El aborto de las perras, y los perros
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El aborto de las perras, y los perros

Es necesario reconocerle a las diputadas y diputados nacionales el haber afrontado el debate por el aborto, asunto que incomoda y atraviesa de manera transversal a partidos, credos y clases. Pero también hacer notar sus rendimientos. El de Regidor, que comparó a las mujeres con perras; el de  Dindart, que mutó en poeta y Macías en ladrón intelectual. El de Romero, que prefirió la mitad de abajo de la medianía con su silencio; el de Ferreyra, que  tropezó con su militancia; el de un Aragón tribunero y el de Brambilla, que navegó aguas mansas después de los ataques del fuego amigo. O ex amigo. Crónica de una larga sesión y muchas vergüenzas.

Según un informe del 2012 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 97% de los abortos en África y 95% en América Latina son considerados inseguros. Entre el 2010 y el 2014, se practicaron unos 6,5 millones de abortos por año en Latinoamérica, mientras que en el período 1990-1994, el número había sido 4,4 millones. La tasa anual de aborto está estimada en 44 casos cada 1000 mujeres en edad reproductiva (de 15 a 44 años), y la proporción de embarazos que terminan en abortos aumentó de 23 a 32% en los últimos años.
Estela Regidor. Comparó a las mujeres con perras preñadas y fue tendencia nacional en todos los rankings de las barbaridades antiderechos
José Ruiz Aragón. Tribuneó con un documento ajeno pero que le calzó al efecto.
Sofía Brambilla. Navegó aguas mansas desde lo discursivo, después de soportar ataques arteros del fuego amigo.
Julián Dindart. Su cinismo parece perfeccionarse con el tiempo.
Oscar Macías. No tuvo mejor idea que copiar el argumento de una filósofa que está a favor del aborto para votar, él, en contra.
Araceli Ferreyra. Dijo a los tropiezos lo que piensa y milita.

Por Eduardo Ledesma
@EOLedesma
De la Redacción de El Litoral

Resulta fundamental, hoy, hacer foco en la sesión que entre el miércoles y jueves posibilitó la primera sanción del proyecto de legalización del aborto. Y hacer notar que hasta parece viable este país con sus instituciones andando.  
Es necesario destacar el trabajo de las legisladoras y legisladores que se tomaron su tiempo, escucharon a la sociedad civil organizada y le dieron marco institucional al debate de un tema que hasta ayer nomás era de los más oscuros y mejor guardados. En rigor, un asunto escondido. 
Es legítimo, por eso, destacar el valor del presidente Mauricio Macri de poner el tema sobre la mesa y la apertura de la Cámara de Diputados, que asumió su cuota parte para dar una discusión de cara a la gente.
Allí una clave: la madurez política demostrada en todo el proceso no constituye una concesión graciosa de los parlamentarios. Los nuevos derechos, cuando surgen, en general les son arrebatados a alguien que no quiere cederlos. Y esta vez, los diputados y diputadas fueron portavoces de un momento, de un reclamo que lleva años y que tomó cuerpo y desarrolló alas por la militancia de miles de mujeres que, como muchas en este país, pasan a la historia luciendo pañuelos. Ahora son de color verde.

***
Es necesario, asimismo, saludar el alto nivel de conciencia democrática de los actores de uno y otro lado que posibilitaron la construcción de la media sanción para un proyecto que salió mejor de como ingresó, porque el texto permeó a extendidos aportes fundados en evidencias, en asuntos políticos antes que metafísicos, en el entendimiento de que lo que se trata aquí y ahora es de una cuestión de salud pública. De la legalidad o clandestinidad de una práctica que existe. Y mata.
El trabajo legislativo hizo olvidar, por momentos, que muchos de estos legisladores generan rechazos. Que muchos son sobrevivientes del que se vayan todos. Del borocotazo. Mercaderes de los pasajes de avión o colectivo. De cupos interminables. Que son privilegiados con dietas de una economía enajenada muchas veces de las crisis del país. Casi no importó. 
Se les reconoce, en cambio, el haber afrontado el desafío de tratar un tema que incomoda y atraviesa de manera transversal a partidos, credos y clases sociales. Muchos resistieron a presiones, de uno y otro lado, y entendieron su lugar: que esta vez fueron instrumento de una voluntad popular que está varios pasos adelante de la voluntad política.

***
En eso estábamos hasta que  aparecieron los legisladores correntinos. Apareció Estela Regidor,  comparó a las mujeres con perras preñadas y fue tendencia nacional en todos los rankings de las barbaridades antiderechos. Apareció Julián Dindart con un cinismo que parece perfeccionarse con el tiempo y luego Oscar Macías, que no tuvo mejor idea que copiar el argumento de una filósofa que está a favor del aborto para votar, él, en contra. No apareció Jorge Romero, pues prefirió la mitad de abajo de la medianía y no obstante votar en contra. Apareció Araceli Ferreyra, sí, y dijo a los tropiezos lo que piensa y milita. Luego José Ruiz Aragón, que tribuneó con un documento ajeno pero que le calzó al efecto. Y Sofía Brambilla, que navegó aguas mansas desde lo discursivo, después de soportar ataques arteros del fuego amigo. 
Los correntinos votaron 4 en contra y 3 a favor. Y está perfecto. De eso se trata la democracia. Pero más allá del voto, respetable en toda su dimensión, hay cuestiones que no pueden pasar de largo. No se trata sólo del aborto. Se trata de los argumentos utilizados: del cinismo, la hipocresía, la pereza intelectual y la demagogia que ha sumido a nuestra embajada parlamentaria en una mediocridad que avergüenza. Indigna de nuestra propia historia.
Varias preguntas: ¿No trabajan de eso? ¿No tienen tiempo para estudiar los temas o lo que van a decir al respecto? ¿No se pasaron tres meses escuchando especialistas para salir a rebolear desatinos como quien apurado por las tripas se hace encima? ¿Nadie les dijo que eran la voz institucional de un momento histórico? ¿Nadie les avisó que el país estaba mirando? Veamos:

Las perras preñadas
“¿Qué pasa cuando nuestra perrita se nos queda embarazada? No le llevamos al veterinario para que aborte… Lamentamos: uuu. Pero inmediatamente salimos a buscar a quién regalarle los perritos. ¿Si? (¿?)... No sé de qué se burlan”.
Más allá de su posición fervorosamente militada en favor de “las dos vidas”, respetable por cierto, la diputada radical Estela Regidor no puede comparar a las mujeres con perras preñadas. No. No puede decir que las peores fieras tienen a sus crías, porque algunas incluso se comen a sus crías. Pero además porque en el reino animal no está configurada la violación ni el consentimiento, o los problemas derivados de la pobreza y de la falta de educación. Por eso no puede.
Regidor dijo además que no cree en las cifras que expusieron el anterior ni el actual ministro de Salud, pese a que es de su alianza. No cree porque esta vez esos datos hacen trizas sus sesgos. Y pese a que dijo al inicio que tiene “escaso razonamiento”, puso en duda el rigor científico de las cifras aportadas por los científicos.
Dijo bien, eso sí, que toda la situación de vulnerabilidad de las mujeres tiene causas: la pobreza, el sistema sanitario deficitario y la falta de políticas de contención. Dijo que conoce niñas de 9 años que quedaron embarazadas, pero no dijo si denunció esas violaciones, y tampoco recordó que el sistema sanitario del que habla es el sistema que sostuvo su jefe, Ricardo Colombi, con ministros como su compañero de bancada, Julián Dindart, que se fue al Congreso dejando en Corrientes los peores índices de mortalidad infantil y neonatal del país, con hospitales desmantelados donde ni siquiera se podían practicar partos de rutina. 
Dijo la diputada, asimismo, que urge educar desde temprana edad, pero olvidó decir que el gobierno de Colombi -o de los primos Colombi-, que se extendió por 16 años desde 2001, no garantizó las políticas de educación sexual integral ni el acceso total a métodos de anticoncepción. En cambio, su mentor apuró una declaración pro-vida cerca de calculadas fechas electorales. 
Para cerrar se reservó lo mejor: mandó a sus colegas a leer. A leer proyectos alternativos como uno de su autoría que, según dijo, propone contención para la mujer y, de paso, la adopción desde el vientre materno. Cualquier parecido con el libro de Margaret Atwood, es pura coincidencia. Más allá de todo, “El cuento de la criada” es una muy buena lectura. Inquietante, como las palabras de Estela.

El poeta de las cañadas
El también radical Julián Dindart fue todavía más allá. Con su cara endurecida por una argamasa de cinismo negacionista, comenzó su alocución algo contrariado porque, según dijo, el proyecto pateó formalidades. No dijo cuales. 
Se enojó además porque la hipocresía comenzó temprano en el recinto, según dijo. Y por esta razón, tal vez, sintió que él también podía hacer su aporte. 
Dijo que camina entre los pobres y que los pobres sienten orgullo cuando conciben hijos. Habló como pediatra -dijo- y por eso me niego a votar la ley. Porque el texto deja afuera de la decisión al padre y la mujer no puede tomar sola la decisión de abortar. No puede, dijo. Es injusto.
Dindart, que en sus épocas de ministro de Salud no sólo empeoró los índices sanitarios sino que dijo que las chicas se embarazan para cobrar un plan (cosa que repitió después siendo titular de la comisión de Familia, por lo cual lo echaron de ese puesto) ahora se escandalizó ante sus pares porque en el debate -dijo- hubo muchas posiciones extremistas.
Reconoció que en los países avanzados la situación del aborto legal lleva a la baja las muertes y el número de prácticas, pero para eso, recordó, primero hay que educar. ¿No se le ocurrió decirle eso a Colombi en su momento? ¿No se le ocurrió plantear esa queja cuando gobernaba el kirchnerismo? ¿No se le ocurrió decírselo a Macri? No. Se le ocurrió ahora.
Tal vez no podía hacer esos planteos, y por eso, para aliviar sus frustraciones, recurre a la catarsis escrita. Y fue entonces cuando reveló que en sus ratos libres se desahoga escribiendo poemas. Y recitó uno de su autoría, justo el 13, día del escritor. 
Está inspirado en una madre que abortó, dijo. Aquí un extracto:

Hay dos ojos que me miran
hay pasos que nunca he oído
hay momentos que ya fueron
hay momentos no existidos…

Con sarcasmo agudo, alguien dijo que después de escuchar las aventuras literarias de Dindart, Borges se revolcó en su tumba pidiendo una ficha de afiliación al peronismo.

El copión
Y cuando parecía que ya estaba la cosa, apareció el peronista-sciolista goyano Oscar Macías con un discurso mal leído que estaba condenado a la intrascendencia hasta que alguien lo descubrió.
El cantante con licencia -famoso por ponerle voz al himno de la Fiesta Nacional del Surubí- parece que no tuvo tiempo para armarse una postura y entonces no sopesó mejor idea que  ver una charla TEDx y copiarse unas palabritas
En concreto, a Macías se lo acusa de plagiar pasajes casi textuales de una charla que realizó la ensayista, filósofa y poeta Laura Klein, quien usó los argumentos robados por Macías para manifestarse a favor del aborto legal.
La escritora, además, fue una de las 700 oradoras que opinó en el marco de los trabajos de comisión desarrollados en el Congreso. Al parecer, el diputado no tuvo tiempo de averiguar y lo mandaron, o fue él mismo, por su pereza, al rincón de los más vagos entre los diputados. No se trata aquí sólo de pereza intelectual sino de robo intelectual: una forma artera de no reconocer el trabajo del otro. Así y todo, después de haber sido pillado, dijo que de ser necesario pedirá disculpas personalmente a la escritora. Y hasta se enojó por lo que calificó una ridiculez. Es decir el robo. Curiosa la escala de valores la del diputado.

La nada 
Para ser justos, igual, hay que decir que el más “cómodo” de los legisladores correntinos fue Jorge Antonio Romero (PJ), que ni siquiera se molestó en hablar. Como no está obligado a exponer para recibir su paga, se limitó a votar la ley. A votar en contra de ella.

La militante
De nuevo: uno puede estar en contra o a favor no sólo del aborto legal sino de las posturas de los legisladores, pero no se puede dejar de reconocer, en la diputada Araceli Ferreyra (FPV), su militancia activa en la lucha de las mujeres. Su posición, dicha con tropiezos, a las apuradas, con nerviosismo, y apelando a cuestiones más bien legislativas, nunca fue impostada ni mucho menos especulativa.
Fue siempre de frente, al frente. Porque no se puede andar por la vida con el dedito acusador bancando pensamientos de la época de las carretas, argumentó, y descalzó el asunto de las cifras. Es verdad: no hay cifras porque los abortos son clandestinos, bramó, y se ganó unos aplausos. No estuvo brillante, pero se le notó su entrega a la causa y algo fundamental como mínimo: el dominio del expediente que trataban.

Para la tribuna
El más aplaudido fue el kirchnerista “Pitín” Aragón. Con admirable solvencia en el manejo de la escena, y paradójicamente al borde de la jactancia, se autocalificó como un muchacho humilde: alguien sin autoridad para juzgar a las mujeres; creyente, devoto de la Virgen de Itatí y de Dios, a quienes les pregunta, dijo,  el por qué de las muertes de las chicas por abortos clandestinos. Aplausos.
Dijo también que le sugirieron “recalcular” su voto porque fue elegido por una provincia conservadora. No es conservadora la provincia; lo son sus dirigentes, dijo. Aplausos. Y después se dedicó a la leer el documento del Colectivo de Mujeres Correntinas, pero esta vez, citando la fuente. Otra vez aplausos, porque la contundencia de ese documento lo eximió de tener que hablar él en nombre de lo que no conoce.

El voto apedreado
La exposición de Sofía Brambilla, del PRO, fue tal vez la más esperada, porque la diputada del frente Cambiemos jugó al enigma hasta que dijo, el domingo 10, que votaría a favor de la ley. Fue entonces cuando le salieron al cruce. Y la cruzaron. El más contundente de todos fue el doctor Alfredo Revidatti, coordinador de Hospitales Públicos, quien por Twitter dijo: “Lamento profundamente esta separación de la diputada Brambilla de los correntinos. Si hubiera sabido no hubiera integrado la lista con ella. Pido disculpas a los que me votaron”.
Pero los ataques no se limitaron a su ex compañero de lista. Quien también opinó fue el ex diputado nuevista Omar Yung. En un posteo de Facebook escribió: “Qué tristeza legisladoras como vos (...) Qué vulgar resultaste. No podés ni empezar a fundamentar tu posición. Renunciá y dale paso a un hombre que representa a los que amamos la vida. Mirá lo que votamos por culpa de las sábanas!”.
Más allá de lo incalificable de su comentario, resulta sugerente que Yung hable de las sábanas cuando él mismo ingresó a la Legislatura provincial como parte de listas electorales que se arman en Corrientes, más pensando en lealtades de servil sumisión con el mandamás de turno que en pericias legislativas o políticas.
También resulta llamativo el bajísimo nivel de republicanismo del doctor Revidatti, que no sólo atacó a Brambilla sino que después, por radio, se manifestó en contra de la anticoncepción pidiendo una educación sexual basada “en valores”. (Y esto sin abundar en el hecho de que se arroga la representatividad de “los” correntinos tomando la parte por el todo).
Si la ley de aborto legal sale, ¿qué va a hacer el doctor Revidatti? ¿Va a renunciar a la coordinación de hospitales o va a dejar su postura personal para aplicar eventualmente acciones de sanidad pública? ¿Qué va a hacer en todo caso el gobernador Gustavo Valdés con este funcionario que, si conoce, no quiere ver la realidad de los jóvenes de este lugar y tiempo? ¿Cómo gestionar un gobierno para todos con funcionarios que ven sólo una parte y quieren imponer esa parte al resto?
Todo esto sobrepasó el volumen de la exposición de Brambilla, que algunos pueden decir que fue auténtica, y otros que fue calculada, escolar, demagógica, con un ojo en las encuestas y otro en su futuro político. Sea cual fuera su motivación, como el resto de los votos, no se mereció el trato que recibió. O sí, porque en todo caso sirvió para hacer caer máscaras. Varias.

***
Para el futuro queda un aprendizaje. Los correntinos debemos asumir responsabilidades y hacernos cargo de los representantes que votamos. No alcanza sólo con la vergüenza ajena que generan quienes, expuestos a un momento histórico, lo desperdician con burradas (o perradas), hipocresías, hurtos, negacionismos, o con pensamientos personalísimos, morales y religiosos, que impiden ver que su rol es el de la representación, es decir, el de la legislación general y para el conjunto. La ley, como dijo Darío Sztajnszrajber -que pronto estará en Corrientes-, debe resguardar una cosa: que nadie imponga su propia concepción como razón de Estado. La democracia -no hay que olvidar- es lo opuesto a lo absoluto.

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El aborto de las perras, y los perros

Es necesario reconocerle a las diputadas y diputados nacionales el haber afrontado el debate por el aborto, asunto que incomoda y atraviesa de manera transversal a partidos, credos y clases. Pero también hacer notar sus rendimientos. El de Regidor, que comparó a las mujeres con perras; el de  Dindart, que mutó en poeta y Macías en ladrón intelectual. El de Romero, que prefirió la mitad de abajo de la medianía con su silencio; el de Ferreyra, que  tropezó con su militancia; el de un Aragón tribunero y el de Brambilla, que navegó aguas mansas después de los ataques del fuego amigo. O ex amigo. Crónica de una larga sesión y muchas vergüenzas.

Por Eduardo Ledesma
@EOLedesma
De la Redacción de El Litoral

Resulta fundamental, hoy, hacer foco en la sesión que entre el miércoles y jueves posibilitó la primera sanción del proyecto de legalización del aborto. Y hacer notar que hasta parece viable este país con sus instituciones andando.  
Es necesario destacar el trabajo de las legisladoras y legisladores que se tomaron su tiempo, escucharon a la sociedad civil organizada y le dieron marco institucional al debate de un tema que hasta ayer nomás era de los más oscuros y mejor guardados. En rigor, un asunto escondido. 
Es legítimo, por eso, destacar el valor del presidente Mauricio Macri de poner el tema sobre la mesa y la apertura de la Cámara de Diputados, que asumió su cuota parte para dar una discusión de cara a la gente.
Allí una clave: la madurez política demostrada en todo el proceso no constituye una concesión graciosa de los parlamentarios. Los nuevos derechos, cuando surgen, en general les son arrebatados a alguien que no quiere cederlos. Y esta vez, los diputados y diputadas fueron portavoces de un momento, de un reclamo que lleva años y que tomó cuerpo y desarrolló alas por la militancia de miles de mujeres que, como muchas en este país, pasan a la historia luciendo pañuelos. Ahora son de color verde.

***
Es necesario, asimismo, saludar el alto nivel de conciencia democrática de los actores de uno y otro lado que posibilitaron la construcción de la media sanción para un proyecto que salió mejor de como ingresó, porque el texto permeó a extendidos aportes fundados en evidencias, en asuntos políticos antes que metafísicos, en el entendimiento de que lo que se trata aquí y ahora es de una cuestión de salud pública. De la legalidad o clandestinidad de una práctica que existe. Y mata.
El trabajo legislativo hizo olvidar, por momentos, que muchos de estos legisladores generan rechazos. Que muchos son sobrevivientes del que se vayan todos. Del borocotazo. Mercaderes de los pasajes de avión o colectivo. De cupos interminables. Que son privilegiados con dietas de una economía enajenada muchas veces de las crisis del país. Casi no importó. 
Se les reconoce, en cambio, el haber afrontado el desafío de tratar un tema que incomoda y atraviesa de manera transversal a partidos, credos y clases sociales. Muchos resistieron a presiones, de uno y otro lado, y entendieron su lugar: que esta vez fueron instrumento de una voluntad popular que está varios pasos adelante de la voluntad política.

***
En eso estábamos hasta que  aparecieron los legisladores correntinos. Apareció Estela Regidor,  comparó a las mujeres con perras preñadas y fue tendencia nacional en todos los rankings de las barbaridades antiderechos. Apareció Julián Dindart con un cinismo que parece perfeccionarse con el tiempo y luego Oscar Macías, que no tuvo mejor idea que copiar el argumento de una filósofa que está a favor del aborto para votar, él, en contra. No apareció Jorge Romero, pues prefirió la mitad de abajo de la medianía y no obstante votar en contra. Apareció Araceli Ferreyra, sí, y dijo a los tropiezos lo que piensa y milita. Luego José Ruiz Aragón, que tribuneó con un documento ajeno pero que le calzó al efecto. Y Sofía Brambilla, que navegó aguas mansas desde lo discursivo, después de soportar ataques arteros del fuego amigo. 
Los correntinos votaron 4 en contra y 3 a favor. Y está perfecto. De eso se trata la democracia. Pero más allá del voto, respetable en toda su dimensión, hay cuestiones que no pueden pasar de largo. No se trata sólo del aborto. Se trata de los argumentos utilizados: del cinismo, la hipocresía, la pereza intelectual y la demagogia que ha sumido a nuestra embajada parlamentaria en una mediocridad que avergüenza. Indigna de nuestra propia historia.
Varias preguntas: ¿No trabajan de eso? ¿No tienen tiempo para estudiar los temas o lo que van a decir al respecto? ¿No se pasaron tres meses escuchando especialistas para salir a rebolear desatinos como quien apurado por las tripas se hace encima? ¿Nadie les dijo que eran la voz institucional de un momento histórico? ¿Nadie les avisó que el país estaba mirando? Veamos:

Las perras preñadas
“¿Qué pasa cuando nuestra perrita se nos queda embarazada? No le llevamos al veterinario para que aborte… Lamentamos: uuu. Pero inmediatamente salimos a buscar a quién regalarle los perritos. ¿Si? (¿?)... No sé de qué se burlan”.
Más allá de su posición fervorosamente militada en favor de “las dos vidas”, respetable por cierto, la diputada radical Estela Regidor no puede comparar a las mujeres con perras preñadas. No. No puede decir que las peores fieras tienen a sus crías, porque algunas incluso se comen a sus crías. Pero además porque en el reino animal no está configurada la violación ni el consentimiento, o los problemas derivados de la pobreza y de la falta de educación. Por eso no puede.
Regidor dijo además que no cree en las cifras que expusieron el anterior ni el actual ministro de Salud, pese a que es de su alianza. No cree porque esta vez esos datos hacen trizas sus sesgos. Y pese a que dijo al inicio que tiene “escaso razonamiento”, puso en duda el rigor científico de las cifras aportadas por los científicos.
Dijo bien, eso sí, que toda la situación de vulnerabilidad de las mujeres tiene causas: la pobreza, el sistema sanitario deficitario y la falta de políticas de contención. Dijo que conoce niñas de 9 años que quedaron embarazadas, pero no dijo si denunció esas violaciones, y tampoco recordó que el sistema sanitario del que habla es el sistema que sostuvo su jefe, Ricardo Colombi, con ministros como su compañero de bancada, Julián Dindart, que se fue al Congreso dejando en Corrientes los peores índices de mortalidad infantil y neonatal del país, con hospitales desmantelados donde ni siquiera se podían practicar partos de rutina. 
Dijo la diputada, asimismo, que urge educar desde temprana edad, pero olvidó decir que el gobierno de Colombi -o de los primos Colombi-, que se extendió por 16 años desde 2001, no garantizó las políticas de educación sexual integral ni el acceso total a métodos de anticoncepción. En cambio, su mentor apuró una declaración pro-vida cerca de calculadas fechas electorales. 
Para cerrar se reservó lo mejor: mandó a sus colegas a leer. A leer proyectos alternativos como uno de su autoría que, según dijo, propone contención para la mujer y, de paso, la adopción desde el vientre materno. Cualquier parecido con el libro de Margaret Atwood, es pura coincidencia. Más allá de todo, “El cuento de la criada” es una muy buena lectura. Inquietante, como las palabras de Estela.

El poeta de las cañadas
El también radical Julián Dindart fue todavía más allá. Con su cara endurecida por una argamasa de cinismo negacionista, comenzó su alocución algo contrariado porque, según dijo, el proyecto pateó formalidades. No dijo cuales. 
Se enojó además porque la hipocresía comenzó temprano en el recinto, según dijo. Y por esta razón, tal vez, sintió que él también podía hacer su aporte. 
Dijo que camina entre los pobres y que los pobres sienten orgullo cuando conciben hijos. Habló como pediatra -dijo- y por eso me niego a votar la ley. Porque el texto deja afuera de la decisión al padre y la mujer no puede tomar sola la decisión de abortar. No puede, dijo. Es injusto.
Dindart, que en sus épocas de ministro de Salud no sólo empeoró los índices sanitarios sino que dijo que las chicas se embarazan para cobrar un plan (cosa que repitió después siendo titular de la comisión de Familia, por lo cual lo echaron de ese puesto) ahora se escandalizó ante sus pares porque en el debate -dijo- hubo muchas posiciones extremistas.
Reconoció que en los países avanzados la situación del aborto legal lleva a la baja las muertes y el número de prácticas, pero para eso, recordó, primero hay que educar. ¿No se le ocurrió decirle eso a Colombi en su momento? ¿No se le ocurrió plantear esa queja cuando gobernaba el kirchnerismo? ¿No se le ocurrió decírselo a Macri? No. Se le ocurrió ahora.
Tal vez no podía hacer esos planteos, y por eso, para aliviar sus frustraciones, recurre a la catarsis escrita. Y fue entonces cuando reveló que en sus ratos libres se desahoga escribiendo poemas. Y recitó uno de su autoría, justo el 13, día del escritor. 
Está inspirado en una madre que abortó, dijo. Aquí un extracto:

Hay dos ojos que me miran
hay pasos que nunca he oído
hay momentos que ya fueron
hay momentos no existidos…

Con sarcasmo agudo, alguien dijo que después de escuchar las aventuras literarias de Dindart, Borges se revolcó en su tumba pidiendo una ficha de afiliación al peronismo.

El copión
Y cuando parecía que ya estaba la cosa, apareció el peronista-sciolista goyano Oscar Macías con un discurso mal leído que estaba condenado a la intrascendencia hasta que alguien lo descubrió.
El cantante con licencia -famoso por ponerle voz al himno de la Fiesta Nacional del Surubí- parece que no tuvo tiempo para armarse una postura y entonces no sopesó mejor idea que  ver una charla TEDx y copiarse unas palabritas
En concreto, a Macías se lo acusa de plagiar pasajes casi textuales de una charla que realizó la ensayista, filósofa y poeta Laura Klein, quien usó los argumentos robados por Macías para manifestarse a favor del aborto legal.
La escritora, además, fue una de las 700 oradoras que opinó en el marco de los trabajos de comisión desarrollados en el Congreso. Al parecer, el diputado no tuvo tiempo de averiguar y lo mandaron, o fue él mismo, por su pereza, al rincón de los más vagos entre los diputados. No se trata aquí sólo de pereza intelectual sino de robo intelectual: una forma artera de no reconocer el trabajo del otro. Así y todo, después de haber sido pillado, dijo que de ser necesario pedirá disculpas personalmente a la escritora. Y hasta se enojó por lo que calificó una ridiculez. Es decir el robo. Curiosa la escala de valores la del diputado.

La nada 
Para ser justos, igual, hay que decir que el más “cómodo” de los legisladores correntinos fue Jorge Antonio Romero (PJ), que ni siquiera se molestó en hablar. Como no está obligado a exponer para recibir su paga, se limitó a votar la ley. A votar en contra de ella.

La militante
De nuevo: uno puede estar en contra o a favor no sólo del aborto legal sino de las posturas de los legisladores, pero no se puede dejar de reconocer, en la diputada Araceli Ferreyra (FPV), su militancia activa en la lucha de las mujeres. Su posición, dicha con tropiezos, a las apuradas, con nerviosismo, y apelando a cuestiones más bien legislativas, nunca fue impostada ni mucho menos especulativa.
Fue siempre de frente, al frente. Porque no se puede andar por la vida con el dedito acusador bancando pensamientos de la época de las carretas, argumentó, y descalzó el asunto de las cifras. Es verdad: no hay cifras porque los abortos son clandestinos, bramó, y se ganó unos aplausos. No estuvo brillante, pero se le notó su entrega a la causa y algo fundamental como mínimo: el dominio del expediente que trataban.

Para la tribuna
El más aplaudido fue el kirchnerista “Pitín” Aragón. Con admirable solvencia en el manejo de la escena, y paradójicamente al borde de la jactancia, se autocalificó como un muchacho humilde: alguien sin autoridad para juzgar a las mujeres; creyente, devoto de la Virgen de Itatí y de Dios, a quienes les pregunta, dijo,  el por qué de las muertes de las chicas por abortos clandestinos. Aplausos.
Dijo también que le sugirieron “recalcular” su voto porque fue elegido por una provincia conservadora. No es conservadora la provincia; lo son sus dirigentes, dijo. Aplausos. Y después se dedicó a la leer el documento del Colectivo de Mujeres Correntinas, pero esta vez, citando la fuente. Otra vez aplausos, porque la contundencia de ese documento lo eximió de tener que hablar él en nombre de lo que no conoce.

El voto apedreado
La exposición de Sofía Brambilla, del PRO, fue tal vez la más esperada, porque la diputada del frente Cambiemos jugó al enigma hasta que dijo, el domingo 10, que votaría a favor de la ley. Fue entonces cuando le salieron al cruce. Y la cruzaron. El más contundente de todos fue el doctor Alfredo Revidatti, coordinador de Hospitales Públicos, quien por Twitter dijo: “Lamento profundamente esta separación de la diputada Brambilla de los correntinos. Si hubiera sabido no hubiera integrado la lista con ella. Pido disculpas a los que me votaron”.
Pero los ataques no se limitaron a su ex compañero de lista. Quien también opinó fue el ex diputado nuevista Omar Yung. En un posteo de Facebook escribió: “Qué tristeza legisladoras como vos (...) Qué vulgar resultaste. No podés ni empezar a fundamentar tu posición. Renunciá y dale paso a un hombre que representa a los que amamos la vida. Mirá lo que votamos por culpa de las sábanas!”.
Más allá de lo incalificable de su comentario, resulta sugerente que Yung hable de las sábanas cuando él mismo ingresó a la Legislatura provincial como parte de listas electorales que se arman en Corrientes, más pensando en lealtades de servil sumisión con el mandamás de turno que en pericias legislativas o políticas.
También resulta llamativo el bajísimo nivel de republicanismo del doctor Revidatti, que no sólo atacó a Brambilla sino que después, por radio, se manifestó en contra de la anticoncepción pidiendo una educación sexual basada “en valores”. (Y esto sin abundar en el hecho de que se arroga la representatividad de “los” correntinos tomando la parte por el todo).
Si la ley de aborto legal sale, ¿qué va a hacer el doctor Revidatti? ¿Va a renunciar a la coordinación de hospitales o va a dejar su postura personal para aplicar eventualmente acciones de sanidad pública? ¿Qué va a hacer en todo caso el gobernador Gustavo Valdés con este funcionario que, si conoce, no quiere ver la realidad de los jóvenes de este lugar y tiempo? ¿Cómo gestionar un gobierno para todos con funcionarios que ven sólo una parte y quieren imponer esa parte al resto?
Todo esto sobrepasó el volumen de la exposición de Brambilla, que algunos pueden decir que fue auténtica, y otros que fue calculada, escolar, demagógica, con un ojo en las encuestas y otro en su futuro político. Sea cual fuera su motivación, como el resto de los votos, no se mereció el trato que recibió. O sí, porque en todo caso sirvió para hacer caer máscaras. Varias.

***
Para el futuro queda un aprendizaje. Los correntinos debemos asumir responsabilidades y hacernos cargo de los representantes que votamos. No alcanza sólo con la vergüenza ajena que generan quienes, expuestos a un momento histórico, lo desperdician con burradas (o perradas), hipocresías, hurtos, negacionismos, o con pensamientos personalísimos, morales y religiosos, que impiden ver que su rol es el de la representación, es decir, el de la legislación general y para el conjunto. La ley, como dijo Darío Sztajnszrajber -que pronto estará en Corrientes-, debe resguardar una cosa: que nadie imponga su propia concepción como razón de Estado. La democracia -no hay que olvidar- es lo opuesto a lo absoluto.