n Un pianista que buscó el cielo con su avioneta y lo logró chocando con otra apenas cumplido los 33 años.
Era amante de los clásicos de la música culta. Osmar Maderna nació en Pehuajó, provincia de Buenos Aires, un 26 de febrero. A los 6 años en su pago, incursionó en una pequeña orquesta donde su padre también se anotaba.
Se trataban de bailes vecinales, de esos donde todos se conocen, y la música los reúne alegremente.
A la postre, se recibió como Profesor de Piano, título que lo habilitaba y lo envalentonaba en el arte maravilloso de la música.
Se lanzó al tango, con dos amigos de siempre, Aquiles Roggero y Arturo Cipolla, en línea directa Pehuajó-Buenos Aires.
Fue solista primero, más fácil de patear y buscar conchabo, y luego no tan fácilmente integró la agrupación de Fernández con la voz de Armando Moreno, calificado registro vocal que militó en cotizadas orquestas.
Dado su depurado estilo, melodista por excelencia, Maderna fue reemplazo de Héctor Stamponi en la orquesta de Miguel Caló, justamente en “la Orquesta de las Estrellas”.
Tengamos en cuenta que no se trataba de cualquiera, sino de la más exquisita con una “línea media” de calificados músicos: Domingo Federico, Armando Pontier, Enríque Mario Francini, el evolucionado Eduardo Rovira, con voces de gran acento.
Pasaron por la Orquesta de Caló, amén de Osmar Maderna, cantores de la talla de Raúl Berón, Raúl Iriarte, Roberto Rufino, Roberto Arrieta, Alberto Podestá.
Osmar Maderna era un joven prodigio que logró un sonido diferente, ya que la influencia de la música clásica lo llevó a que se animara a formar su propia orquesta.
No solo se independizaba, sino que también su lanzamiento era con un renovado y revolucionario repertorio construido en base a temas propios, y llevó al tango reconocidas obras disímiles como: “El vuelo del moscardón” de Rimsky Korsakoff.
Cada tema tenía un vuelo particular donde lo melódico ponía pausa, resumiendo la potencialidad de lo romántico. “Concierto en la luna”, “Escalas en azul”, “En tus ojos de cielo”, “Amor sin adiós”, “La noche que te fuiste”, “Luna de Plata”, “Lluvia de estrellas”, “Volvió a llover”, “Rapsodia de tango”, “Qué te importa que te llore”, “Cuento azul”, “Rincones de París”, etc.
Estrenó orquesta nueva en un lugar emparentado largamente con el tango, el popular “Marzotto”, también en “El Rocca”.
Pasaron por la orquesta de Maderna los cantores: Mario Corrales, Carlos Aldao, Héctor de Rosas, Adolfo Rivas, Carlos Aguirre, Orlando Berry, y Luis Tolosa.
En el año 1946, debuta con gran éxito en LR1 Radio El Mundo de Buenos Aires, dada la trascendencia de sus flamantes temas, diferentes en la orquestación y hasta en los propios títulos.
Es notable la incidencia de este joven músico argentino con su obra netamente tanguera pero con la visión de su capacidad melódica, en la elección de repertorio por parte de artistas internacionales de gran valía.
Podemos citar a quienes incluyeron a sus repertorios temas de Osmar Maderna, como fueron los Directores de grandes orquestas, George Melachrino, Paul Whitman, y Morton Gould, hasta el propio cantante mejicano Pedro Vargas, que llevó al disco su maravilloso vals, “Pequeña”.
Cuenta la crónica de la tragedia aérea al chocar con otra avioneta, que tuvo lugar el 28 de abril de 1951, en un campo de Lomas de Zamora en límite con La Matanza, habida cuenta su pasión por la aviación ya que era piloto civil.
En la plenitud de su carrera, pero más aún de su vida ya que solamente contaba con 33 años de edad, en tan breve tiempo había establecido una capacidad notable como músico, pianista exquisito, y prolífico autor.
Cuentan que Osmar Maderna llevó al disco 56 registros discográficos, todos con el suceso del éxito permanente dada su fama, su difusión que no escapaba a la elección mantenía viva su imagen.
En la vida de los artistas, existen obras que se proyectan a través del tiempo, pero el que se roba toda la atención de los tantos compuestos es un vals titulado “Pequeña”, compuesto conjuntamente con Homero Expósito en el año 1944 pero recién estrenado en 1949. Se procedió a grabarlo el 23 de julio de 1949, con la voz de Héctor de Rosas.
“Donde el río se queda y la luna se va, / donde nadie ha llegado ni puede llegar, / donde juegan conmigo los versos en flor / tengo un nido de plumas un canto de amor. / Tú que tienes los ojos mojados de luz / y empapadas las manos de tanta inquietud, / con las alas de tu fantasía, / me han vuelto a los días / de mi juventud. / Pequeña, / te digo pequeña, / te llamo pequeña / con toda mi voz. / Mi sueño, / que tanto te sueña, / / te espera, pequeña, / con esta canción. / La luna…/ ¡Qué sabe la luna / la dulce fortuna / de amar como yo..! / Mi sueño, / que tanto te sueña, / te espera, pequeña / de mi corazón. / Hace mucho que espero y hará mucho más / porque tanto te quiero que habrás de llegar; / no es posible que tenga la luna y la flor / y no tenga conmigo tus besos de amor… / Donde el río se queda y la luna se va, / donde nadie ha llegado ni puede llegar, / con las alas de tu fantasía / serás la alegría / de mi soledad. /”