Se conoce como montoneras en algunos países de América Latina a las formaciones constituidas generalmente por individuos de una misma localidad, que brindan su apoyo armado a una determinada causa o caudillo. Surgidas inicialmente durante la guerra de la independencia frente a España. Estas agrupaciones de civiles en armas han tenido un papel importante en la historia de algunos países hispano-americanos durante el siglo xix. Es generalmente compartida por diversos filólogos la idea que el término "montonero" se debe a que estos hombres marchaban "en montón", es decir desorganizados, se agrupaban y dispersaban "en los montes" y generalmente luchaban "montados". ?
El hecho de que las montoneras aparecían espontáneamente en las localidades sublevadas, atacando a guarniciones realistas aisladas y dispersándose inmediatamente al enfrentar a una fuerza superior, para volverse a reunir y actuar de nuevo ha llevado a algunos autores a compararlas con la estrategia de guerrilla aparecida durante la guerra de independencia española esto debido a que, a decir del historiador español Manuel Ovilo y Otero, operaban bajo el mismo sistema de guerrillas que se planteó en España contra las tropas de Napoleón desde 1808 a 1814, perfectamente entendido y aun mejorado en mucho por aquellos naturales. ?
Por su parte el oficial inglés Guillermo Miller, que sirvió en el ejército del general Wellington durante su campaña en España, señalaba que los montoneros en el Perú, como las guerrillas en la guerra peninsular, brindaban un incalculable servicio como fuerza auxiliar. ?
En la Argentina - Se llamó montoneras a las unidades militares de extracción rural, generalmente de caballería, conducidas por los caudillos locales, que participaron en las guerras civiles argentinas del siglo XIX.
Características - Las montoneras eran unidades relativamente inorgánicas, de extracción rural, y que generalmente operaban en ámbitos rurales. Generalmente se las asocia con el concepto de milicias rurales; la diferencia esencial entre éstas es que se llamaba milicias a las fuerzas que contaban con el apoyo del gobierno provincial, mientras que “montoneras” eran las que se alzaban contra el mismo gobernante.
Lógicamente, cuando una montonera lograba cambiar una situación provincial, pasaban automáticamente a ser consideradas “milicias rurales”. De igual manera, muchas milicias rurales pasaron a ser montoneras cuando perdieron el apoyo del gobierno provincial. Las provincias con capitales más populosas, sobre todo Buenos Aires y, en menor medida, Córdoba, contaban además con importantes fuerzas de milicias urbanas, que servían únicamente para defender las ciudades.
Su grado de organización dependía fuertemente de las circunstancias. Por ejemplo, las montoneras organizadas por Blas Basualdo en Corrientes en 1814, respondiendo a Artigas, parecen haber sido amontonamientos de hombres sin disciplina, que lograron algunos éxitos merced solamente a su valor y audacia. Cuando Francisco Ramírez, aliado de Artigas lo abandona y lo persigue al Oriental, reorganiza la montonera de Blas Basualdo y la pone a sus órdenes.
Sus tácticas de combate eran rudimentarias, pero se adaptaban a las condiciones predominantes en el campo abierto en la Argentina. En efecto, generalmente debían recorrer grandes distancias sin población alguna entre pueblos y ciudades, y combatir en lugares elegidos por características geográficas naturales, eligiendo sitios en donde la cercanía de cursos de agua o montes de árboles les podía dar alguna ventaja. No obstante, tratándose de tropas casi exclusivamente de caballería, preferían espacios abiertos.
Generalmente, las tropas ansiaban entrar en contacto con el enemigo y combatir cuerpo a cuerpo. Sus jefes, en cambio, preferían llevar adelante una estrategia de guerrillas, con la que desgastaban a las tropas regulares y les dificultaban sus maniobras, además de derrotar a cualquier grupo que se alejara del grueso del ejército enemigo.
Se suele citar al caudillo de la provincia de Santa Fe Estanislao López, como el más capaz en el desarrollo de estrategias de desgaste, que de esta manera logró mantener la autonomía de su provincia ante los ejércitos enemigos, venciendo a jefes tan capaces como Juan Ramón Balcarse, Manuel Dorrego, Juan Lavalle y José María Paz. Esta misma estrategia terminó también por darle la victoria sobre su ex aliado Francisco Ramírez, confirmando que, en esas condiciones, la disciplina valía menos que las tácticas apropiadas.
La apreciación histórica del término - En la historiografía argentina, el término “montonera” suele ser citado de manera despectiva, especialmente por los historiadores liberales, que se identifican con los gobiernos de esa tendencia de Buenos Aires. ? Tanto es así, que los historiadores liberales suelen evitar por todos los medios llamar "montoneros" a los combatientes de la llamada Guerra Gaucha, eficaz defensa del norte del país durante la guerra de independencia, aunque la estrategia y tácticas que llevaron adelante Martín Miguel de Güemes y sus seguidores eran idénticas a las que utilizaban los caudillos federales.
Evolución del armamento y táctica - Las armas que se utilizaban eran, con mucha frecuencia, combinaciones de lanza con otra u otras. En un principio disponían de armas de fuego, y adaptaban sus tácticas de combate para combinar su uso con el de lanza o sable. Sin embargo, avanzando el siglo xix, el uso de armas de fuego se hizo más esporádico debido a su alto costo, y el aumento del número de combatientes exigió simplificar el armamento: combinaban lanzas con sables, y en su defecto armas más primitivas, como las boleadoras indígenas.
Un caso especial de la estrategia militar lo presentó la provincia de Santiago del Estero, cuyo gobernador Juan Felipe Ibarra prefirió siempre defenderse por la estrategia de “tierra arrasada”. Dado que las fronteras de la provincia eran especialmente difíciles de controlar, cada vez que la provincia era invadida. Dejó a sus enemigos ocupar la capital y la privó de agua y alimentos, hasta obligar a los invasores a abandonar la provincia.
Desde 1828 en adelante, algunas provincias comenzaron a contar con ejércitos formales, especialmente Buenos Aires y, en menor medida, Córdoba. El general José María Paz llevó la formalidad militar a esta su provincia, pero en los años que siguieron a su caída, las milicias rurales de Córdoba volvieron a preferir una organización de estilo montonero. La provincia de Buenos Aires, en cambio, prefirió organizar ejércitos profesionales, limitando la acción de las milicias rurales a la defensa contra los indígenas.
Iniciado el período llamado de la "Organización Nacional", es decir, posterior a la sanción de la Constitución Nacional de 1853, las luchas entre grupos políticos continuaron siendo dirimidas por medio de combates entre tropas regulares y montoneras. A partir de la batalla de Pavón, éstas comenzaron a perder posibilidades operativas frente al armamento cada vez más moderno de la infantería de línea. Aun así, la primera de estas guerras civiles, dirigida contra el gobierno nacional por Ángel Vicente Peñaloza, se resolvió en contra de este por la mejor capacitación y equipamiento de las tropas nacionales de caballería “de línea”. En las siguientes luchas, en cambio, la superioridad de la infantería decidió en todos los casos las luchas: el último de los caudillos federales, Ricardo López Jordán, fue derrotado repetidamente por esta razón. Por cierto, en esa época, la palabra "montonera" se le aplicaba únicamente a los federales.
Las figuras de los caudillos, gauchos y montoneros poblaron el escenario político-social de ese entonces y se convirtieron en una clave para pensar la historia nacional. Los últimos levantamientos montoneros liderados por la que puede ser considerada una tercera y última generación de caudillos en las décadas centrales del siglo XIX.
Así, Ángel Vicente “Chacho” Peñaloza y Felipe Varela en la región oeste y Ricardo López Jordán, en Entre Ríos, lideraron las últimas rebeliones federales en la etapa de conformación del Estado nacional, entre los años 1860 y 1870. La resistencia más importante al proyecto del liberalismo porteño liderado por Mitre, triunfante tras la batalla de Pavón, se produjo en el Oeste, el bastión del federalismo. Ante la ocupación de esa región por parte del ejército nacional, al mando de los generales Paunero y Arredondo, y de las fuerzas de los Taboada que gobernaban Santiago del Estero, comenzaron a generarse los levantamientos montoneros al mando de quienes habían sido antiguos lugartenientes de Facundo Quiroga. En este contexto se extendió el uso de la palabra gaucho que hacía referencia a los habitantes pobres de la campaña, ya fuesen éstos considerados blancos, mestizos o afro descendientes.
También se utilizaba en sentido despectivo como sinónimo de criminal o bandido rural. Las luchas políticas de la década de 1860 permitieron que las autoridades nacionales usaran la palabra gaucho con esta última acepción, como sinónimo de bandido, articulándola con la afiliación federal de la mayoría de los habitantes de la campaña y de su participación en las rebeliones en contra del gobierno nacional y las autoridades porteñas.
Los conflictos de la década de 1860 también hicieron que la palabra gaucho en sus dos acepciones antes mencionadas -como habitante de la compaña y como bandido- se asimilara al término “montonero” como se denominaba a los rebeldes federales. Por lo tanto, en el período de formación del Estado Nacional, el concepto “montonero” aludía a quienes se rebelaban contra las autoridades constituidas, sobre todo aquéllas del nivel nacional. Esto les permitió articular un ordenamiento de tipo jerárquico, con responsabilidades bien definidas, con un principio de legitimidad popular.
Desde allí surgió en 1863 el levantamiento de Ángel Vicente “Chacho” Peñaloza. Había nacido en Guaja, un pueblerío de los Llanos cercano a la aldea de Facundo Quiroga. Desde la década de 1820 comenzó su carrera política como subalterno de éste. Pelearon juntos en Tala, en la Tablada y en Oncativo. Ya en ese entonces gozaba de tal prestigio que llegó a conformar la escolta de Quiroga. Al ser derrotados en estas batallas volvió a La Rioja llevando una vida semi-clandestina ante la ocupación de la provincia por las fuerzas unitarias de Lamadrid. Volvieron a pelear juntos en Ciudadela, batalla en la cual Quiroga se impuso frente a los unitarios. Tras el asesinato de Facundo Quiroga en 1835 el Chacho se volvió completamente anti-rosista. Creía, junto a otros federales riojanos, que Juan Manuel de Rosas había sido el responsable del asesinato. Estaba en lo cierto el “Chacho".
Las montoneras respondían a “caudillos” comarcales. López Jordán, como el Chacho Peñaloza, o Felipe Varela, peleaban por su comarca y no les interesaba la Unión Nacional y mucho menos una Constitución Nacional, porque se les terminaban sus objetivos de ser “che rubichá” y estaban en la cosa menor. De ahí la enorme diferencia de los gobernadores provinciales del siglo XIX con nuestro gobernador Pedro Ferré y el ejemplo que heredó a Corrientes, que fue la única Provincia Argentina que tuvo alternancia en sus gobiernos, nunca una re elección y mucho menos permitirle al tirano de Rosas que se “apropie de lo ajeno”. Por eso Corrientes luchó en soledad. De las 13 Provincias la nuestra lucho en sola con sus 5 ejércitos Libertadores porque todas las otras estaban “cooptadas” por el “Psicópata” de Rosas y sus caprichos y asesinatos que terminó frenando el progreso de toda la argentina. Rosas jamás aceptó una Constitución Nacional, para no estar sometido al control de un Congreso Nacional y mucho menos a un Poder Judicial de la Nación. Sólo fue un Gobernador de la provincia más grande del país y así, desde el puerto, manejaba la economía y las rentas de toda la Argentina.
Por Juan Carlos Raffo
Especial para El Litoral
FUENTE Historias de Corrientes TV Juan Carlos Raffo y Dr. Miguel Ángel Demarco.