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¿Acercarse a Milei está bien? El desafío de ser Corrientes

Sabado, 07 de febrero de 2026 a las 22:46

Cuando un país soberano se postra a los pies de una potencia global como Estados Unidos, irradia al mundo una imagen de sumisión que puede limar la autoridad de su gobierno a menos que la contraprestación obtenida a cambio de tan ciega obediencia le haya permitido a ese gobierno salvar su pellejo cuando todos lo creían derrotado.

Fue lo que sucedió con la administración de Javier Milei en octubre del año pasado. Sin divisas para sostener el tipo de cambio, el gobierno libertario un día colgaba del pincel y al día siguiente, después de un simple tuit de Scott Bessent, pasó a encabezar la intención de voto con el dólar pisado y un nuevo endeudamiento que le devolvió liquidez a las reservas del Banco Central.

El presidente Javier Milei logró lo que nadie pensaba. En pocas horas se recuperó e inició un derrotero meteórico hacia la construcción de poder. Ganó las elecciones legislativas, abrió el diálogo con los gobernadores y comenzó a cerrar acuerdos hasta con las provincias menos proclives a convalidar la política de la motosierra. 

Entre ellas está Corrientes, cuyo gobernador actual mostró una sintonía inicial más marcada con el poder central a partir de conversaciones que acercaron criterios en torno del paquete de leyes impulsadas por La Libertad Avanza. Varios puntos de coincidencia surgieron del diálogo amistoso con el ministro del Interior, Diego Santilli, incluida la tentadora posibilidad de que se destraben fondos en conceptos de ATN, créditos largamente adeudados por la Nación y el traspaso de inmuebles históricamente valorados por la provincia como es el caso de los ex cuarteles de la costanera.

¿Está mal o está bien que el gobernador Juan Pablo Valdés genere un ámbito de convivencia institucional con la administración nacional? No faltan críticos que alegan un supuesto peligro de traslación de las políticas libertarias a una provincia cuyos habitantes valoran un Estado presente, garante de la contención social que proporcionan los servicios públicos.

Para comprender la estrategia del primer mandatario correntino vale posar la mirada en la jugada que le permitió a Milei recibir los favores de Estados Unidos, al solo efecto de cotejar diferencias y similitudes.

Así como el presidente de la Nación adoptó el camino del alineamiento con el Tío Sam para recibir a cambio el blindaje financiero que nunca nadie le había proporcionado a la Argentina, Corrientes está en su derecho de negociar con la esfera nacional para conseguir recursos, obras y bienes que de otra forma no estarían a su alcance en un año de crisis estructural causada por la caída del consumo, el cierre de industrias y la pérdida de empleo registrado.

Pasar de la distancia política explícita al diálogo pragmático representa para Juan Pablo Valdés la apertura de una instancia de concertación que podría significar una mayor capacidad de gestión a nivel doméstico, con herramientas para hacer frente a los efectos más corrosivos de la apertura indiscriminada de exportaciones, como ha sido el caso de la hoy paralizada textil Alal.

El encuentro con ejecutivos del holding Mercado Libre llegó después de las reuniones institucionales con Santilli y Adorni, quienes cumplieron un rol similar al de Bessent respecto del sofocado incendio cambiario del año pasado. Bastó la foto de Juan Pablo con los alfiles del presidente para que Marcos Galperín le abriera las puertas de su compañía a la delegación correntina, a fin de negociar la potencial instalación de almacenes en algún punto del Taragüí.

¿Entregará Corrientes el alma al diablo a cambio de un puñado de puestos de trabajo en el sector privado o de los terrenos del ex RI9? No pareciera ser el objetivo del actual jefe del Ejecutivo provincial, quien enfrenta un desafío no menor: dejar en claro que lo suyo no es subordinación sino cooperación y demostrar que las demostraciones de afinidad con la Casa Rosada son jugadas de pizarrón para proteger a su gente de los cimbronazos económicos que se avecinan.

La sociedad correntina no es esencialmente libertaria cuando se trata de votar por una categoría provincial. El 31 de agosto, día del triunfo de Vamos Corrientes con la dupla Valdés-Braillard, la oferta de LLA quedó en cuarto lugar, pero un mes y medio después los candidatos violetas estuvieron a un tris de la victoria en el mismo distrito donde antes un candidato radical fue coronado gobernador con el 52 por ciento de los votos.

Está claro que Corrientes vota con pragmatismo y que si alguien cruzara la línea que diferencia el prototipo de la política local (centrado en un Estado comprometido que garantiza derechos para asegurar un clima de tranquilidad cívica) de las recetas disruptivas aplicadas en el orden nacional, habría consecuencias tarde o temprano por una razón insoslayable: los correntinos aceptan y hasta aplauden el orden, pero no toleran la intemperie social.

Para que todo marche bien y las dinámicas vinculares con la Nación se aprecien como un acuerdo de intercambio visible que reporte beneficios para la provincia, basta con que el Gobierno provincial comunique eficazmente los logros de sus negociaciones, ya sea el desembolso de Aportes del Tesoro, el destrabe de viejas acreencias o la reactivación de obras públicas largamente esperadas como la autovía 12.

En el terreno de lo simbólico, alimentar la idea de que Corrientes mantiene buenas relaciones con el Gobierno Nacional de turno es un acierto en tanto se obtengan réditos palpables y se puedan sopesar los beneficios de, por ejemplo, la radicación de una sucursal de Mercado Libre, empresa que es mucho más que un inversor privado, pues representa la esencia del plan económico impulsado por el presidente Milei, con fuentes laborales flexibles, sin normativas rígidas y sindicalización cero.

Como contrapartida, Corrientes se presenta ante sus propios habitantes como el terreno de previsibilidad y certidumbre que siempre fue, con una economía ordenada, desendeudada y solvente para sostener la cadena de pagos. En ese punto, el cronograma salarial se recorta en le horizonte como una vaca sagrada de la idiosincrasia vernácula, junto con el plus, los bonos de fin de año y los aumentos salariales periódicos a tono con la inflación.

¿Podrá Corrientes lograr el equilibrio entre dos fuerzas contrapuestas de un ecosistema híbrido que conjuga el proteccionismo provinciano con el libertarianismo nacional? El secreto es una interacción inteligente con un presidente que -hoy por hoy- tiene la sartén por el mango, sin perder de vista que todo puede cambiar rápidamente si algo sale mal en los planes de Donald Trump, cuya performance electoral en las encuestas para las midterms no es la mejor.

Una cosa es el alineamiento táctico y otra muy distinta es la dependencia política. Valdés protagoniza un proceso de convivencia simbiótica con Milei bajo la primera figura, con lo cual se espera que sólo otorgue concesiones a través de sus representantes parlamentarios siempre que se respete la consigna de hierro en esta bilateralidad: Corrientes acompaña cuando Corrientes gana, pues el aislamiento no le conviene a nadie.

¿Qué garantiza que la autonomía provincial se preserve intangible frente a los vientos reformistas del libremercadismo acérrimo? El gran contraste entre la estrategia de Javier Milei y de Juan Pablo Valdés: el presidente se arrodilló ante Trump porque no tenía otra, mientras que el gobernador se acercó al calor de Balcarce 50 porque le sirve en la coyuntura actual, sin estar obligado. Y así como se sentó a la mesa del poder central, un día puede marcharse.

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