Una investigación arqueológica en el centro de la provincia de Corrientes concluyó que los Esteros del Iberá participaron de la intensa ocupación de las regiones de humedales, en principio en torno a los 1000 a. C. El equipo identificó 11 áreas en las que los materiales arqueológicos: material cerámico, lítico, restos óseos humanos y faunísticos, ornamentos, entre otros.
Los puntos del espacio que dan cuenta de las ocupaciones se caracterizan, en general, por la acumulación de conchillas. Si bien aún deben efectuarse estudios microestratigráficos para reconstruir la historia de acumulación de las valvas, dadas las características observadas, en algunos casos podrían haber sido utilizadas como material constructivo.
Asimismo, el empleo del género Diplodon, que habita en la actualidad en el Iberá como se pudo observar a partir del relevamiento realizado en 2020, es consonante con su empleo ampliamente extendido, especialmente debido al grosor y dureza de sus conchas. Su superficie interna nacarada destaca en la confección de cuentas como las recuperadas en distintas concentraciones.
Este y otros ornamentos se encuentran asociados a espacios donde se verifica la realización de prácticas mortuorias. En este sentido, estos sitios se asocian actividades concretas que trasuntan momentos significativos dentro de la vida social.
Participaron de la investigación profesionales de la Universidad de Rosario (UNR), de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne), del Centro de Ecología Aplicada del Litoral (Cecoal), del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Los primeros resultados fueron publicados en la última edición de la revista Folia Histórica del Nordeste.
Todo lo expuesto por esta investigación da cuenta del potencial arqueológico de los Esteros del Iberá, así como el interés que presenta en términos de conservación y turismo. Para el equipo, a partir de esto se abre una agenda futura para abordar los procesos ambientales y sociales interrelacionados con el poblamiento del sistema de humedales de los grandes esteros de la provincia de Corrientes desde una perspectiva interdisciplinaria.
Participaron del estudio Carolina V. Píccoli, Carolina Barboza, Félix I. Contreras, Carolina Fernández López, Tania S. Rey Montoya, Omar N. Saucedo, Pedro Cuaranta, Mateo D. Monferran, Oscar F. Gallego y Juan I. Mujica.
Humedales
Los espacios insulares del macrosistema Iberá presentarían las mejores condiciones de ocupación gracias a su topografía libre de anegamientos. Constituyen sectores elevados discontinuos que permiten el asentamiento humano y el desarrollo de distintas actividades.
Esos lugares presentan toda una serie de recursos, potencialmente vinculados con la producción cerámica, la caza, la pesca y la recolección de moluscos. Asimismo, los sectores insulares ofrecen un mayor número de formas posibles de desplazamiento práctico.
A partir de la información derivada de documentos del siglo XVI, así como los antecedentes a nivel regional, el equipo de investigación sostiene que la mayor parte de los sistemas de paisajes de humedades de las tierras bajas sudamericanas eran transitados por grupos que desarrollaron un sistema de navegación.
En este sentido, destacaron la presencia de una red de tránsito entre los sitios arqueológicos mediante cursos y cuerpos de agua principales libres de vegetación y, especialmente, mediante cursos secundarios y pasos naturales. Las redes hidrográficas han demostrado tener gran importancia para la ocupación antrópica en torno a las grandes cuencas, como, por ejemplo, ha sido observada en relación a la distribución de sitios asociados a la entidad Goya-Malabrigo en el Delta Superior del Paraná.
Conexiones
El estudio identificó las pautas generales de movimiento, mediante tres formas de tránsito intersitios, como el primer paso necesario para que, con el avance de las investigaciones sobre los elementos arqueológicos identificados, se logren deslindar las estrategias y correlaciones en la distribución entre los distintos puntos del espacio que fueron ocupados recurrentemente, estacionalmente y/o de forma semipermanente.
Si bien la red de tránsito observada no da cuenta de vías concretas, permite identificar una alta permeabilidad interna en este sector, evidente a partir de las varias vías de conexión intersitio en la mayoría de los casos. Consideraron que existen tres formas posibles de desplazamiento práctico de los antiguos pobladores entre los lugares estudiados:
1- Mediante cursos y cuerpos de agua principales libres de vegetación. Existen antecedentes que dan cuenta de que el río Corriente era navegable, y en la actualidad existen tramos que conectan ininterrumpidamente a su confluencia con el río Paraná y su alta cuenca en los esteros. Asimismo, se relevaron sitios que se encuentran en el interior de una misma laguna, como el caso del sitio en la laguna Trin y el sitio Isla del Medio dentro de la laguna Iberá. Esta categoría engloba a estos ambientes de acceso directo, sin mayores dificultades de accesibilidad.
2- Mediante cursos secundarios y pasos naturales. Esta categoría parte del hecho que los embalsados no son tierra firme, sino por el contrario es vegetación flotante –pueden crecer árboles de porte pequeño, adaptados a los excesos hídricos–, la que puede ser movilizada por el viento o los escurrimientos superficiales. En este sentido, se pueden llegar a generar espacios vacíos, a modo de ríos menores, los que perduran en el tiempo y pueden ser utilizados como vías comunicantes. Un claro ejemplo de lo que aquí se menciona es el caso del arroyo Carambola (canales Ñu Py y Plumero que conducen a los parajes homónimos), que comunica el Puerto Juli-Cue con la laguna Medina, siendo esta una vía de comunicación para los actuales pobladores del Iberá. El empleo de estos puntos de tránsito implica un claro conocimiento y orientación en el lugar, ya que la vegetación genera la irrupción de la visibilidad.
3- Mediante pasos y senderos artificiales. Abrirse paso sobre los embalsados es una práctica que se viene realizando hasta en la actualidad. En el área de estudio se han detectado 26 pasos realizados artificialmente, cuya finalidad es comunicar la tierra firme con aquellos cursos principales o secundarios que facilitan la navegación. Si bien se puede inferir que en el pasado los embalsados serían menos densos y extensos, no se descarta la posibilidad que sobre los límites de los esteros existiera la presencia de estos senderos. No obstante, es posible que estos embalsados no existieran a la hora de seleccionar un sitio terrestre para el asentamiento. Otra característica de esos pasos artificiales, si bien implica un importante gasto de energía generarlos, al ser rectilíneos y de tránsito constante facilitaría su tránsito, en comparación con la categoría anterior cuya geometría sería más sinuosa e irregular.
Cerámicas
En todos los casos, el material cerámico, dada su abundancia relativa y visibilidad, constituye el principal indicador, sino el único. Si bien este material se encuentra en proceso de estudio, en general, priman las superficies alisadas sin decoración, registrándose, hasta el momento, una baja frecuencia de tiestos corrugados.
Asociado al material cerámico, solo en cuatro concentraciones se registró asimismo la presencia de material lítico. Entre el material lítico se logró identificar alisadores, mano de morteros, bola de boleadoras y percutores, entre otros, así como, instrumentos tallados como puntas de proyectil, raederas y raspadores.
Restos humanos
Del total de concentraciones relevadas, en el 27% se registraron restos óseos humanos. Todas se emplazan en sectores elevados, enmarcadas por el bosque xerófilo. La única concentración con presencia de restos óseos humanos identificada en sector de monte, constituye un hallazgo aislado conformado por un diente de un individuo subadulto.
El material arqueológico fue identificado en las entradas de dos madrigueras de Dasipódidos, las que se encuentran en la parte más elevada del sitio. A partir de estos hallazgos se definieron dos sondeos exploratorios, en uno de los que se recuperó el molar humano asociado a tiestos de pequeñas dimensiones, una muy baja proporción de líticos y restos óseos faunísticos. En el sedimento se identificó una baja densidad de restos de valvas de moluscos.