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“La música fue el llamado más poderoso que escuché en mi vida”

Por El Litoral

Jueves, 19 de septiembre de 2013 a las 01:00
Mateo Villalba, uno de los referentes más grandes del chamamé como intérprete en guitarra, considerado forjador de una escuela formadora para la inclusión de ese instrumento en las composiciones del género, se encuentra en la capital correntina, invitado por Juan Pedro Zubieta y en su casa lo entrevista El Litoral Cultura.
Hoy, a las 20, en el Museo Histórico de Corrientes, se presenta el libro “Mateo Villalba. La guitarra del chamamé”, que escribió Juan Pedro “Topo” Zubieta y que, según nos comenta, no solo es una biografía del autor de la música de “Bajo el cielo de Mantilla” para esa imprescindible letra de Teresa Parodi, sino que contiene esta edición, la discografía completa y la obra autoral del músico nacido en Curuzú Cuatiá, que apenas terminó de cumplir con el servicio militar en Buenos Aires, se integró al Cuarteto “Santa Ana”, de Ernesto Montiel.

-Quedaste definitivamente a vivir en Buenos Aires ¿lo consideraste necesario atento a qué interés?
En Buenos Aires estaban los fines que yo perseguía en la gran ciudad, quería estudiar música y en Curuzú Cuatiá eran pocas las opciones. 

-¿Música ya en la guitarra?
La guitarra es el instrumento de mi vida. Cuando la primera búsqueda hizo el estallido, fue a parar directamente sobre ella. Tenía 8 años y si no fue antes, se debió a cosas de chico, los deportes, los juegos, situaciones que de alguna manera me fueron llevando también hacia ese camino.

¿Por la proximidad de un artista o por tu propio gusto?
Mi padre era el cuidador y encargado del Club Deportivo y Recreativo Curuzú Cuatiá, había mucha vida social y eso incluía la música. Un día llegó el conjunto “Trinos de la selva”, de Paraguay, dos guitarras y un arpa. Ellos me dieron el puntapié inicial. La música que generaron en ese momento, me pegó en el pecho. Nos hicimos grandes amigos después.

-Una intuición de que niño pudo cambiar al pasar a la adolescencia. ¿Fue ese tu caso?
La duda no vino con el cambio de edad sino con las necesidades económicas. Desde los 14 años vivo de la música y cuando el destino me jugaba una mala pasada, comía gracias al tango. No hubo otra cosa más poderosa en mi vida que el llamado de la música y Dios siempre me puso en el camino la solución para atravesar los temporales abrazado a mis convicciones.
-¿Tanto es así que hoy se habla de un estilo Mateo Villalba para la guitarra?
-El estilo es la marca propia y es lo que busca todo instrumentista. Conozco gente que jamás pudo lograrlo y otros que basta con nombrarlos. Ernesto Montiel tiene marca propia. Isaco Abitbol tiene marca propia y por supuesto que Tarragó Ros y Tránsito Cocomarola. Al escucharlos, se sabe que son ellos. 

Ese es Mateo
“Topo” Zubieta va y viene de la cocina al comedor donde Mateo y yo charlamos. La parrilla a leña extiende sus largas llamas en busca de las brasas para unas papas envueltas en papel de aluminio. ¿Por qué elegiste la vida de Mateo Villalba para este libro, el primero que escribís?, pregunto.
“En mi familia, la mitología de Mateo estuvo siempre presente. Es uno de los Messi de Curuzú Cuatiá (el otro es Pocholo Airé) y es el que sacó la 

guitarra del rol de acompañante,tanto  para las grabaciones como para subir a un escenario. Este libro lleva el nombre de su primer disco editado en 1985. Cinco años se comió para poder grabar un disco en el que nadie canta, en el que no se toca más que la guitarra, no querían saber nada. Ahora que tenemos una cercanía muy especial, me pareció justo rendirle este reconocimiento y elegimos esta fecha, la del Día Nacional del Chamamé para compartir una tarde con excelente programa”, contesta Zubieta.

¿Cómo viviste aquellas décadas de gloria nada menos que con Ernesto Montiel y su Cuarteto Santa Ana?, sigo interrogando a Mateo.
Era muy pibe, 22 años, de la colimba al escenario con ese monstruo, un músico tocado por la varita de Dios. Yo quería estar con el Cuarteto, subir al escenario con Montiel y grabar un disco. Cumplí con esos deseos y a los 8 meses me fui.

-¿Qué sucedió después?
Comencé con la empresa Docta, que proveía de artistas para actuaciones por Buenos Aires y el interior. Con Monchito Ferreyra y Antonio Tarragó viajábamos en un Fiat 128, actuábamos y seguíamos camino.
La vida siempre fue muy difícil en Buenos Aires, pero cuando se ponía peor, virábamos el rumbo hacia Rosario, ahí el padre de Antonio tenía una pista, la famosa “Humberto Primo”, tan famosa como “El rancho de Ramón Merlo”, como si fuera un River y Boca (sonríe). Actué en las dos, la rivalidad no hacía ruido en mi bolsillo flaco.
Mateo Villalba está casado con Maura Sebastián, una cantante con la que ha grabado y prepara su próximo espectáculo. La pareja tiene dos hijos, Sebastián, que es músico de la Orquesta Sinfónica de Buenos Aires y Emiliano, que es dibujante.

-¿Te molesta que incluyan otros instrumentos que no sean los clásicos cuando se interpreta un chamamé?
Cualquier instrumento, el que sea, no me va a molestar jamás, pero sí quienes los manejan, las etiquetas comerciales que le endilgan al chamamé cuando las cosas son como tienen que ser y punto. Me parece más que suficiente la gente que tiene ganas de estar en la Fiesta del Chamamé, por ejemplo, sin necesidad de convocar a otros, por más figuras que sean. 
La gente está por encima de la conveniencia que puede generar un artista como el Chaqueño Palavecino. 
Y aclaro que no estoy en contra de ningún artista, ser artista es de las profesiones más nobles que hay.

-¿Sentís el afecto de la gente cuando te cruzás con un correntino, lejos o cerca de tu casa?
Yo soy un tipo famoso no conocido. (Se apoya una mano en el pecho). Más de una vez tuve que decir, te juro que soy Mateo Villalba a mi interlocutor y me fui con la duda si me creyó o no.
Moni Munilla

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