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Democracia y Malvinas: la necesidad de un debate profundo

PorAgustín Romero (*)

Publicado en Clarín

La celebración de los 40 años de democracia y las próximas elecciones presidenciales son el marco adecuado para reflexionar sobre la futura estrategia argentina para la Cuestión Malvinas. Las fuerzas políticas anotadas para la competencia electoral de octubre no han dicho nada con respecto a su propuesta y diseño de su política exterior, en general, y, menos aún, sobre sus ideas sobre los territorios disputados que abarcan más de 1.5000.000 km ricos en recursos ictícolas, hidrocarburíferos, turismo, geoestratégicos y antárticos. La ciudadanía debería interpelar a las fuerzas políticas con aspiraciones presidenciales para que establezcan cuál es su paradigma en materia de política internacional en caso de llegar al poder.

Por otro lado, estamos en un punto de inflexión en donde el sistema internacional se está rediseñando y alcanzando una reconfiguración que regirá en los próximos años. Estos elementos sistémicos adicionados a los internos dan una excelente posibilidad para el siguiente interrogante: ¿es posible la elaboración de un documento mínimo de coincidencias entre los partidos sobre lineamientos australes y el compromiso a mantenerlos cuando uno de ellos gane?

Solo así podremos ir a nuestros vecinos y pedirles que nos acompañen con nuestra reivindicación. Las posibilidades de que avancemos en la recuperación de los espacios disputados se potencian si el planteo unilateral argentino vis a vis Reino Unido viene acompañado con una armonización sudamericana.

Pero nada de esto puede suceder si Argentina cambia de posición frente a Londres ante cada nueva administración. La única forma de asegurarles a los amigos que su compromiso y los potenciales costos que puedan pagar frente a Londres por su posicionamiento activo a favor de la Causa Malvinas serán defendidos a través de dos acciones: en primer lugar, con una política de Estado integral sobre el tema de mediano plazo y, en segundo lugar, planteando al Atlántico Sur y a la Antártida como una causa sudamericana; ofreciendo nuestras bases en el continente blanco para potenciar la cooperación científica e investigaciones bajo la mirada de la conservación y protección de los recursos renovables y no renovables y como zona de paz y libre de armas nucleares. Y usted preguntará ¿cuáles podrían ser las bases de ese acuerdo? En primer lugar, avanzar en la construcción de medidas de confianza y diálogo con Londres sin consentir que a través de una política de hechos consumados continúe explorando y explotando recursos que están disputados.

Segundo, promocionar dos resoluciones de las Naciones Unidas: la 2065 de 1965 que reconoce una disputa de soberanía entre Argentina y el Reino Unido y los invita a sentarse en una mesa de negociación y resolver el tema fondo.

Nunca debemos olvidar (y hay que recordarle al mundo) que esa resolución no tuvo votos en contra. Por otro lado, la 37/9 de 1982 (cuatro meses después de la guerra) pide a ambos estados que reanuden las negociaciones para encontrar una solución a la controversia.

Esta disposición se opone a la estrategia y política asumida por Londres después de la victoria militar del drop the claim (desistimiento de la demanda argentina sobre las islas Malvinas). Finalmente, aprovechar inteligentemente las potencialidades que el descontento social por el Brexit está causando en ese país sumado a los movimientos independentistas en Escocia.

*Doctor en Ciencia Política, autor del libro La Cuestión Malvinas. Una hoja de ruta. 

Herramientas para la política exterior argentina (Eudeba)

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