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COPA ARGENTINA:

La política necesita del mundo analógico

No importa cuánto cemento pongan, la calle es nuestra. Y un día el estigma terminó. Macri, el ingeniero que toda la vida se dedicó a asfaltar, descubrió tarde que podía cubrir las calles con otra cosa: gente. La gran lección del “Sí, se puede tour” es que Cambiemos -sobre todo PRO- tan obsesionado por la infraestructura, además de hacer plazas podía llenarlas. Y que la nueva política no tiene por qué ser excluyente: se puede mejorar el espacio público, ¡y también ocuparlo! Como el zorro y las uvas, el gobierno siempre despreció con argumentos racionales lo que en verdad temía: convocar a una movilización y que no fuera contundente. Asegura Diego Sehinkam en La Nación. 
Se dirá que cualquier espacio con 30 puntos o más de intención de voto puede llenar las calles que quiera. Sin embargo, una plaza desbordante sigue siendo una demostración de fuerza que sosiega las malas intenciones de los rivales externos e internos. ¿Cuál es la principal red social? Un dron que muestra miles de personas apoyándote. Esa es la verdadera red que te sostiene. Un millón de visitas a tu posteo de Instagram no valen lo que cien mil personas “físicas”. La política, sobre todo en tiempos de crisis, necesita del mundo analógico, ese que se toca y que te abraza. Y hacer política “analógica” es importante para un gobierno que siempre tuvo problemas de autoimagen que lo llevaron a verse más pequeño de lo que es.
¿Para qué más le sirvieron las plazas llenas a Macri? 1- Para impedir la fuga de capitales... políticos, es decir, para sellar su liderazgo dentro del espacio que integra. 2- Para darle un mensaje de fortaleza a la Justicia. 3- Para pasar al manual de historia como el que llegó con lo justo, pero sin licuarse.
La novedad es que, en tiempos de patrullaje moral, el peronismo también quiere pasar al manual de historia. No como el que llegó, sino como el que dejó llegar. No es para subestimar: un pequeño paso para el hombre peronista, un gran paso para nuestra humanidad.
¿Y qué haría Alberto Fernández? Le va a “poner plata en el bolsillo a la gente”. ¿Y si eso no es sustentable y la economía no mejora? Maquiavelo diría: “Si no hay satisfacción material, ¡pruebe con la simbólica!”. Alberto Fernández ya se opuso a una Conadep del periodismo. ¿Pero qué opina de Pérez Esquivel auditando periodistas? Pérez Esquivel no es un electrón libre, sino que está atado a la historia del espacio que integra. El kirchnerismo multó la publicación de estadísticas y prohibió hablar de inflación (“puja distributiva”) y de inseguridad. Y obligó a los anunciantes a no pautar en grandes medios. Amigos K, venimos de una sobredosis de dedo. Perdonen la sensibilidad.
Las marchas del “Sí, se puede” fueron fundamentales para el macrismo. Para contagiar optimismo y para amedrentar a sus detractores, que lo daban por acabado.
Recordar que las marchas que se extendieron a lo largo del país nacieron por la convocatoria del actor radical Luis Brandoni y que coparon Plaza de Mayo como el macrismo no lo había visto antes.
A una semana para las elecciones, Macri mantiene intacta sus aspiraciones de lograr la reelección, pese al batacazo de las Paso.
El oficialismo espera que un aluvión de votantes como nunca antes se vio, para lograr achicar diferencias con el Frente de Todos y llegar a la segunda vuelta del 22 de octubre. 
Si Macri llega al balotaje, empieza otra historia. Ellos lo saben y también Alberto y Cristina Fernández. Por eso ambos espacios han puesto todo lo que tenían y un poco más para lograr ser recordados de la mejor manera en una nueva página de la historia Argentina, que aún no se escribe.
El PRO aprendió a ocupar las calles, espacio en que el siempre mandó el peronismo. Y por eso se mantiene en la batalla del 27 de octubre, cuando muchos daban por acabada la gestión macrista.
Nobleza obliga: la diputada “Lilita” Carrió jamás dejó de creer y ya antes de las Paso anunciaba el “susto que se llevarían el 11 de agosto”, pero vaticinaba también que en octubre ganarían las elecciones.
Sólo restan siete días para saber qué sucederá con el país, pero pase lo que pase, hay algo que está muy claro: nada será como antes. El país mantiene un división muy férrea, que tal vez alguien logre capitalizar después de las elecciones. Esperamos para el bien del país que quien lo haga logre llevar a la Nación al lugar que siempre le correspondió.

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La política necesita del mundo analógico

No importa cuánto cemento pongan, la calle es nuestra. Y un día el estigma terminó. Macri, el ingeniero que toda la vida se dedicó a asfaltar, descubrió tarde que podía cubrir las calles con otra cosa: gente. La gran lección del “Sí, se puede tour” es que Cambiemos -sobre todo PRO- tan obsesionado por la infraestructura, además de hacer plazas podía llenarlas. Y que la nueva política no tiene por qué ser excluyente: se puede mejorar el espacio público, ¡y también ocuparlo! Como el zorro y las uvas, el gobierno siempre despreció con argumentos racionales lo que en verdad temía: convocar a una movilización y que no fuera contundente. Asegura Diego Sehinkam en La Nación. 
Se dirá que cualquier espacio con 30 puntos o más de intención de voto puede llenar las calles que quiera. Sin embargo, una plaza desbordante sigue siendo una demostración de fuerza que sosiega las malas intenciones de los rivales externos e internos. ¿Cuál es la principal red social? Un dron que muestra miles de personas apoyándote. Esa es la verdadera red que te sostiene. Un millón de visitas a tu posteo de Instagram no valen lo que cien mil personas “físicas”. La política, sobre todo en tiempos de crisis, necesita del mundo analógico, ese que se toca y que te abraza. Y hacer política “analógica” es importante para un gobierno que siempre tuvo problemas de autoimagen que lo llevaron a verse más pequeño de lo que es.
¿Para qué más le sirvieron las plazas llenas a Macri? 1- Para impedir la fuga de capitales... políticos, es decir, para sellar su liderazgo dentro del espacio que integra. 2- Para darle un mensaje de fortaleza a la Justicia. 3- Para pasar al manual de historia como el que llegó con lo justo, pero sin licuarse.
La novedad es que, en tiempos de patrullaje moral, el peronismo también quiere pasar al manual de historia. No como el que llegó, sino como el que dejó llegar. No es para subestimar: un pequeño paso para el hombre peronista, un gran paso para nuestra humanidad.
¿Y qué haría Alberto Fernández? Le va a “poner plata en el bolsillo a la gente”. ¿Y si eso no es sustentable y la economía no mejora? Maquiavelo diría: “Si no hay satisfacción material, ¡pruebe con la simbólica!”. Alberto Fernández ya se opuso a una Conadep del periodismo. ¿Pero qué opina de Pérez Esquivel auditando periodistas? Pérez Esquivel no es un electrón libre, sino que está atado a la historia del espacio que integra. El kirchnerismo multó la publicación de estadísticas y prohibió hablar de inflación (“puja distributiva”) y de inseguridad. Y obligó a los anunciantes a no pautar en grandes medios. Amigos K, venimos de una sobredosis de dedo. Perdonen la sensibilidad.
Las marchas del “Sí, se puede” fueron fundamentales para el macrismo. Para contagiar optimismo y para amedrentar a sus detractores, que lo daban por acabado.
Recordar que las marchas que se extendieron a lo largo del país nacieron por la convocatoria del actor radical Luis Brandoni y que coparon Plaza de Mayo como el macrismo no lo había visto antes.
A una semana para las elecciones, Macri mantiene intacta sus aspiraciones de lograr la reelección, pese al batacazo de las Paso.
El oficialismo espera que un aluvión de votantes como nunca antes se vio, para lograr achicar diferencias con el Frente de Todos y llegar a la segunda vuelta del 22 de octubre. 
Si Macri llega al balotaje, empieza otra historia. Ellos lo saben y también Alberto y Cristina Fernández. Por eso ambos espacios han puesto todo lo que tenían y un poco más para lograr ser recordados de la mejor manera en una nueva página de la historia Argentina, que aún no se escribe.
El PRO aprendió a ocupar las calles, espacio en que el siempre mandó el peronismo. Y por eso se mantiene en la batalla del 27 de octubre, cuando muchos daban por acabada la gestión macrista.
Nobleza obliga: la diputada “Lilita” Carrió jamás dejó de creer y ya antes de las Paso anunciaba el “susto que se llevarían el 11 de agosto”, pero vaticinaba también que en octubre ganarían las elecciones.
Sólo restan siete días para saber qué sucederá con el país, pero pase lo que pase, hay algo que está muy claro: nada será como antes. El país mantiene un división muy férrea, que tal vez alguien logre capitalizar después de las elecciones. Esperamos para el bien del país que quien lo haga logre llevar a la Nación al lugar que siempre le correspondió.