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“Argentina no está preparada para la llegada de la electromovilidad”

Sabado, 07 de febrero de 2026 a las 22:42

Mientras el vehículo eléctrico es presentado como una solución inmediata y casi inevitable, la Argentina enfrenta una realidad incómoda: un sistema eléctrico frágil, redes de distribución saturadas y una infraestructura urbana que no está preparada para absorber un salto abrupto en la demanda energética. La discusión de fondo no es tecnológica, sino estructural, y exige planificación, realismo y decisiones políticas responsables.

Desde hace tiempo vengo sosteniendo una idea que incomoda, pero que resulta ineludible: la Argentina, hoy, no está preparada para una adopción masiva de la electromovilidad. Al menos no en las condiciones actuales de su sistema energético y de distribución eléctrica. Por eso, mientras se insiste en presentar al vehículo eléctrico como una solución inmediata y universal, debemos ser realistas y arreglarnos con lo que tenemos, y lo que la Argentina posee en abundancia es Gas Natural, un recurso que debería ser utilizado inteligentemente como combustible de transición energética.

Desde el momento en que comenzó a plantearse la llegada de la electromovilidad, vengo advirtiendo de manera constante que las redes de distribución eléctrica no están preparadas para un crecimiento exponencial de la demanda. 

El sistema requiere una transformación sistémica profunda, que demanda una planificación urbana y energética sin precedentes, más aún en un contexto en el que cada ola de calor por encima de los 35 grados se traduce en una amenaza concreta de apagones en los centros urbanos.A este escenario crítico se suma un factor pocas veces considerado: la carga simultánea de vehículos eléctricos en determinados horarios, especialmente durante la noche, cuando los usuarios regresan a sus hogares. 

Esta coincidencia de demandas puede provocar picos de consumo que el sistema actual simplemente no puede absorber sin riesgos.Si bien los vehículos eléctricos pueden conectarse a un enchufe doméstico estándar de 220 V —lo que se conoce como Carga Nivel 1—, esta alternativa resulta técnica y operativamente precaria. Una carga completa puede demandar hasta 16 horas, con el agravante de un riesgo real de sobrecarga de los circuitos domiciliarios, que no fueron diseñados para sostener consumos prolongados y continuos de esa magnitud.

La segunda alternativa es la instalación de un “wallbox” -Carga Nivel 2-, considerada la solución más adecuada para el ámbito residencial, ya que permite reducir los tiempos de carga a una ventana de entre 3 y 6 horas. Un wallbox es un cargador inteligente para vehículos eléctricos, diseñado para uso doméstico o empresarial, que ofrece una carga más rápida, segura y controlable que un enchufe convencional. 

Además, permite gestionar horarios, potencia y costos desde una aplicación móvil, integrando funciones de gestión energética como carga solar o balanceo de carga, optimizando el consumo y reduciendo el gasto.

No obstante, esta solución también tiene un costo que muchas veces se omite mencionar. Un cargador inteligente wallbox representa una inversión inicial adicional que ronda los 1.500.000 pesos, a lo que deben sumarse eventuales adecuaciones de la instalación eléctrica domiciliaria. 

Incluso cuando se emplean energías renovables, se recomienda un punto de carga con una potencia mínima de 3,5 kW, algo que no todos los hogares pueden garantizar sin obras complementarias.Otra desventaja estructural de la electromovilidad es la limitada autonomía de los vehículos. 

En el mejor de los casos, una carga completa permite recorrer alrededor de 300 kilómetros en el mejor de los casos. Para viajes de larga distancia, o para usuarios que no cuentan con carga domiciliaria, se requieren estaciones de carga rápida en corriente continua (DC), con potencias que van de 50 a 150 kW, lo que implica inversiones masivas en infraestructura de media tensión, subestaciones, transformadores y refuerzos de red.Este debate, que durante mucho tiempo fue planteado únicamente desde el ámbito técnico, comienza ahora a instalarse en la agenda pública y mediática.

En ese sentido, resulta relevante que el medio especializado Dinamicar haya abordado recientemente esta problemática, contribuyendo a visibilizar las limitaciones reales del sistema y la necesidad de una discusión seria y fundamentada.

Ver nota en: https://dinamicarg.com/casas-estaciones-servicio-red-electrica-limite-actual-ola-electromovilidad/

La electromovilidad llegará, sin dudas, pero no puede imponerse sin antes fortalecer el sistema eléctrico, planificar la infraestructura y definir una estrategia nacional coherente.

Seguir impulsando su adopción sin resolver estas cuestiones de fondo es trasladar el problema hacia adelante, con el riesgo de colapsos, desigualdades territoriales y mayores costos para los usuarios.Aquí es donde la política debe asumir su responsabilidad.

La transición energética no puede quedar librada a slogans, modas tecnológicas o decisiones aisladas. Requiere una política de Estado, con participación de las provincias, los municipios, las empresas distribuidoras y los organismos técnicos. Mientras tanto, el Gas Natural —abundante, accesible y con una red ya desplegada— debe ocupar un rol central como vector de transición, permitiendo reducir emisiones sin poner en jaque la seguridad energética ni el bolsillo de los argentinos.

Planificar primero, invertir con criterio y transitar de manera ordenada no es un freno al progreso: es la única forma de garantizar que la movilidad del futuro sea verdaderamente sostenible, inclusiva y federal.

José Sesma
Ingeniero Electro Industria

 

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