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Un político que mata el tiempo con haciendo manualidades

Muebles artesanales, barquitos construidos con hojas de palmeras secas, lámparas de pié con elementos de la naturaleza eran los datos que se tenían antes de llegar a la casa de Luis María Díaz Colodrero, conocido por todos con el sobrenombre de “Pipí”, quien es el que trabaja y concreta esas creaciones.



Sus inicios
Explicó que comenzó con esta actividad, nueva e impensada para él, cuando se retiró de la política y vio caminando en medio de palmerales las cosas que producía la naturaleza.
“Como nací y me crié en el campo –indicó- siempre me atrajeron mucho las cosas de la naturaleza. Me pregunté qué cosas se podrían hacer con esas varas que se pudren todos los años y, como tienen forma de canoita hice un barquito, se lo mostré a mi mujer y le gustó. De inmediato hice otro, luego otro, y otro…
Mi esposa entonces –se ríe mientras cuenta- me dijo que parara o vendiera porque estaban los galpones llenos de barquitos. Así los empecé a llevar a algunos lugares de Buenos Aires y, para mi sorpresa, comenzaron a venderse bien y ayudaron a sostener algunos rubros de la economía familiar.
Entonces –continuó la crónica de su experiencia- analicé que debía adosarle y complementar los barquitos, que son adornos puros, con algo utilitario pero que resulte original y poco visto”. Así fue que nació la idea de construir estos “asientos y muebles con este bambú tan grueso”, completó la idea Díaz Colodrero.

Material autóctono
Sobre el material que emplea para el armado de los, por lo general, grandes muebles que construye, Pipí Díaz Colodrero comentó que los trae del norte de la provincia de Corrientes, “gracias a mis amigos que tienen campo por allí. Esta es una caña muy gruesa que solo hay en la zona de Concepción o Santa Rosa, en los alrededores del Iberá. No conozco su nombre científico, pero en Corrientes siempre lo conocimos como tacuarón. Es una especie de bambú de cerca de 12 o 15 centímetros de diámetro”.
Aprovechando el camino abierto el año anterior con los barquitos, dijo que comenzó a enviar los muebles a los mismos comercios en los que expone y vende esos adornos, con una singular aceptación.
Los barquitos de Pipí Díaz Colodrero se venden en Buenos Aires Designe, en comercios de San Isidro, de Palermo, en el centro de la Capital Federal (Quintana y Alvear). Los sillones se sumaron a estos comercios y a otro instalado en el particular barrio de San Telmo.
En general, si bien el fuerte de este momento de su trabajo es la construcción de muebles para quinchos, exteriores y, que ahora se usan mucho incluso en mezcla de estilos en salas y living, nunca descuida la construcción de adornos (no solo barquitos), lámparas, etc., empleado para ello además de tacuarones otros elementos autóctonos que la generosa naturaleza le provee a quién sabe imaginar su usos en la decoración.
Así, son elementos comunes en su tarea creativa las ramas de chivato, cañas, vainas, etc.

“Es mi ocupación”
Conociendo su larga trayectoria en una actividad tan distinta a esta como la política, al responder si esta era una hobby respondió sin dudarlo que no.
“es mi ocupación actual y lo digo con mucho orgullo porque me gusta mucho. Quizá por la calidad y el diseño, por el empleo de materiales tan nobles y autóctonos. Es mi actividad actual y espero que lo siga siendo en crecimiento.
Es una tarea que está pasando a ser rentable, en determinada escala que hoy es bastante modesta. Sin embargo son presentados mis trabajos en negocios de Buenos Aires de bastante nivel, en casas de decoración renombradas, y me encargan piezas especiales arquitectos que se dedican a la construcción, amoblamiento y decoración de casas”.

Generar puestos de trabajo
Como consecuencia de esta novel actividad, se genera además la demanda de por lo menos por ahora, una acotada demanda de mano de obra en zona.
Remarcó como un hecho natural que “no estoy jubilado de la política, vivo de esto. Estoy a full. Si me preguntan que soy ahora, debo decir que soy una especie de artesano con cierta habilidad”, señaló mientras decía no saber de donde le brotó esa veta “medio artística para diseñar y construir estos muebles medio insólitos y nunca vistos”.
Fue categórico al decir que tanto en la construcción de barquitos como de muebles, no se usan máquinas de carpintería que pudieran hacerlos en serie. Solo herramientas de mano y muchas ganas e imaginación. Por lo tanto, afirmó que cuando está con ganas o inspirado puede casi terminar dos barquitos en un día, o casi un sillón grande en una jornada.
“Cuesta hacerlos, lleva su tiempo –enfatizó. Todo está hecho a mano, todo es artesanal. No puedo sacar un banco, sillón a asiento igual al otro ni aunque quisiera. Lo mismo con los barcos.
Los muebles deben de tener un estilo, mantener la rusticidad que se busca, pero además deben tener calidad. Deben ser fuertes”, aseveró.
Un problema que junto a sus colaboradores debió superar antes de llegar a la etapa actual de comercialización, fue la de la curación del material, “que como toda madera tiene sus plagas y parásitos que la atacan, para que no haya sorpresas posteriores y los clientes queden satisfechos”.
“Estoy haciendo stock por ahora. Espero no desesperarme porque la escala de producción artesanal, como esta, tiene un tope que no puedo superar aunque quisiera, aún incrementando considerablemente la mano de obra, porque tengo que estar encima de ellos personalmente. No puedo dejar en la mente de un tercero aplicar un diseño elaborado por mí”, reflexionó.

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Un político que mata el tiempo con haciendo manualidades

Muebles artesanales, barquitos construidos con hojas de palmeras secas, lámparas de pié con elementos de la naturaleza eran los datos que se tenían antes de llegar a la casa de Luis María Díaz Colodrero, conocido por todos con el sobrenombre de “Pipí”, quien es el que trabaja y concreta esas creaciones.



Sus inicios
Explicó que comenzó con esta actividad, nueva e impensada para él, cuando se retiró de la política y vio caminando en medio de palmerales las cosas que producía la naturaleza.
“Como nací y me crié en el campo –indicó- siempre me atrajeron mucho las cosas de la naturaleza. Me pregunté qué cosas se podrían hacer con esas varas que se pudren todos los años y, como tienen forma de canoita hice un barquito, se lo mostré a mi mujer y le gustó. De inmediato hice otro, luego otro, y otro…
Mi esposa entonces –se ríe mientras cuenta- me dijo que parara o vendiera porque estaban los galpones llenos de barquitos. Así los empecé a llevar a algunos lugares de Buenos Aires y, para mi sorpresa, comenzaron a venderse bien y ayudaron a sostener algunos rubros de la economía familiar.
Entonces –continuó la crónica de su experiencia- analicé que debía adosarle y complementar los barquitos, que son adornos puros, con algo utilitario pero que resulte original y poco visto”. Así fue que nació la idea de construir estos “asientos y muebles con este bambú tan grueso”, completó la idea Díaz Colodrero.

Material autóctono
Sobre el material que emplea para el armado de los, por lo general, grandes muebles que construye, Pipí Díaz Colodrero comentó que los trae del norte de la provincia de Corrientes, “gracias a mis amigos que tienen campo por allí. Esta es una caña muy gruesa que solo hay en la zona de Concepción o Santa Rosa, en los alrededores del Iberá. No conozco su nombre científico, pero en Corrientes siempre lo conocimos como tacuarón. Es una especie de bambú de cerca de 12 o 15 centímetros de diámetro”.
Aprovechando el camino abierto el año anterior con los barquitos, dijo que comenzó a enviar los muebles a los mismos comercios en los que expone y vende esos adornos, con una singular aceptación.
Los barquitos de Pipí Díaz Colodrero se venden en Buenos Aires Designe, en comercios de San Isidro, de Palermo, en el centro de la Capital Federal (Quintana y Alvear). Los sillones se sumaron a estos comercios y a otro instalado en el particular barrio de San Telmo.
En general, si bien el fuerte de este momento de su trabajo es la construcción de muebles para quinchos, exteriores y, que ahora se usan mucho incluso en mezcla de estilos en salas y living, nunca descuida la construcción de adornos (no solo barquitos), lámparas, etc., empleado para ello además de tacuarones otros elementos autóctonos que la generosa naturaleza le provee a quién sabe imaginar su usos en la decoración.
Así, son elementos comunes en su tarea creativa las ramas de chivato, cañas, vainas, etc.

“Es mi ocupación”
Conociendo su larga trayectoria en una actividad tan distinta a esta como la política, al responder si esta era una hobby respondió sin dudarlo que no.
“es mi ocupación actual y lo digo con mucho orgullo porque me gusta mucho. Quizá por la calidad y el diseño, por el empleo de materiales tan nobles y autóctonos. Es mi actividad actual y espero que lo siga siendo en crecimiento.
Es una tarea que está pasando a ser rentable, en determinada escala que hoy es bastante modesta. Sin embargo son presentados mis trabajos en negocios de Buenos Aires de bastante nivel, en casas de decoración renombradas, y me encargan piezas especiales arquitectos que se dedican a la construcción, amoblamiento y decoración de casas”.

Generar puestos de trabajo
Como consecuencia de esta novel actividad, se genera además la demanda de por lo menos por ahora, una acotada demanda de mano de obra en zona.
Remarcó como un hecho natural que “no estoy jubilado de la política, vivo de esto. Estoy a full. Si me preguntan que soy ahora, debo decir que soy una especie de artesano con cierta habilidad”, señaló mientras decía no saber de donde le brotó esa veta “medio artística para diseñar y construir estos muebles medio insólitos y nunca vistos”.
Fue categórico al decir que tanto en la construcción de barquitos como de muebles, no se usan máquinas de carpintería que pudieran hacerlos en serie. Solo herramientas de mano y muchas ganas e imaginación. Por lo tanto, afirmó que cuando está con ganas o inspirado puede casi terminar dos barquitos en un día, o casi un sillón grande en una jornada.
“Cuesta hacerlos, lleva su tiempo –enfatizó. Todo está hecho a mano, todo es artesanal. No puedo sacar un banco, sillón a asiento igual al otro ni aunque quisiera. Lo mismo con los barcos.
Los muebles deben de tener un estilo, mantener la rusticidad que se busca, pero además deben tener calidad. Deben ser fuertes”, aseveró.
Un problema que junto a sus colaboradores debió superar antes de llegar a la etapa actual de comercialización, fue la de la curación del material, “que como toda madera tiene sus plagas y parásitos que la atacan, para que no haya sorpresas posteriores y los clientes queden satisfechos”.
“Estoy haciendo stock por ahora. Espero no desesperarme porque la escala de producción artesanal, como esta, tiene un tope que no puedo superar aunque quisiera, aún incrementando considerablemente la mano de obra, porque tengo que estar encima de ellos personalmente. No puedo dejar en la mente de un tercero aplicar un diseño elaborado por mí”, reflexionó.