Una historia de inmigrantes
La historia de la familia Gutnisky sintetiza la experiencia de tantos inmigrantes que han llegado a la Argentina a lo largo de los años. Como muchos otros, arribaron sin bienes materiales, pero recibidos con los brazos abiertos por un país que supo reconocer en ellos el potencial de quienes buscan un nuevo comienzo. A través de su dedicación, ingenio y perseverancia, estos inmigrantes se integraron plenamente, contribuyendo de manera decisiva al desarrollo de la nación y adoptando esta tierra como propia.
El aporte de la familia Gutnisky y de tantas otras trasciende el mero hecho de haberse asentado en Argentina: dejaron valores, virtudes y una huella imborrable en la historia, tanto en el ámbito nacional como en el local. Su influencia se sintió profundamente en Corrientes, su “pago chico”, donde la familia se afincó y forjó parte de su legado.
La mezcla que forjó la Nación
La travesía de los Gutnisky forma parte de una historia colectiva, la de españoles, italianos, gringos, judíos, árabes y muchos otros inmigrantes que llegaron desde distintos rincones del mundo. Juntos, mezclaron sus raíces, costumbres y sueños, construyendo una nación nueva. Así nació la identidad argentina, resultado de la fortaleza de los pueblos originarios y la esperanza de quienes arribaron en busca de un futuro diferente.
La empresa familiar y el desarrollo de la industria naval en Corrientes
Don Samuel Gutnisky, junto a su familia, fue protagonista de uno de los capítulos más destacados de la industria naval en Corrientes. No tardó mucho en advertir la importancia del río para la zona.
En ese contexto, 1920 marcó el inicio de la aventura transformadora. Fundó una empresa de navegación dedicada al transporte de carga por los ríos Paraná y Paraguay, incorporando también un buque de pasajeros en la ruta Corrientes-Formosa.
Pero lejos de conformarse, identificó una limitación clave: la dependencia de centros lejanos para la reparación de embarcaciones, que debían ser llevadas a Rosario o Buenos Aires. Frente a esas dificultades Samuel y sus hijos decidieron un salto cualitativo en su emprendimiento: en 1958 fundaron “Astilleros Corrientes S.A.”
Esta iniciativa no solo resolvió una necesidad operativa, sino que transformó a Corrientes en un polo industrial inédito para la región. Lo que antes era un punto de paso se convirtió en un centro de construcción y reparación naval, capaz de emplear a más de 2.000 trabajadores y de competir en licitaciones de la Armada Argentina. En una provincia de tradición agrícola-ganadera, esta apuesta marcó un verdadero quiebre y posicionó a la industria como motor de desarrollo.
A lo largo de los años, el astillero se modernizó: incorporó calderería pesada, electricidad, soldadura, carpintería y sistemas de tuberías. Esto permitió construir buques de todo tipo y tamaño, barcazas, buques tanque y remolcadores, empujadores, como los gemelos Samuel y Alicia Gutnisky.
Innovación, Rreconocimiento y crisis
Entre los hitos más destacados, entre 1980 y 1986, el astillero construyó las dos únicas plataformas de exploración de petróleo en alta mar (offshore) fabricadas en Argentina, encargadas por una empresa estadounidense y utilizadas en los golfos de México y Medio Oriente. El personal del astillero era altamente calificado, y su influencia trascendió fronteras: en Asunción del Paraguay, varios astilleros fueron integrados por ex obreros e ingenieros de Astilleros Corrientes.
Sin embargo, el paso del tiempo y la falta de apoyo económico fueron debilitando la industria. En la década del 90, la crisis golpeó duramente y la producción se detuvo por años. Un esfuerzo de reactivación entre 2005 y 2008 permitió recuperar empleos y retomar la construcción de casas, remolcadores y hasta un buque petrolero de 10.000 m³, posicionando nuevamente al astillero como uno de los más grandes del país.
A pesar de estos logros, la ausencia de financiación adecuada fue minando el avance. La construcción de una sola barcaza requería inversiones considerables y, sin créditos para el sector, la actividad volvió a paralizarse.
Un buque gemelo al ya entregado, construido pero no terminado, es símbolo de un pasado industrial que se resistía a desaparecer.
El legado y la memoria
La historia de la familia Gutnisky y de Astilleros Corrientes permanece como testimonio de una visión adelantada a su tiempo. Más que una empresa, representó una forma de pensar el desarrollo: con audacia, trabajo y capacidad de anticiparse a las necesidades. Su legado no se mide solo en obras construidas, sino en el impulso transformador que dejaron en la región y en la memoria de quienes fueron parte de ese proceso: familias correntinas que enriquecieron la empresa.
Es la historia de pioneros que no esperaron condiciones ideales, sino que las crearon. Y en ese gesto, dejaron una enseñanza vigente: el progreso nace, muchas veces, de la decisión de ir más allá de lo establecido.
Puede haber futuro
La lucha continúa. La porfía por recuperar y refuncionalizar el astillero, sigue adelante. Que las autoridades tengan la suficiente visión para acompañar el esfuerzo de los propietarios.
Con la licitación de la Hidrovía y reforma de la ley de cabotaje vigente, se espera una reactivación de la navegación fluvial y de la industria naval.