Aquella reunión de la noche del 18 de diciembre de 2020 en el Despacho Oval se lleva el premio a “la más desquiciada de la presidencia de Donald Trump”. Esas fueron las conclusiones presentadas en Washington ayer, durante la séptima sesión de la comisión del Congreso que investiga el ataque al Capitolio.
En la audiencia de ayer se han establecido los vínculos entre el expresidente y su círculo con grupos como los Oath Keepers o los Proud Boys. Y para volver a mostrar que las personas más próximas al magnate le dijeron repetidamente que las teorías del robo electoral carecían de base. Sobre todo, después de que el 15 de diciembre el líder de los republicanos en el Senado, Mitch McConnell, admitiera la derrota de los suyos.
Miembros de las dos organizaciones extremistas han sido encausados por su participación en el asalto a la sede de la democracia estadounidense, como parte de la indagación paralela que está llevando a cabo el Departamento de Justicia sobre los hechos del 6 de enero. Uno de ellos, Stephen Ayres, que se enfrenta a una pena por conspiración sediciosa, declaró ayer en persona ante el comité que lamenta haberse dejado engañar por las mentiras de Trump. Fue a Washington y asaltó el Capitolio.
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