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Salarios e inflación

Por El Litoral

Martes, 15 de marzo de 2022 a las 00:01

La negociación de salarios tiene un doble objetivo 2022 centrado en lograr aumentos que no sean por sí inflacionarios pero, a la vez, que superen de uno a tres puntos la inflación anual, asegurándose el ajuste final con una cláusula de revisión para octubre o noviembre. O sea que se buscan dos objetivos aparentemente incompatibles: no ser motor de la inflación pero sí lograr que el bolsillo real le gane por unos puntos a ella mejorando el ingreso real.
En un contexto de reactivación selectiva con inflación (en inglés reactiveflation), bien distinto a la estanflación (en inglés stanflation) de las presidencias de Cristina y de Macri (recesión+inflación), la economía se moviliza sobre la cuerda floja con alta emisión, déficit fiscal con metas comprometidas con el FMI, y la necesidad de exhibir herramientas antinflacionarias, como reducir los subsidios y el sinceramiento de las tarifas.
En ese plano se deberían presentar las negociaciones colectivas de salarios, tratando de apuntar a una inflación menor a la estimada por los economistas (entre 50 y 65%), pero que garantice a los gremios un segundo paso antes de cumplirse el año calendario, o en el peor de los casos, al conocerse la inflación completa del 2022.
El número generado como parámetro de contención en este contexto es del 40% según se sugiere desde el área económica del Gobierno, y por ende, modificará el Salario Mínimo Vital y Móvil a través del Consejo respectivo en el mismo porcentual.
Durante el 2021, el gremio de Sanidad Fatsa logró con la industria farmacéutica un plus de 2% por encima de la inflación, siempre tomando los índices por período trimestral devengado. Otros gremios lograron mantener bonos de fin de año, como camioneros que acordó $ 48.000 no remunerativos, que se están pagando ahora en cuatro cuotas. Otro tanto ocurrió en la industria aceitera con bonos muy importantes para un sector privilegiado.
A estos componentes, hay que agregarle dos factores que operan en forma transversal, el avance y desarrollo de las tecnologías exponenciales, y la influencia de la pandemia del covid.19 con sus nuevas cepas y con eficacia relativa de las distintas oleadas de vacunación. Ambos elementos están transformando la forma de trabajar, adaptándose a las nuevos hábitos y a las demandas de los clientes, y al teletrabajo o trabajo virtual que se impone en todas las áreas de servicios, y que cada vez penetra más en la industria y en el desarrollo de emprendimientos singulares.
El sector empresario presenta un escenario heterogéneo, no solo en relación con los niveles de reactivación, muchos de los cuales ya alcanzaron o superaron los que tenía la actividad o la empresa antes de la pandemia. Sin perjuicio de ello, las tres preocupaciones mayores son las siguientes:
1. Los aumentos solicitados por los sindicatos a menudo no son compatibles con las pérdidas sufridas durante la pandemia, y no oxigenan a la empresa para afrontar la pesada carga de deudas acumuladas con los proveedores y sobre todo con los bancos.
2. Los sindicatos más combativos, o los que se presentan como líderes por el nivel de reactivación de su sector, avanzan con el reconocimiento de anticipos, bonos, y adicionales, y en particular, con mecanismos de participación en las ganancias, (ver los casos de aceiteros, Bridgestone, y otros).
3. Los reclamos de los sindicatos hay como mínimo dos rounds, y al aumento salarial general le siguen los reclamos de las comisiones internas y delegados, que a menudo no están a lineados con la cúpula sindical, con lo cual el aumento general de la industria servicio o actividad no es definitivo.
En el marco de la negociación colectiva siguen presentándose además costos adicionales, como los reclamos de los sindicatos de aportes o contribuciones a las obras sociales gremiales golpeadas por los costos de la pandemia, la cuota solidaria que impone un aporte al trabajador no afiliado, las ayudas a las mutuales o las cooperativas de consumo, y otros adicionales no tradicionales pero que tienen impacto en los costos.
El crecimiento con inflación no es una lucha entre dos demonios, es entre el bien y el mal. Desde la izquierda nos carcome la pérdida de valor del signo monetario, el déficit fiscal, el Estado elefantiásico, la ineficiencia administrativa y los errores políticos gubernamentales. Desde la derecha no alienta la reactivación, el crecimiento y la búsqueda desenfrenada de vivir en un mundo mejor.


 

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