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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

Iluminado o vendehumo

Milei crece en las encuestas a costa del desprestigio de la clase política. Estamos en la segunda temporada del que “se vayan todos”. La primera culminó con la instalación de los Kirchner en el poder. En la segunda, ¿será el turno del libertario?

“A la mierda los malditos empresarios / A la mierda sodomitas del capital / basta de basura keynesiana / ha llegado el momento liberal. Tenemos un líder, y él es un gran referente / que al Estado siempre logra incomodar / Javier Milei futuro presidente / Javier Milei el último punk”.  Canción de Xiro, líder de la bandita de “punk capitalista”.

Las instituciones en la Argentina están en su punto más bajo. No solo la política. Casi todas. El desencanto de la sociedad con las mismas es un dato palpable de la realidad cotidiana. Pasa en gran parte del mundo.

La política no se identifica como la intermediaria eficiente de la solución de los problemas cotidianos, al contrario, la gente cree que ella los agrava.

El Congreso, la Justicia, la Iglesia, los movimientos sociales, entre otros, se encuentran también inmersos en esa ola de descreimiento que obnubila mentes y corazones.

Pareciera que volvemos en el almanaque a los albores del siglo, tiempos durante los cuales el hartazgo del “que se vayan todos” terminó trayendo a Néstor y Cristina Kirchner, cuya impronta política continúa hasta hoy vigente.

Es cierto, la corrupción, la impericia, el tremendo impacto de la economía en los bolsillos argentos, que ni el Gobierno ni la oposición atinan a encauzar a través de propuestas medianamente consensuadas y realistas, tienen su conclusión en un cansancio casi moral de la sociedad, tal vez la segunda parte del “que se vayan todos”.

Y si se van todos, ¿quién vendrá? ¿Alguien fuera del sistema, un outsider, o tal vez un antisistema, un nuevo Néstor, un iluminado, un Maradona gubernamental, un antitodo, un malabarista de la palabra, un prestidigitador de voluntades?

Pareciera que, lentamente, una parte importante de los argentinos va decantando su decisión sobre una especie de iluminado, una persona que reemplazará a toda una clase política desprestigiada: Javier Milei, un libertario talk show, que reconoció como sus mentores a Mauro Viale y a Eduardo Eurnekian.

¿Quién es Javier Milei? No es un outsider de la política, porque está dentro de ella. Tal vez sea un esclarecido ciudadano que viene con sus alforjas llenas de soluciones, o un engañapichanga que, oculto entre los pliegues del sistema, se presenta como su opuesto.

Debo decir, en principio, que el sistema político es uno solo en nuestro país, el que establece la Constitución: representativo, republicano y federal. Hablar de antisistema, entonces, o es un oxímoron o es estar en contra de la democracia y la república, que es nuestro sistema constitucional.

La cuestión parece ser, si tensamos la cuerda del análisis, que no se puede estar en contra del sistema sino más bien en contra de los operadores que lo envician, la “casta”, como le gusta definir al libertario, aunque hoy forme parte de ella.

Utilizo el mensaje del presidente Macron, luego de ganar su segundo mandato: “Hoy hemos derrotado la frivolidad y la hipocresía de los intelectuales… De esos que el pensamiento único es el del que todo lo sabe, y que condena la política mientras la practica”.

Si bien el mandatario francés se refería a la progresía intelectual, es plenamente aplicable al discursivista antisistema Javier Milei: “Condena la política mientras la practica”.

 Este enjuto hombrecillo, de cabellera desordenada, de temperamento explosivo, que rifa su sueldo en espectáculos mensuales de parafernalia demagógica, que concurre a los actos con chaleco antibalas, que es partidario de legalizar la portación de armas, ¿será la carta argentina para “limpiar” el sistema?

Ha sido capaz, en muy poco tiempo, de llamar la atención de un importante sector de la sociedad, especialmente de aquellos centennials libertarios, sobre todo varones, según las encuestas. Crece a grandes pasos en las preferencias y cada vez tiene más chances de estar en la pelea final por la presidencia.

 Pero no solo a los jóvenes cautiva, también a muchos veteranos cansados del producto de nuestros políticos. Aquí vale reiterar el interrogante. ¿Es el Cositorto de la política, con habilidades para sugestionar al público con sus mensajes de soluciones milagrosas? O, por el contrario, ¿ha descubierto la piedra filosofal de la política capaz de transformar el hierro en oro?

Según sus definiciones, la “casta” está en el Congreso y en la Justicia, es decir en todos los poderes del Estado. ¿Cómo combatir las disfunciones del sistema estando dentro del mismo?

Si suponemos, por vía de hipótesis improbable, que el mismo Milei no tiene los vicios de la “casta” que condena, ¿de qué manera obtendrá las leyes que reformarán la política si las mismas deben pasar por el filtro de la “casta” en el Congreso?

Un ejemplo contundente. Cuando candidato, el humorista Volodimir Zelenski prometió algo similar, limpiar la política en Ucrania. Ganó las elecciones con más del 70 % de los votos. Luego de dos años de mandato, la “casta” en el parlamento ucraniano le impidió las reformas y la adhesión a su figura descendió a menos del 30 % (hoy, con la invasión, está en un 95 %).

Entones, tenemos a un Milei que, independientemente del contenido de sus ideas, está proclamando un mensaje con un contenido casi utópico, pero no explica el “cómo” lo va a desarrollar.

Si examinamos sus ideas, veremos que no son nuevas, son tan viejas como el liberalismo decimonónico. Se autodefine como “minarquista de corto plazo y anarcocapitalista de largo”.

¿Qué significa? En ambos casos, antiestatista. En el primero, un Estado reducido a las funciones de seguridad y justicia. En el segundo, como siguiente etapa, la desaparición del Estado, situación que debería darse cuando la tecnología lo permita.

 ¿Hay alguna experiencia en el mundo donde una sociedad pueda manejarse sin Estado? Si alguno la conoce, que levante la mano y la exponga, porque sería digna de estudio.

En una entrevista realizada por Pablo Stefanoni y publicada en Revista Anfibia, Milei dijo: “Vengo de Liberland, una tierra creada por el principio de apropiación originaria del hombre. Una tierra de 7 kilómetros cuadrados entre Croacia y Serbia, un país donde no se pagan impuestos, un país donde se defienden las libertades individuales, donde se cree en el individuo y no hay lugar para colectivistas hijos de puta que nos quieren cagar la vida”.

El problema parece ser que en ese país tomado como ejemplo por Milei, que en la realidad es una república del Danubio fundada en 2015 por el empresario checo Vit Jedlicka, no vive nadie. Punto.

Cumpliendo con el teorema de Baglini, en algunos discursos Milei fue ablandando su libertarismo anarquista, siente de cerca el calorcillo del poder. Sin embargo, enfrente tendrá adversarios muy entrenados: además del centrismo PRO, el estatismo republicano de los radicales y el estatismo autocrático de los peronistas/kirchneristas.  

Por Jorge Eduardo Simonetti 

jorgesimonetti.com

Especial para El Litoral

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