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Las carteras artesanales correntinas que llegaron a Estados Unidos y Uruguay

“Siempre me gustaron las cosas hechas a mano. Veía artesanías en otros países y me fascinaba cómo lograban elevar lo artesanal con diseño y detalles”, contó Carolina Mareco en Perfil Productivo.

Por El Litoral

Sabado, 09 de mayo de 2026 a las 15:27

 

Lo que empezó como una búsqueda personal entre viajes, artesanías y materiales naturales terminó convirtiéndose en una marca con presencia en Corrientes, Buenos Aires y ventas al exterior. Así nació Casa Nala, el emprendimiento creado por Carolina Mareco, una oftalmóloga correntina que transformó un hobby en una empresa vinculada al diseño, la moda y el trabajo artesanal.

“Siempre me gustaron las cosas hechas a mano. Veía artesanías en otros países y me fascinaba cómo lograban elevar lo artesanal con diseño y detalles”, contó Mareco en Perfil Productivo.

La marca comenzó a tomar forma alrededor de 2018, cuando Carolina empezó a diseñar piezas para amigas y conocidos. Con el tiempo, decidió profesionalizar el proyecto y construir una propuesta basada en fibras naturales, identidad regional y producción artesanal.

Del espartillo correntino a piezas exportadas

Uno de los diferenciales de Casa Nala es el vínculo directo con artesanos del Litoral y el Gran Chaco. Para entender los procesos, Mareco recorrió talleres y aprendió personalmente las técnicas tradicionales.

“Fui a Concepción a aprender a trabajar el espartillo. Me enseñaron cómo se arranca, cómo se seca y cómo se teje. Necesitaba entender el proceso para después poder diseñar”, explicó.

La marca trabaja con artesanos de Corrientes, Formosa y otras zonas de la región que elaboran las estructuras de las carteras utilizando palma caranday, espartillo y rafia. Luego, las piezas llegan al taller de Casa Nala, donde se incorporan piedras naturales, herrajes y terminaciones.

“Hay una huella humana en cada producto. Para mí, el lujo hoy está en saber quién hizo lo que estás usando”, sostuvo.

Diseño, ensayo y error

La construcción de cada cartera implica un trabajo artesanal minucioso y colaborativo. Carolina diseña las piezas, envía dibujos, medidas y referencias por WhatsApp, y junto a los artesanos ajustan formas, tamaños y materiales.

“No siempre sale perfecto a la primera. Hay mucho ensayo y error. A veces me mandaban medidas distintas y después entendí que ni siquiera tenían cinta métrica. Entonces empezamos comprando herramientas básicas”, recordó.

Con el crecimiento de la marca, incorporaron modelos impresos en 3D para ayudar a los artesanos a reproducir ciertas estructuras con mayor precisión.

Además, cada pieza cuenta con trazabilidad: el cliente puede conocer qué artesano la realizó, qué técnica utilizó y qué materiales se emplearon.

El desafío de pasar del hobby al negocio

Mareco reconoció que uno de los mayores desafíos fue aprender la parte empresarial.

“Tuve que hacer cursos para aprender a poner precios, organizar costos y profesionalizar todo el proceso”, señaló.

Ese crecimiento también implicó delegar tareas, trabajar la comunicación en redes sociales y construir una identidad visual propia para la marca.

“Al principio era la mujer orquesta: hacía todo yo. Después entendí que necesitaba rodearme de gente para poder crecer”, contó.

Actualmente, Casa Nala comercializa sus productos en Corrientes, Buenos Aires, Uruguay y Estados Unidos a través de distintos puntos de venta y marcas asociadas.

“No competimos por precio”

Frente a la apertura de importaciones y el avance del fast fashion, Mareco asegura que su marca apuesta a otro tipo de consumo.

“No puedo competir por precio con productos industrializados. Compito desde lo hecho a mano, desde lo auténtico y desde el valor de una pieza única”, afirmó.

Y concluyó: “Lo imperfecto también es parte de lo artesanal. No hay dos piezas iguales, y justamente ahí está su valor”.

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