Con su sonrisa interminable... Esos pañuelos perfumados que entregaba amable - siempre atento a calmar nuestros llantos y mocos - Con bombo o poncho al hombro, Mataco Lemos alegraba nuestras tardes con chacareras, gatos y escondidos... Esas tardes de chamamé a sol pleno de danza... No había tiempo para riñas ni pereza. Llegaba el rasguido doble y hasta el retobado se dejaba llevar por esa guitarra que rasgaba la Mona, por las largas trenzas de Torito y cuando llegaba él... el mejor malambeador: Chicharra!! Todos al repiqueteo de las botas negras que Mataco nos traía silbando papito-papá papito-papá... Junto a los pollerones de Elsa que zarandeaba donosos para nosotras.
Con inmenso cariño lo recordamos ex alumnos y docentes del Instituto Modelo Jean Piaget