muerte se dio en el contexto de las mayores protestas que China haya presenciado desde 1989, como reacción a la continuada y estricta política de “Covid cero” llevada adelante por Beijing.

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